Anif: Fenómeno de El Niño agregará presión a los alimentos, la inflación y las tasas de interés en Colombia

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Imagen: Generada con IA de Gemini para fines ilustrativosColombia enfrenta el fenómeno de El Niño en un mal momento: con una inflación que no cede y con un sector energético en retroceso. Esa es la advertencia de José Ignacio López, presidente de Anif. Según su visión, los efectos del clima sobre los alimentos y la energía podrían traducirse en más inflación y en tasas de interés más altas durante los próximos meses.López recuerda que el país lleva varios años con inflación persistente, lo que los analistas llaman sticky inflation: «una especie de inflación pegajosa, como un chicle». Detrás hay una larga cadena de choques, muchos de ellos de oferta, que «han hecho que la tarea del Banco de la República sea muy difícil».Por esa persistencia, Anif ha tenido que revisar al alza varias veces este año su proyección de inflación para fin de año, que hoy se ubica en 6,6 %. López cree que muchos analistas llegarán a niveles similares, o se prepararán para cifras más altas si El Niño golpea con fuerza.Los cálculos de Anif indican que el fenómeno podría sumar entre 60 y 70 puntos básicos de inflación en alguno de los próximos meses: «Pongámoslo de manera más sencilla: casi un punto porcentual más». Es difícil saber qué tan rápido se sentirá el efecto pleno en alimentos y energía, pero López asegura que «en los meses que vienen este fenómeno va a llegar».La preocupación por los alimentos tiene una razón geográfica. Según Anif, hay una alta coincidencia entre las zonas productoras de alimentos y las que se verán más afectadas por la sequía.Destacado: Gobierno De La Espriella decretará emergencia por el fenómeno de El NiñoLa encrucijada del Banco de la RepúblicaPara López, El Niño pondrá al Banco de la República «en una encrucijada». Las tasas de interés no pueden cambiar un fenómeno meteorológico. El problema es que el choque no se queda en una primera ronda de precios más altos: genera «otras rondas de inflación», algunas por el lado de la demanda, que obligarían al emisor a actuar.El canal que más preocupa es el salario mínimo. Si la inflación sube por El Niño, los trabajadores probablemente pedirán en la negociación de fin de año un aumento adicional que no habrían pedido sin el fenómeno. Ese mayor aumento salarial alimenta presiones de demanda que, a su vez, elevan la inflación. «Esa es la disyuntiva del Banco de la República», explica López: cuánto responder a choques de oferta sabiendo que pueden provocar una segunda ronda que aleje aún más la meta del 3 %.De ahí sale la proyección menos grata. «A uno le gustaría tener proyecciones de menor tasa de interés», admite López, pero Anif contempla que el Banco de la República podría subir otros 50 puntos básicos este año y el próximo si la segunda ronda inflacionaria cobra fuerza, lo que podría llevar la tasa incluso al 13 %. Para hogares y empresas, advierte, son riesgos que deben estar en sus planes, porque encarecen el crédito.La factura energética que llega a los hogaresEl Niño llega, además, en medio de lo que López llama un reto estructural: la caída del sector minero-energético y una mayor estrechez de oferta, sobre todo de gas. En el corto plazo, dice, la discusión girará en torno a «los dolores» del fenómeno: alimentos más caros, energéticos más caros, facturas de servicios públicos más altas, mayor inflación y mayores tasas de interés.Pero pide dar una discusión de mediano y largo plazo. La pérdida de soberanía energética, explica, es en el fondo una presión inflacionaria de mayores costos que le resta competitividad al país. Colombia siempre ha tenido problemas de competitividad por su geografía difícil, su infraestructura, su logística y su estabilidad jurídica.La energía, en cambio, nunca había estado en esa lista: «No hemos escuchado que no se puede producir en Colombia porque es muy caro por los costos energéticos». Si el país no avanza en una agenda de más oferta energética, esa discusión llegará.Las cifras ya muestran señales. Según López, en los índices de precios al consumidor de energía y combustibles, los colombianos vienen pagando más que los consumidores de Chile y Perú en los últimos años. Anif también revisó las matrices de oferta y utilización del DANE para medir cuánto pesa la energía en los costos de cada sector. En el tratamiento y distribución de agua y aguas residuales, los costos energéticos son casi el 20 % de la estructura de costos. Sectores como caucho y plástico, papel y cartón, e incluso algunas actividades artísticas, también están muy expuestos. Si los choques de costos energéticos se vuelven sistemáticos, estas industrias, servicios y comercios perderán competitividad para exportar y frente a las importaciones.«Colombia no puede dejar de ser un país donde, por su riqueza, hay abundancia energética, y que sean malas decisiones de política pública las que nos lleven a perder la soberanía y la competitividad», afirma.No es «una rueda suelta»López insiste en que el sector energético no es «una rueda suelta» de la economía. Ha sido clave para generar divisas, para financiar los programas sociales y para la competitividad. Tras varios años de retroceso, aporta menos a la balanza comercial y menos en impuesto de renta de las empresas. Ahora, además, debe sortear El Niño.Su mensaje final, sin embargo, busca ser optimista. Colombia, dice, puede lograr que el sector sea «no solo lo que fue, sino incluso mejor»: más amplio, con aportes fiscales iguales o mayores y capaz de impulsar la competitividad. También podría darles un alivio a los hogares, que sin más oferta seguirán pagando tarifas de servicios públicos muy altas. Por eso lo ve como un sector que debe liderar la reactivación económica «en este momento de tantas dificultades».Destacado: Entrevista | Patria Investments avanza en nuevo parque solar en Santander tras venta de Puerta de Oro; ve oportunidades en negocio de baterías—