El debate sobre los drones militares suele girar alrededor del aparato: cuánto cuesta, hasta dónde llega o qué puede transportar. Fernando García Sánchez, antiguo jefe del Estado Mayor de la Defensa, sitúa una de las carencias españolas en la organización de las unidades que deben emplearlos. Su advertencia pone el foco en convertir la tecnología disponible en una fuerza preparada para actuar.Recibir aeronaves no tripuladas abre un trabajo que continúa en los cuarteles. Hay que formar a sus operadores y coordinar lo que observan con el resto de las tropas. En esa preparación, el mantenimiento y las comunicaciones forman parte del mismo trabajo: un equipo necesita conservar sus medios en servicio y transmitir información útil a quienes toman decisiones.La distinción ayuda a entender qué se está discutiendo cuando se reclama una mayor presencia de estos sistemas en las Fuerzas Armadas. España dispone de drones y realiza actividades de instrucción con ellos. La cuestión planteada por el exJEMAD es el grado de preparación colectiva, que no puede deducirse únicamente de una compra o de una demostración.Del diseño al adiestramientoGarcía Sánchez formuló ese diagnóstico en una entrevista de Intereconomía publicada el 23 de marzo de 2026. En el tramo dedicado a las fuerzas del futuro, defendió pasar del diseño a la producción y advirtió de que los batallones de vehículos de control remoto aún estaban insuficientemente constituidos. La fecha delimita su valoración: describe su diagnóstico de marzo, no un balance actualizado de todas las unidades españolas.Su explicación incluía la necesidad de disponer de muchos aparatos y reunirlos bajo sistemas de mando y comunicaciones. También vinculaba la incorporación de inteligencia artificial con compartir datos entre unidades. La guerra electrónica añade otra dificultad a esa coordinación, al disputar las señales de las que dependen numerosos equipos. Para el almirante, la preparación del personal debe cambiar junto con los medios que utiliza.Hablar de una unidad preparada exige, por tanto, mirar qué tareas puede ejecutar en conjunto. Un vuelo de reconocimiento tiene que servir a una misión y llegar a los mandos adecuados. Ese cambio organizativo acompaña la expansión de los drones, pero cada incorporación requiere aprendizaje y práctica antes de convertirse en una rutina de la unidad.Lo que muestran los ejerciciosLos comunicados del Ejército de Tierra permiten seguir parte de ese proceso. La Academia de Aviación celebró el 19 de diciembre de 2025 unas jornadas en Colmenar Viejo para impulsar su Escuela Práctica de UAS FPV, con participantes del Ejército, la Armada, la UME y la Policía Nacional. El propósito era compartir experiencias y establecer criterios comunes de formación para los aparatos pilotados con vista en primera persona.Después de la entrevista también aparecen avances concretos. Una comunicación del Grupo de Artillería de Campaña I/20, fechada el 26 de marzo de 2026, documentó la recepción e integración inicial de nuevos sistemas aéreos no tripulados. Su utilidad abarca observar objetivos, corregir el tiro y evaluar sus efectos. Es un ejemplo de incorporación a tareas militares ya existentes, dentro del debate sobre la preparación de la defensa.En Asturias, el batallón San Quintín I/3 organizó las jornadas Azor flight I/26, recogidas en una nota de la BRILAT del 25 de mayo de 2026. El curso dedicó 80 horas a conocimientos técnicos y tácticos, montaje y vuelo. Incluyó protección frente a aparatos enemigos, una necesidad que también plantea problemas de coste de interceptación. Aprender a utilizarlos y a defenderse de ellos formó parte de la misma actividad.Los participantes llegaron a ensamblar y configurar sus propios drones antes de afrontar circuitos de dificultad creciente. Esa secuencia permite apreciar el trabajo que queda detrás de una aeronave lista para despegar: militares que conocen el equipo, pueden prepararlo y acumulan práctica con sus mandos antes de emplearlo en una misión.