Después de que los investigadores españoles de Innovamat Research Lab y de Esade detectaran un error metodológico en el último informe PISA , ABC ha preguntado a la OCDE cómo han recibido el hallazgo. Su respuesta ha sido diplomática y, quizá, algo contradictoria. Por un lado, la OCDE halaga el trabajo de los españoles pero, al mismo tiempo, señala algunas de sus limitaciones y reivindica las conclusiones de PISA 2025. « No es un error, sino un enfoque» , responde la OCDE a este medio. Recordamos que los investigadores descubrieron que, en realidad, las clases socioeconómicas más privilegiadas no estaban descendiendo tanto sus resultados como las menos acomodadas. Los ricos no estaban cayendo más que los más pobres en Lectura, Matemáticas y Ciencias. Así, estaban enmendando, precisamente, una de los conclusiones más sorprendentes que nos dejaba el mediático informe educativo en su última edición. Según han explicado desde Innovamat y Esade, el error tenía su origen en una comparación de los resultados de 2022 y los de 2025 que no se podía llevar a cabo. En las anteriores ediciones, hasta la de 2022, para identificar a los estudiantes del cuartil socioeconómico más alto, PISA preguntaba por cuestiones como el número de diccionarios, de libros de literatura clásica, de ciencias o de otras muchas temáticas que los chavales tenían a su alcance en casa. Es decir, había un número sustancial de preguntas referidas a lo cultural que marcaban que un alumno se ubicara en el nivel más acomodado. Sin embargo, en esta edición de 2025, PISA ha eliminado todas estas preguntas para incorporar en su lugar otras muy distintas y que tienen que ver con cuestiones como si en casa los alumnos cuentan con piscina, jacuzzi, servicio doméstico, una televisión inteligente o, por ejemplo, aire acondicionado. La OCDE, en una respuesta a este diario, evita admitir que esta edición de PISA pueda tener un fallo de diseño o que haya dado una imagen distorsionada. De hecho, convierte una posible grieta en sus datos en un simple desacuerdo técnico entre expertos. Quizá este sea el párrafo que mejor resume su postura: «La OCDE reconoce que diferentes enfoques para definir la ventaja y la desventaja socioeconómicas pueden producir resultados distintos y que, por lo tanto, debe actuarse con cautela al interpretar los cambios en las brechas de rendimiento asociadas al contexto socioeconómico, especialmente cuando las medidas subyacentes a estos análisis han evolucionado con el tiempo». Después, los responsables de PISA concluyen: «Es importante señalar que la diferencia entre los resultados presentados en el volumen de PISA y los del equipo de investigación español refleja una elección metodológica y no un error metodológico ». Lo que destacan es que «una conclusión que parece mantenerse en los distintos enfoques» es que «los descensos en el rendimiento no se limitan a los estudiantes procedentes de familias con mayores desventajas socioeconómicas, sino que también son sustanciales entre los estudiantes procedentes de familias más acomodadas y con mayores niveles educativos». En cualquier caso, decíamos, evitan reconocer lo que el informe español ha desmontado: los ricos no caen más que los pobres. La OCDE se escuda en el comité de expertos y argumenta que sus métricas las decide la Junta de Gobierno de PISA con «asesoramiento internacional» . Además, ponen el foco en las limitaciones del informe español y se dedican a explicar por qué el método utilizado por los investigadores de nuestro país «presenta limitaciones» y «plantea dificultades», contratacando de forma suave para restar peso a sus conclusiones sin llegar a desautorizarlas. Por último, animan «a investigadores de todo el mundo a explorar las cuestiones relevantes planteadas por la publicación inicial de los resultados de PISA y a utilizar estos datos para reforzar la base empírica que permita mejorar los resultados educativos de los jóvenes en todo el mundo».