Tres clavijas negras, un cargador y varios cables que desaparecen detrás del mueble. Para retirar uno, a menudo hay que seguir el hilo con la mano o probar suerte. Una etiqueta con el nombre del aparato permite identificar qué se está desconectando antes de tocarlo. Puede colocarse junto a la toma, en una zona apropiada, o como identificador específico en el cable.La diferencia se nota cuando se pretende apagar una lámpara y se acaba dejando el router sin alimentación, o cuando dos cargadores parecidos pertenecen a equipos distintos. Rotular cada conexión evita depender solo de la memoria. Eso sí, el nombre tiene que corresponder al aparato real: una etiqueta antigua puede confundir tanto como la ausencia de cualquier señal.El etiquetado ayuda a organizar, pero no aumenta la potencia admisible ni añade protección eléctrica. Antes de ordenar el conjunto hay que revisar su estado. Si hay daños, decoloración u olor a quemado, toca resolver ese problema.Nombres que se entiendan al leerlos«Monitor», «router» o «lámpara» dicen más que una numeración que nadie recuerda. Si hay dos aparatos iguales, se puede añadir su ubicación. Los sistemas de identificación de Brother contemplan etiquetas para cables y equipos precisamente para reconocerlos. En un escritorio con varios dispositivos, la información debe leerse desde fuera, sin tener que levantar toda la regleta ni apartar una clavija para descifrarla.Hay que mantener libres los orificios de las tomas, las conexiones metálicas, los interruptores y cualquier zona de ventilación. Tampoco se deben cubrir los datos del fabricante con nombres caseros. Si la carcasa no ofrece espacio adecuado, un identificador diseñado para cable puede ser una opción. La condición es que la etiqueta no interfiera con la conexión ni se desprenda sobre las partes donde se enchufan los aparatos.Para averiguar qué corresponde a cada toma, conviene seguir el cable desde el equipo y apagarlo conforme a sus instrucciones antes de desconectarlo. Un ordenador con trabajo abierto necesita un cierre correcto. Rotular los dos extremos del cable puede ayudar cuando el recorrido es largo o pasa por detrás de un mueble, sin tener que retirar conexiones por ensayo y error.La potencia sigue teniendo un límiteUna regleta ordenada puede seguir estando sobrecargada. Brennenstuhl advierte de que no debe conectarse una regleta detrás de otra ni utilizarse cubierta, por el riesgo de acumulación de calor. También hay que respetar la carga máxima indicada en el producto. Al agrupar cargadores y otros aparatos, el número de huecos disponibles no sustituye la comprobación del consumo y de las indicaciones de cada equipo.Las marcas hechas en el cable pueden resultar más duraderas como referencia si se cambia el orden de los enchufes. En cambio, un nombre junto a una toma debe revisarse cada vez que se intercambian aparatos. Lo mismo ocurre con los cables y conectores USB-C: identificar el dispositivo al que pertenecen ayuda a organizarlos, pero no demuestra que otro equipo admita sus mismas prestaciones ni que cualquier adaptador pueda sustituir al original.Antes de dar el trabajo por terminado, basta recorrer los nombres y seguir cada cable hasta su destino. Después, cualquier cambio de aparato debería ir acompañado de un cambio de etiqueta. Dejar escrito «router» al lado de una toma ocupada por otra cosa anula la ventaja. El mejor identificador sigue siendo el que permite reconocer la conexión correcta sin tener que adivinarla.