Vamos a contar mentiras

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Una canción clásica entonada por las pandillas juveniles en los lugares de veraneo era 'Vamos a contar mentiras' («vamos a contar mentiras, tralará, por el mar corren las liebres, tralará, por el monte las sardinas, tralará»). Recuperando la infancia, volvamos a contarlas. En el fútbol, en la capital de España el gran perjudicado por los árbitros es el Real Madrid. Le avalan años de agravios, que sería imposible resumir en pocas páginas. Por ceñirnos a Europa, perdió dos finales ante su eterno rival, una en el minuto 93, por gol del central colchonero gracias a que otro jugador le hacía falta a Bale, y otra en los penaltis, a los que no se debió llegar, ya que los merengues marcaron un gol legal, y el Atleti uno ilegal, en fuera de juego. Menos mal que ha vuelto al banquillo José Mourinho , ese espejo de simpatía y virtudes, que en su momento tuvo que soportar estoicamente que el entrenador de un equipo contrario le metiera arteramente y por detrás el dedo en el ojo. Es un auténtico señor, siempre con la verdad por delante. Acaba de declarar que en el reciente derbi el culpable de su derrota fue el árbitro , que debió expulsar a medio equipo contrario y no pitar penalti en una jugada que se produjo fuera del área. Seguramente la prensa adicta (y no digamos las redes: free Julián!), claramente colchonera pero siempre imparcial, repetirá lo mismo hasta la saciedad. No digamos esa televisión rojiblanca, caracterizada por su objetividad. Quizá truene su presidente, a partir un piñón con el Barcelona hasta que se enemistaron por la Superliga, sabiendo que nadie le va a sancionar, como sucedía cuando eran los deslenguados Cabeza y Gil los que arremetían (con mucha menos razón, por supuesto) contra el colectivo arbitral. También en Cataluña hay un trato de favor del Espanyol en perjuicio del Barça y la mayoría hispanoparlante impone su yugo a la minoría catalanoparlante, a la que no permite estudiar en su lengua. En la distopía orwelliana, las palabras pierden su significado. La guerra es la paz, el desorden es orden y la mentira es la verdad. Bienvenidos al fútbol y a la realidad.