El primer caza furtivo CF-35A de la Real Fuerza Aérea de Canadá realiza su vuelo inaugural en Texas mientras Ottawa revisa su pedido de 88 aviones

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Canadá ya ha visto volar su primer F-35A, aunque todavía no tiene decidido cuántos acabará comprando. El caza, identificado como AR.-1, despegó el pasado 23 de septiembre desde las instalaciones de Lockheed Martin en Fort Worth, Texas, con los distintivos de la Real Fuerza Aérea Canadiense.El vuelo supone un avance en la renovación de los veteranos CF-18 Hornet, pero llega en un momento delicado: Ottawa mantiene abierta la revisión de un programa que contempla 88 cazas y cuyo primer tramo ya está comprometido.Un primer vuelo que todavía no significa su llegada a CanadáEl AR-1 es el primer avión fabricado específicamente para Canadá dentro del programa de sustitución de sus cazas. Una vez incorporado al servicio, recibirá la denominación CF-35A, la utilizada por las fuerzas aéreas canadienses para esta versión del F-35.Se trata de un avión de quinta generación diseñado para dificultar su detección por radar y compartir información con otras unidades. Su incorporación permitirá reemplazar progresivamente una flota de CF-18 que lleva más de cuatro décadas en servicio.Sin embargo, el nuevo aparato no viajará directamente a Canadá. Los primeros ocho cazas permanecerán en Estados Unidos, concretamente en la base de Luke, Arizona, donde servirán para formar a los pilotos. Los técnicos de mantenimiento también recibirán preparación en instalaciones estadounidenses.La llegada del primer CF-35A a territorio canadiense está prevista para 2028. El objetivo es comenzar a utilizar la nueva flota en misiones operativas en 2029, mientras los últimos CF-18 tienen programada su retirada para 2032.Canadá mantiene asegurados 16 cazas, pero revisa los otros 72En enero de 2023, Ottawa anunció la adquisición de 88 F-35A. Sin embargo, el Gobierno de Mark Carney ordenó revisar el programa en marzo de 2025, sin detener los trabajos ni cancelar los compromisos existentes.Por ahora, los primeros 16 aparatos siguen comprometidos y Canadá sigue cumpliendo los pagos previstos. La decisión pendiente afecta principalmente a las otras 72 unidades, ya que el Ejecutivo estudia si mantiene el pedido completo o combina distintos modelos de combate.La revisión tiene en cuenta las necesidades militares, la relación con sus aliados y el trabajo que podría recibir la industria canadiense. También pesa el coste y mantenimiento del F-35, un compromiso que se extiende durante décadas.De momento, ambas decisiones avanzan por caminos distintos: los cazas del primer lote siguen su calendario de fabricación y entrenamiento, mientras el Gobierno estudia la composición definitiva de la flota.El vuelo del AR-1 confirma que la renovación ya está en marcha. Lo que todavía no está cerrado es cuántos CF-35A acabarán acompañándolo.