Silvia Abril, sobre sus estudios universitarios: «Estudié Derecho porque muchas amigas mías lo hacían. No tenía una vocación clara»

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Silvia Abril nació en Mataró (Barcelona) el 10 de abril de 1971 y creció en una familia de empresarios. Su madre tenía una floristería y su padre regentaba una empresa relacionada con el sector del hierro. Desde pequeña, tuvo un gran sentido del humor, pero imaginaba que esa cualidad podría convertirse en su profesión. Como tantos jóvenes que terminan el instituto sin tener demasiado claro qué quieren hacer con su futuro, Abril buscó una opción que parecía razonable. La universidad, una carrera con buenas salidas y un camino que también estaban siguiendo algunas de sus amigas. Así fue como comenzó Derecho , aunque sin una verdadera vocación detrás. «Empecé la carrera de Derecho porque no tenía una vocación clara», recuerda la actriz. Su elección, según explicó hace unos años en The NBP, estuvo marcada en buena medida por las circunstancias: «Yo era una niña de pueblo, de Mataró, y nunca íbamos a Barcelona. Yo no sabía que el teatro podía estudiarse». «Elegí Derecho porque muchas amigas mías lo estudiaban y porque era una carrera a la que podía acceder con la nota que había sacado en la selectividad», contó. Y resumía aquella elección con una frase que refleja perfectamente la falta de convencimiento de aquella etapa: «¿Derecho? Pues Derecho, ¡qué más da!». Todo cambió cuando abrieron una escuela de teatro en Mataró. Entonces, Silvia Abril comenzó a compaginar las clases con sus estudios universitarios y empezó a descubrir que aquello que hasta entonces solo había visto como una afición podía convertirse en un trabajo. Sus profesores también contribuyeron a que se planteara seriamente ese camino: «Empecé a compaginarlo con la carrera, con profesores que me dijeron que podía dedicarme a esto». A partir de ahí, decidió prepararse para las pruebas de acceso al Institut del Teatre a escondidas porque en casa no todos entendieron de primeras que quisiera abandonar una carrera universitaria para dedicarse a la interpretación. «Éramos un grupo de actores, entre ellos, Albert Triola , y recuerdo que nos preparábamos a escondidas de las familias. Él estaba estudiando para ser maestro, y yo, abogada, y a escondidas nos presentamos a las pruebas», relató. El momento de contarlo en casa llegó después. Y la reacción familiar no fue precisamente tranquila: «Hubo un cataclismo . Fue tremendo». «En ese momento la única que estaba estudiando una carrera en aquella casa era yo, lo que mi madre nunca se había podido hacer», concretó. Por eso, abandonar Derecho para apostar por la interpretación no era simplemente cambiar de estudios. Para Abril supuso renunciar a algo que su familia veía como una gran oportunidad: «Que yo decidiera dejarlo todo para hacer teatro... imagínate». Con el paso de los años, la actriz cree que «seguramente hubiera sido una gran abogada defensora de causas perdidas». Pero no se arrepiente de su decisión: «Creo que lo habría hecho bien, pero no hubiera sido feliz ».