El giro de los Testigos de Jehová con las transfusiones de sangre

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En 1940, una revista de los testigos de Jehová celebró que una transfusión hubiera ayudado a salvar la vida de una mujer. Cinco años después, la organización comenzó a enseñar que recibir sangre contravenía un mandato bíblico. Aquella interpretación marcó durante décadas las decisiones médicas de sus fieles, llegó a los tribunales y fue presentada como ejemplo de fe incluso en historias de menores que murieron tras rechazar una transfusión. Ahora, dos decisiones del Cuerpo Gobernante en 2026 permiten que cada testigo decida si acepta su propia sangre o cualquiera de los componentes principales de la de un donante. En el número del 25 de diciembre de 1940 la revista 'Consolation' , precursora en Estados Unidos de la actual '¡Despertad!', publicaba una noticia breve en la que elogiaba una intervención médica que se había concluido con éxito gracias a una transfusión de sangre. La noticia narraba la operación de una mujer que se había disparado accidentalmente el corazón con el revólver de un huésped. Los médicos lograron salvarle la vida en una compleja operación que requirió que uno de los facultativos donara un cuarto de galón (casi un litro) de su propia sangre . La publicación presenta la operación como un éxito médico y la describe en un tono entusiasta y positivo. «Hoy, la mujer sigue viva y sonríe alegremente al recordar lo que le ocurrió durante los 23 minutos más intensos de su vida», concluye el breve. En esa etapa bajo el mandato de Joseph Rutherford, el segundo presidente de la organización, no es esa la única referencia positiva. También aparece algo similar en una publicación en polaco. De hecho, en 'La Atalaya' de 15 de agosto de 1972 se reconoce que «desde la década de 1940 los testigos de Jehová han rechazado dar o aceptar transfusiones de sangre, mientras que anteriormente no mantenían esta postura». Es durante la presidencia de Nathan Knorr, el tercer líder de la organización religiosa, cuando cambia la postura con respecto a las transfusiones de sangre. La primera referencia, antecedente del cambio doctrinal que se dará un año después, aparece en 'La Atalaya' de 1 de diciembre de 1944 donde, al interpretar las prohibiciones bíblicas sobre la sangre, se afirma que al extranjero se le prohibía comer o beber sangre, «ya fuera mediante transfusión o por la boca». Fue poco después cuando se desarrolló extensamente la cuestión. La propia historia de la organización recoge que «La Atalaya del 15 de noviembre (en inglés, 1 de julio) de 1945 explicó con detalles el punto de vista cristiano referente a la santidad de la sangre» y recordaba «el mandato que se dio a los cristianos de 'abstenerse de sangre'», en referencia al libro de los Hechos. La publicación marcaba la que iba a ser la doctrina oficial de la confesión hasta la pasada semana: el mandato bíblico no sólo se aplicaba a comer sangre, sino a la prohibición de su uso médico en cualquiera de sus formas, ya fuera completa o de cualquiera de sus componentes. Quince años después de fijar la doctrina oficial y como respuesta a una pregunta de un testigo de Jehová estadounidense, un texto de 'La Atalaya' ampliaba la prohibición a las denominadas transfusiones autólogas. «El pacto concerniente a la santidad de la sangre declarado después del Diluvio todavía es válido hoy día, y abarca tanto la sangre de animales como de humanos, sea la de uno mismo o la de otra persona», explicaba la revista oficial de los Testigos de Jehová del 1 de abril de 1960. «En consecuencia, el que se le saque la sangre a una persona, se almacene y después se introduzca en la misma persona sería una violación de los principios bíblicos que gobiernan la manera de tratar con la sangre», aclaraba a continuación. En los primeros años, aceptar una transfusión de sangre era visto como una muestra de debilidad espiritual y no implicaba la expulsión. En 'La Atalaya' de 1 de octubre 1958 se plantea el caso de una testigo que había recibido voluntariamente una transfusión y, aunque la revista considera que actuó mal y en contra de la voluntad de Dios reconoce que «nunca se ha dado instrucciones a las congregaciones para expulsar a quienes voluntariamente reciben transfusiones de sangre». Sin embargo, la norma cambió a partir del 1 de julio de 1961. De nuevo como respuesta a una pregunta, el ejemplar de 'La Atalaya' explicaba que hacer «caso omiso del requisito de 'abstenerse de sangre' sería una manifestación de flagrante falta de respeto al sacrificio de rescate de Jesucristo». Así, según recoge la historia oficial de la confesión, «en consecuencia con este entendimiento, a partir de 1961 se expulsó de las congregaciones de los testigos de Jehová a cualquiera que pasara por alto este requisito divino, aceptara transfusiones de sangre y manifestara una actitud impenitente». La expulsión de la confesión, como varias víctimas han referido en diversas ocasiones a este diario, implica «el ostracismo y la muerte social al perder todo contacto con los familiares y amigos». Durante décadas, la prohibición de aceptar transfusiones de sangre se convirtió en el signo más reconocible de los Testigos de Jehová. También generó muchos problemas éticos, sobre todo cuando eran los padres quienes lo decidían para sus hijos. De hecho, el 22 de mayo de 1994, la revista '¡Despertad!' dedicaba al tema su portada, con el título de «Jóvenes que pusieron a Dios en primer lugar». La publicación afirmaba que «en el pasado, miles de jóvenes murieron por poner a Dios en primer lugar». Para después reconocer que «en nuestros días la historia se repite, solo que ahora tiene como escenarios los hospitales y los tribunales, y como desencadenante, la cuestión de las transfusiones de sangre». En ella se narraba el caso de varios menores de edad que se habían negado de forma fehaciente a aceptar las transfusiones de sangre que requerían sus problemas médicos. Uno de ellos era Adrian al que le encontraron un tumor de crecimiento rápido en el estómago a los 14 años. Los médicos plantearon la necesidad de hacerle una biopsia y le advirtieron de que quizás tuvieran que hacerle una transfusión de sangre si en el procedimiento se producía una fuerte hemorragia, a lo que él se negó. «Si me pusieran sangre, no podría vivir», afirmó el joven según la revista. Las biopsias se hicieron sin sangre y revelaron que Adrian tenía un linfoma de gran tamaño y leucemia, lo que aconsejaba un tratamiento de quimioterapia acompañado de transfusiones. Pero Adrian siguió negándose. «Sé que estoy muy enfermo y que puedo morir. Algunos miembros del personal médico dicen que la sangre me ayudaría. Yo no lo creo, pues he leído que encierra muchos peligros. Pero tanto si puede ayudarme como si no, mi fe se opone a la sangre», recoge la revista como testimonio del joven, que fue bautizado como testigo de Jehová en una de las bañeras del hospital el día antes de fallecer. «Al rechazar las transfusiones de sangre, que quizás hubieran prolongado su vida actual, Adrian Yeatts demostró ser uno de los muchos jóvenes que han puesto a Dios en primer lugar», concluye el artículo. No es el único caso de menores que recoge la revista. También se encuentra Lenae , de 12 años, quien diagnosticada de leucemia «dijo que no quería sangre ni hemoderivados, pues se le había enseñado que Dios lo prohíbe». O el de Ernestine, muy similar, a quien le diagnosticaron la misma enfermedad a los 17 años. «Una vez hospitalizada, no consintió en que los médicos complementaran con hemoderivados el tratamiento de quimioterapia», explica el artículo. Resulta curioso comprobar que los glóbulos rojos y las plaquetas que se plantearon como solución médica en algunos de estos casos figuran entre los componentes cuya aceptación la organización deja ahora a la conciencia individual. Durante décadas tanto los testigos de Jehová como las autoridades públicas llevaron el conflicto hasta los tribunales en numerosas ocasiones, con dispar fortuna para unos y otros según el caso. En ese contexto, el Cuerpo Gobernante introdujo un cambio en cuanto a las sanciones. Desde ese momento quien aceptara una transfusión y no se arrepintiese ya no sería expulsado, sino que se consideraba que él mismo se estaba «autoexcluyendo» o «desasociando» de los Testigos de Jehová. Para las víctimas de los Testigos, «con esta táctica se conseguía que las autoridades ya no pudieran acusar a la organización de tomar acción sancionadora alguna hacia el testigo». A diferencia de las decisiones anteriores, esta no se hizo publicó en las revistas de la organización, sino que el cambio de procedimiento fue ansiado en un comunicado de junio de 2000 . Además, las instrucciones se recogieron en el manual 'Pastoreen el Rebaño de Dios', de uso restringido para quienes asumen el gobierno de las comunidades. «Lo que los portavoces oficiales de la organización omitieron intencionadamente decir cuando se pronunciaron ante la prensa sobre este cambio es que las consecuencias de esa desasociación eran exactamente las mismas que las de la expulsión, el ostracismo y muerte social, con lo cual la presión que se ejercía sobre los miembros para que rechazasen las transfusiones de sangre seguía siendo exactamente la misma», explican sobre el cambio a ABC fuentes de las víctimas de los Testigos de Jehová. Ha sido en 2026 cuando se han dado las dos decisiones del Cuerpo Gobernante que han cambiado la doctrina. La primera se anunciaba el 20 de marzo , cuando, con el argumento de que «la Biblia no dice nada sobre el uso de la sangre de la propia persona al recibir atención médica y quirúrgica», los líderes de la organización levantaban la prohibición sobre las autotransfusiones, que estaba vigente desde 1960. A pesar de la trascendencia de la decisión, el comunicado obviaba cualquier petición de disculpas o de asunción de responsabilidad por los problemas que esa prohibición podría haber causado a sus fieles mientras estaba vigente. Aunque la organización seguía manteniendo el veto sobre las transfusiones de la sangre o cualquiera de sus elementos provenientes de donantes, para expertos en este tipo de organizaciones religiosas, como Luis Santamaría, la medida era «una verdadera operación de marketing para lavar su imagen». «La cuestión de la sangre es la prohibición más conocida a nivel popular, por lo que vienen a decir a la sociedad –y, sobre todo, a las autoridades–: '¿veis? No somos una secta'», explicaba a ABC Santamaría. El segundo, y todavía más trascendental, cambio llegaba el pasado 18 de septiembre, cuando en un comunicado , el Cuerpo Gobernante, argumentando que «la Biblia no habla concretamente sobre los productos que se obtienen de la sangre», levantaban la prohibición de transfundir los componentes principales de la sangre, como glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma y plaquetas. Con la decisión, la aceptación de esos componentes pasa a ser «un asunto de conciencia personal» de cada fiel. Dado que hoy rara vez se transfunde sangre completa, la medida supone, de hecho, permitir la mayoría de las transfusiones. Tampoco en este caso el comunicado plantea ninguna disculpa ni asunción de responsabilidad por parte de la directiva de la organización los testigos, o sus familias, que durante más de ochenta años han tenido complicaciones médicas o han llegado a fallecer por mantenerse fieles a un mandato divino y bíblico que ahora ha cambiado. Tampoco dice nada de los que fueron expulsados por aceptar una transfusión. De hecho el comunicado sigue sosteniendo que «la postura mantenida hasta ahora de rechazar las transfusiones de sangre completa por motivos religiosos es una enseñanza fundamental basada en el mandato de «abstenerse de sangre» (Hechos 15:20)» y afirma que eso «no ha cambiado».