Durante décadas, los ejércitos europeos han confiado en que mejores sensores, comunicaciones y armas compensaran su menor capacidad para reunir grandes cantidades de personal y material. Esa ventaja permite descubrir antes una amenaza y atacarla con precisión. Conservar la superioridad técnica exige revisar la defensa con frecuencia, porque el adversario también aprende.Los misiles hipersónicos plantean una dificultad particular. Vuelan a velocidades muy altas y algunos pueden maniobrar, lo que reduce el tiempo disponible para seguirlos y decidir una respuesta. La velocidad por sí sola no hace invulnerable a un misil; el problema aparece al combinar trayectoria, maniobra, alerta tardía y defensas concebidas para otras amenazas.El vicealmirante retirado José Manuel Sanjurjo Jul ha estudiado ese cambio. Su advertencia parte de una premisa occidental: Europa y sus aliados necesitan combatir desde una posición tecnológica favorable, pues no pueden basar toda su defensa en la cantidad. El desarrollo ruso y chino obliga a comprobar si esa premisa sigue sosteniéndose frente a las nuevas armas.Una advertencia sobre los hipersónicosEn un trabajo publicado en 2025 en los Cuadernos de Pensamiento Naval de la Armada, Sanjurjo escribe que la difusión de la tecnología y la aparición de nuevas armas «están erosionando la ventaja tecnológica que hemos mantenido». El texto analiza los programas hipersónicos de Rusia y China. Es una alerta sobre una ventaja sometida a presión, no una afirmación de que Europa ya la haya perdido.El misil ruso Zircon sirve para entender la complejidad del problema. Una investigación recogida por La Razón identificó componentes del Zircon a partir de restos examinados por Ucrania. Conocer la fabricación ayuda a evaluar capacidades, pero la defensa necesita también detectar el lanzamiento y seguir el vuelo. Cada fase exige sensores y decisiones diferentes.Sanjurjo sitúa el problema en Europa y en el mar. Un buque dispone de poco margen para maniobrar ante una amenaza que aparece tarde en el radar. La discusión alcanza también a otros armamentos, como muestra el repaso a drones y misiles que ya cambian la defensa. Ningún interceptor arregla por sí solo una alerta insuficiente.La respuesta no cabe en un solo armaLa propuesta del vicealmirante pasa por conectar medios de vigilancia, compartir datos entre aliados y preparar defensas aptas para las nuevas trayectorias. Satélites y sensores terrestres pueden ampliar el tiempo de aviso; los buques y baterías necesitan recibir una pista lo bastante precisa para actuar. La red de vigilancia que estudia la OTAN ilustra esa lógica, aunque responda también al problema de los drones. Compartir la detección convierte segundos de alerta en opciones de defensa.La cantidad sigue importando. Un sistema sofisticado puede verse sobrepasado si hay pocos interceptores o si no puede reponerse con rapidez. Al comparar Europa y Rusia, aparecen reservas de munición y defensa aérea como límites. El ejército mejor equipado necesita capacidad industrial para sostener el combate.También hay una lección de prudencia: agrupar todas las armas llamadas hipersónicas bajo una sola etiqueta oculta diferencias de alcance, maniobra y empleo. Su rendimiento real depende del sistema completo, desde los datos de objetivos hasta el lanzamiento. Sanjurjo pide revisar las defensas antes de que esas capacidades se extiendan. La superioridad tecnológica solo existe mientras puede comprobarse frente a la amenaza concreta.