Por fin, un mínimo de decencia

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Tras años de amenazas, insultos, demandas y cesiones, cinco de las grandes cadenas de televisión estadounidenses (ABC, CBS, CNN, y Fox News) han tomado la decisión conjunta de boicotear la cobertura audiovisual del presidente más vergonzoso de la historia del país, el auténtico Idiot-in-Chief, Donald Trump. Al impedir la Casa Blanca que la CNN cumpliera con su turno informativo, el resto de cadenas se negaron a sustituirla, entendiendo claramente que aceptar la exclusión de un competidor es básicamente lo mismo que aceptar la tuya mañana. Con su grandilocuencia habitual, Trump anunció el pasado viernes 18 que CNN, MS NOW y Politico eran expulsados por publicar informaciones negativas. El sábado confiscaron las credenciales de acceso de sus periodistas, y el lunes, CNN fue apartada de su turno en el pool televisivo, lo que llevó a que las otras cadenas suspendieran su participación. Los tres medios directamente afectados han demandado conjuntamente al gobierno. En ningún momento ha habido alegaciones de seguridad, de aforo o de comportamiento profesional: es estrictamente un castigo a la cobertura que llevan a cabo esos medios, a su línea editorial, y con una amenaza directa y explícita de ampliar esa lista. Según la White House Correspondents’ Association, ese es un criterio que puede ser directamente utilizado contra cualquiera. Esto no supone que las cadenas dejen de informar sobre Trump, ni un apagón completo de la cobertura: lo que se suspende es el sistema financiado por los propios medios en el que una cadena graba los eventos y declaraciones en espacios pequeños, y comparte después su cobertura con las demás. Prensa escrita, agencias, radio y fotógrafos siguen trabajando, porque no se trata de silenciar al Idiot-in-Chief, algo imposible en el caso del imbécil con la boca más grande de la historia, sino de negarse a acatar lo que constituye claramente un mecanismo de censura y manipulación inmoral. Se trata de una forma de imponer un castigo a quien intenta fiscalizar al poder, completamente corrupto porque convierte un recurso obviamente público en un incentivo para los aduladores y una penalización para los críticos, completamente vanidoso porque presupone que cualquier información negativa es directamente falsa, y además, estúpido, porque elimina el mecanismo que distribuye sus imágenes por el mundo. La cobertura del nuevo helipuerto de la Casa Blanca, ya sin presencia de estos medios, ha tenido un sonido tan penoso, que no se podía entender al presidente. Tras la expulsión, además, la Casa Blanca ha lanzado una vergüenza llamada Trump TV, un «canal del régimen» oficial con discursos, anuncios y con los «logros» seleccionados por la propia administración: primero dificultamos el acceso de los medios independientes, después los reemplazamos con un canal oficial de propaganda gubernamental. Lo normal, visto lo visto, será que los medios ganen su demanda por violación de la Primera Enmienda porque parece jurídicamente muy sólida (represalia y discriminación por punto de vista) y de la Quinta (retirada de credenciales sin previo aviso ni procedimiento). Mañana 23 hay una vista urgente ante un juez nombrado por Trump que, sin embargo, tuvo la decencia de devolver la credencial a Jim Acosta cuando le fue retirada en 2018. En 2025, un tribunal de apelación permitió a la Casa Blanca elegir periodistas cuando el espacio es muy reducido, en sitios como el despacho oval o el Air Force One. Pero en esa misma resolución judicial se dice que las credenciales generales y los espacios abiertos para prensa no pueden ser administrados de manera arbitraria ni en función del contenido publicado. Dado que en este caso se han retirado credenciales y se ha prohibido el acceso a todo el recinto, la cuestión parece mucho más grave, y de hecho, el Knight First Amendment Institute lo considera una violación flagrante de la Primera Enmienda. En el año 2009, Barack Obama, entonces presidente, intentó excluir a Fox News de una entrevista con un funcionario del Tesoro: CNN, ABC, CBS y NBC se negaron a participar si Fox no era admitida, lo que llevó a una rectificación de la Casa Blanca. Sea de la ideología que sea el medio atacado, lo importante es el hecho: defender su derecho a informar aun cuando ideológicamente nos pueda resultar incómodo. Los Estados Unidos están viviendo una brutal quiebra cívica colectiva: aunque Trump no ocultó en absoluto su corrupción ni sus intenciones, millones de ciudadanos le entregaron el poder, y su partido, grandes fortunas, empresas y medios se convencieron de que podían aprovecharse de la situación o ponerlo razonablemente bajo control. Hay estadounidenses que intentan resistirse a una pérdida tan brutal de calidad democrática, pero en general, estamos ante un fenómeno de negación colectiva propiciado fundamentalmente por las redes sociales y por su capacidad para consolidar una cultura de confrontación y polarización brutal. En el índice mundial de libertad de prensa, los Estados Unidos de Trump cayeron en 2026 al puesto 64, y Reporteros sin Fronteras califica la situación como una política sistemática que genera efectos de imitación en otros países.Estamos, fundamentalmente, ante una reacción que llega demasiado tarde. Uno de los problemas más importantes de la democracia es su fragilidad: por lo general, la democracia no muere en una gran ceremonia, sino que se va erosionando con concesiones pequeñas, relajación de reglas que se creían inmutables, compañías que prefieren no incomodar al poder y abusos que se aceptan porque afectan a otro, no a ti. Al menos en esta ocasión, algunos medios han entendido que la única posibilidad era decir no. Es muy poco. Pero en los Estados Unidos de Trump, en esa caricatura espantosa y grotesca de los Estados Unidos que yo conocí, es todo un logro.