Netflix acaba de estrenar El problema final, una miniserie que sin duda va a ser una grata sorpresa para aquellos que disfruten de las clásicas novelas de detectives de Arthur Conan Doyle o Agatha Christie y que necesiten una recomendación para ver este fin de semana.Se trata de la adaptación de la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte, publicada en 2023. Un misterio clásico en el que, mientras un grupo de personas queda atrapado en un hotel, ocurre un asesinato que solo ha podido ser cometido por una de ellas. La diferencia en este caso es que quien se va a encargar de resolver el crimen no es un detective, sino un actor en horas bajas que solía interpretar a Sherlock Holmes.La dirección de esta miniserie corre a cargo de Félix Viscarret, cuyo nombre ya resuena con un creciente portfolio de trabajos entre los que destacan las series Patria y Galgos o la película Una vida no tan simple, de la que además es también guionista. En cuanto al elenco, la serie consigue agrupar grandes nombres de la ficción española como José Coronado, Maribel Verdú, María Valverde, Martiño Rivas, Pepón Nieto o Gonzalo de Castro, entre otros.El problema final cuenta con tan solo cuatro capítulos de entre 40 y 50 minutos, por lo que es un visionado ligero y agradable que nos invita a resolver un crimen imposible. El tono se mueve con comodidad entre el misterio y el humor, sin llegar nunca a ser demasiado oscuro, algo que quizás los fans de la obra original echen en falta. ¿Es perfecta? ¿Es igualita que la novela? Pues no, pero es entretenida, disfrutable, estética y un desfile de personajes arquetípicos interpretados por excelentes actores.Un hotel aislado, un asesinato y un culpableLa serie sigue a Basil (José Coronado), un actor que ya ha dejado atrás los mejores años de su carrera, en los que interpretó múltiples veces al emblemático detective Sherlock Holmes. En un encuentro casual con su amigo, el productor Fonseca (Gonzalo de Castro), y su joven novia (Cristina Kovani), estos le invitan a acompañarlos a una fiesta en Mallorca en la que se va a negociar el rodaje de una nueva película.Una vez en el barco, el temporal les obliga a hacer noche en una pequeña isla habitada únicamente por los huéspedes de un lujoso hotel. Allí Basil conocerá al joven Francisco Foxá (Martiño Rivas), un escritor de novelas policiacas que afirma ser un admirador; a la severa Mrs. Raquel Ausländer (Maribel Verdú), dueña del hotel; o a la joven y adinerada Adela Figueroa (María Valverde), entre otros.Cuando a la mañana siguiente el cuerpo de una turista aparece sin vida en un cobertizo cerrado por dentro, Basil sospecha que alguno de los allí presentes ha cometido el asesinato. Sus años de experiencia como Sherlock Holmes y su capacidad deductiva le ayudarán a desentrañar poco a poco un crimen aparentemente imposible, mientras todos los huéspedes se convierten en sospechosos.Una historia de detectives al más puro estilo de los clásicosLa obra original de Pérez-Reverte está concebida como un homenaje a Arthur Conan Doyle, el autor de los relatos de Sherlock Holmes, y a Basil Rathbone, actor que se hizo famoso por sus interpretaciones del detective. Además, es un homenaje al cine, con un desarrollo plagado de referencias a Hollywood y a la industria cinematográfica.En la serie de Netflix se recoge muy bien toda esa esencia, con un tono que recuerda en parte al de Puñales por la espalda. La idea del crimen de grupo cerrado, como en el típico Cluedo, aunque de todo menos original, es siempre bienvenida. En estos casos, la verdadera pericia del creador está en resolver el crimen de una forma insospechada para el espectador, otorgando además a sus personajes unas motivaciones y un trasfondo creíbles.El problema final cumple perfectamente con el objetivo de mantenernos enganchados intentando resolver el misterio y nos introduce en la década de los cincuenta con un diseño de producción y de arte muy acertados. La trama se desenvuelve poco a poco, tratando de engañarnos, empujándonos insistentemente en una dirección, mientras la verdad no está del todo clara para ninguno de los personajes. Ni siquiera para Basil.El desenlace quizás no es muy sorprendente —sobre todo cuando uno echa la vista atrás—, pero deja un buen sabor de boca en términos generales, mostrando a personajes muy humanos y, como tales, muy imperfectos.