Imaginar el nacimiento de un planeta no es fácil. No se trata de un acontecimiento repentino, sino de un proceso que ocurre durante millones de años en el interior de enormes discos de gas y polvo. No obstante, los astrónomos acaban de encontrar algo excepcional: un planeta tan joven que prácticamente acaba de nacer y que todavía se encuentra rodeado por el material que le dio origen. Su nombre es Elias 2-24 b y tiene menos de un millón de años.El descubrimiento no es algo menor, ya que no se trata de un pequeño mundo rocoso, sino de un planeta con una masa comparable a la de Júpiter. Su existencia en una fase tan temprana de la evolución de su sistema pone en dificultades algunos de los modelos que los científicos utilizan para explicar cómo aparecen los planetas gigantes.El lugar donde comenzó a crecer Elias 2-24 b Captura en forma de anillo del sistema PDS 70 obtenida mediante procesamiento ADI-PCA en el infrarrojo medio (filtro Ms). Hacia la región norte del astro se aprecia el objeto de fondoElias 2-24 b se encuentra a unos 450 años luz de la Tierra y gira alrededor de una estrella todavía muy joven. El sistema conserva un amplio disco de gas y polvo, una estructura habitual alrededor de las estrellas recién formadas. En estos discos se encuentran los ingredientes imprescindibles para construir nuevos mundos: partículas de roca, polvo, hielo y grandes cantidades de gas.La clave para localizar al planeta estuvo precisamente en ese disco. Los astrónomos habían observado anteriormente una región aparentemente vacía en el material que rodea a Elias 2-24. Estos espacios vacíos pueden tener diferentes explicaciones, pero una de las más interesantes es la presencia de un planeta que, mientras se desplaza por su órbita, va acumulando material y despejando su entorno.En observaciones posteriores apareció un pequeño punto luminoso dentro de ese espacio vacío. La posibilidad de que fuera un planeta era tentadora, aunque quedaba una cuestión por resolver: ¿cómo podía haberse formado tan rápido un planeta de semejante tamaño?Los modelos actuales indican que construir un planeta comparable a Júpiter requiere varios millones de años. El problema se vuelve todavía mayor cuando el planeta se encuentra muy lejos de su estrella. Elias 2-24 b orbita a una distancia aproximadamente 55 veces superior a la que espera la Tierra del Sol. Se trata de una órbita extraordinariamente amplia para un planeta tan joven y grande. Los astrónomos encuentran una supertierra a 83 años luz que podría ser habitablePara confirmar que aquel punto de luz era realmente un planeta, un equipo dirigido por Andrea Bernardi, de la Universidad Diego Portales de Chile, recurrió a observaciones antiguas guardadas en los archivos del Observatorio W. M. Keck, en Hawái. Los investigadores localizaron su posición en diferentes momentos, comprobaron que se movía de acuerdo con lo esperado para un cuerpo que orbita alrededor de su estrella.Las observaciones permitieron descartar otras posibilidades, como que se tratara de una estrella situada mucho más lejos. El resultado fue la confirmación de Elias 24-4 b como uno de los planetas más increíbles conocidos y, hasta ahora, el más joven observado.Las dificultades para descubrir planetas en formación El descubrimiento también pone de manifiesto lo difícil que resulta estudiar la creación de los sistemas planetarios. La mayoría de los aproximadamente 6.000 exoplanetas confirmados se encuentran en sistemas mucho más antiguos. Muchos han sido descubiertos cuando pasan por delante de sus estrellas y provocan una diminuta disminución de su brillo, un fenómeno conocido como tránsito.Ese método funciona bien para planetas que orbitan cerca de sus estrellas, pero resulta mucho menos eficaz para planetas jóvenes situados a grandes distancias. Además, los discos de gas y polvo pueden ocultar precisamente aquellos planetas que los astrónomos quieren encontrar. Por este motivo, gran parte de las primeras etapas de la formación planetaria sigue siendo una zona prácticamente inexplorada.Por ahora, este planeta recién nacido constituye una oportunidad única para observar un sistema planetario en plena construcción. Su existencia plantea nuevas preguntas sobre la rapidez con la que puede crecer un planeta como Elias 24-4 b y demuestra que todavía queda mucho por descubrir sobre uno de los procesos más fascinantes del universo: la transformación de polvo y gas en nuevos planetas.