Un reloj atómico acaba de llevar la precisión a un extremo difícil de imaginar. Su error equivale a perder un segundo cada 260.000 millones de años

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Dos relojes ópticos de lutecio coincidieron hasta el decimonoveno dígito. Su incertidumbre equivale a desviarse un segundo cada 260.000 millones de años, casi 19 veces la edad actual del universo.