«Espero que esté bien acolchado para que la estancia sea cómoda. De todos modos, vamos a quedarnos allí un buen tiempo», comentó con su singular sentido del humor en una ocasión el Rey Harald V en relación a cómo sería el sarcófago que él y su mujer, la Reina Sonia, habían escogido para su descanso eterno. Ahora, casi un mes después de su fallecimiento, se han desvelado todos los detalles. Se trata de un sarcófago en forma de barco -en homenaje al amor que sentía por el mar- y tallado en una roca capaz de absorber CO2, tal y como reveló el equipo de comunicación del Palacio Real de Noruega. Instalado en el mausoleo real de la fortaleza de Akershus, el féretro de dos plazas está hecho de olivino, una roca verdosa de unos 400 millones de años de antigüedad procedente del oeste de Noruega. «La piedra de olivino verdosa puede absorber y fijar el CO2, propiedad que los diseñadores destacaron como símbolo del amor del Rey Harald y de la Reina Sonia por la naturaleza y de su preocupación por las generaciones futuras», se puede leer a través del comunicado. De color verde oliva, la tumba tiene la forma de barco con el fondo redondeado, un guiño a la pasión de Harald por el mar, pero también a las antiguas sepulturas -especialmente las vikingas-, en las que se suponía que la embarcación debía acompañar al difunto hacia el más allá, explican en el texto. Con un coste de 20 millones de coronas (unos 1,780 millones de euros al cambio), el sarcófago se encuentra junto a otros dos: el primero, de mármol blanco, en el que descansa el primer rey de la dinastía, Haakon VII, abuelo de Harald, y a su esposa, la Reina Maud. Y el segundo, de bronce patinado en verde oscuro, acoge a sus padres, el Rey Olaf V y la Princesa heredera Marta. Después de diez días ingresado en el Hospital del Reino de Oslo, el 28 de agosto de 2026 el Rey Harald falleció a los 89 años de edad después de sufrir una serie de complicaciones por una infección bacteriana en la sangre. Con su fallecimiento, desapareció el decano por edad de los reyes europeos y una de las figuras más singulares y queridas de las familias reales contemporáneas. Llegó al mundo el 21 de febrero de 1937 en Asker y fue el primer príncipe noruego nacido en suelo nacional en más de cinco siglos, un símbolo temprano de la normalización de una institución que, bajo su reinado, se transformaría en un referente de estabilidad democrática y cercanía ciudadana. En los últimos años, su salud se deterioró, con hospitalizaciones recurrentes por problemas cardíacos , respiratorios y episodios de anemia. Aun así, Harald V mantuvo su compromiso con el servicio público, delegando funciones en su hijo, el Príncipe Heredero Haakon en varias ocasiones, y respetando una estricta transparencia acerca de su estado de salud. Justificó su negativa a abdicar recordando que «cuando se presta juramento, es para toda la vida».