Un dron pequeño puede volar bajo, mezclarse con el tráfico aéreo y dar escaso tiempo para identificarlo. Para defenderse, un país necesita saber qué ha entrado en su espacio aéreo y dónde se dirige. La calidad del radar condiciona todas las decisiones posteriores, desde enviar un caza hasta activar un sistema de corto alcance.Países Bajos cuenta con fabricantes de sensores grandes y pequeños, incluidos equipos concebidos para seguir drones. Su jefe de la Defensa, el general Onno Eichelsheim, los presenta como una fortaleza industrial neerlandesa. La ventaja que señala es una capacidad concreta, no una afirmación de que los ejércitos europeos superen a Rusia en todos los terrenos.La presión sobre el flanco oriental de la OTAN explica el interés por esta tecnología. Los drones rusos que entraron en el espacio aéreo polaco en 2025 obligaron a movilizar aviones aliados, entre ellos F-35 neerlandeses, según recordó Eichelsheim. Detectar antes y clasificar mejor reduce el margen de incertidumbre para quienes deben decidir si una señal supone una amenaza.Del sensor a la decisiónEn una entrevista concedida en noviembre de 2025 a National Defense, Eichelsheim destacó que «nuestra capacidad en radares es bastante buena», tanto en equipos grandes como en otros más pequeños, y citó a la firma Robin Radar por sus sistemas contra drones. El general también mencionó astilleros y electrónica espacial. Su inventario describe puntos fuertes de la industria neerlandesa que pueden servir a una defensa compartida.Rusia ha ampliado su infraestructura para lanzar drones de largo alcance cerca de las fronteras europeas, como muestra este análisis de sus bases de lanzamiento. Una oleada grande puede saturar operadores y defensas. Combinar radares de distinto alcance ayuda a seguir objetivos desde que aparecen lejos hasta que se aproximan a una instalación.Eichelsheim explica que las inversiones neerlandesas buscan acortar el tiempo entre el sensor y el arma y aumentar las reservas para sostener una operación. Esa cadena tiene varios eslabones: detección, identificación, mando y respuesta. La renovación de la vigilancia de la OTAN parte de un problema parecido. Un radar valioso pierde utilidad si su información llega tarde a quien puede actuar.Cazas, satélites y fabricaciónEl general quiere que los F-35 operen junto a aparatos no tripulados y plantea ampliar la constelación de pequeños satélites en cooperación con otros países. Los satélites aportarían observación y comunicaciones; los drones, sensores adicionales o capacidad de ataque. Para las amenazas de menor coste, un radar especializado puede ayudar a reservar los recursos más caros para objetivos que los exijan. La combinación debe elegirse según el blanco y el tiempo disponible.Hay un límite que el propio Eichelsheim reconoce: los sistemas nuevos tardan en fabricarse y deben funcionar con los de los aliados. Países Bajos busca cooperación industrial porque desarrollar cada pieza por separado puede encarecerla y retrasar su llegada a las unidades. La comparación militar europea muestra que la capacidad de sostener operaciones pesa tanto como el material avanzado. La rapidez de producción forma parte de la defensa.El valor de los radares neerlandeses se medirá en ejercicios y misiones compartidas: cuántos aparatos detectan, cuántas falsas alarmas descartan y con qué rapidez transmiten una pista útil. Eichelsheim identifica una ventaja industrial real de su país; convertirla en protección para varios socios exige que los datos lleguen a tiempo y puedan entenderlos todos.