Sánchez busca oxígeno en Nueva York con la vista puesta en un revés de Trump en las ‘midterms’

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La cita de esta semana en la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) será la última a la que acuda el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, antes de las elecciones generales. Desde que llegó a La Moncloa, el socialista no ha faltado a ninguna de estas cumbres. Su situación política, sin embargo, presenta dos caras muy distintas. Mientras en España afronta un notable desgaste y el rechazo a su figura ha crecido con fuerza, especialmente al calor de la crisis en Ceuta, en el plano internacional conserva una posición destacada como uno de los principales referentes del progresismo y una de las voces que más confrontan con Donald Trump. El Financial Times lo llegó a definir como la “némesis” del norteamericano.Así, Sánchez no participará en la tradicional recepción que el presidente de Estados Unidos ofrece a los jefes de las delegaciones presentes en Nueva York, pese a que sí lo ha hecho en otras ocasiones. La explicación oficial la ha dado este martes la ministra portavoz, Elma Saiz, que ha justificado la ausencia en que “la invitación llegó cuando ya estaba todo el viaje preparado”, aunque en otras ocasiones la agenda se ha modificado sobre la marcha. En Moncloa creen que la cita de esta semana permite al socialista coger oxígeno tras meses muy complicados, en los que la derecha ha encontrado en Ceuta su baza para alimentar el discurso antimigratorio.Sánchez tendrá, en cambio, un papel protagonista este miércoles en un acto junto al alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani. Ambos participarán en el coloquio Construyendo una economía para la mayoría en Gracie Mansion, residencia oficial del alcalde. Una cita en la que participarán otros dirigentes y que ha sido organizada conjuntamente por la Global Progress Foundation, presidida por Sánchez, y el gabinete de Mamdani, que ejercerá de anfitrión. Y lo hace, además, cuando en La Moncloa se mira cada vez con más atención hacia el 3 de noviembre, la fecha de unas elecciones de medio mandato estadounidenses que pueden alterar el equilibrio de poder durante los últimos dos años de la presidencia de Trump. En el Gobierno español siguen al detalle las encuestas que apuntan a que el presidente estadounidense podría sufrir un serio revés en esos comicios. Las fuentes consultadas por infoLibre van incluso más allá y contemplan un escenario de mayor tensión: consideran que, ante un resultado claramente adverso, Trump podría cuestionarlo o negarse a asumirlo, como ya sucedió con las presidenciales de 2020. Se trata de un escenario que algunos analistas estadounidenses no descartan y que provocaría una crisis política con repercusiones fuera de Estados Unidos. Otros, sin embargo, consideran que al republicano no le vendría tan mal perder porque, de ese modo, podría culpar a sus enemigos de cada bloqueo.El próximo 3 de noviembre se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. El Partido Republicano llega a las elecciones con una mayoría estrecha en las dos cámaras: en el Senado dispone actualmente de 53 escaños, frente a 45 demócratas y dos independientes que se integran en este segundo grupo. Los sondeos nacionales dibujan, a seis semanas de la votación, un escenario complicado para el partido de Trump, aunque esas encuestas no permiten trasladar automáticamente porcentajes nacionales a escaños concretos. Es lo que sucedió, precisamente, en el año 2006, dos años después de que George W. Bush lograra la reelección. La guerra de Irak acabó convirtiéndose en uno de los grandes ejes de las midterms. El desgaste por el conflicto impulsó a los demócratas, que recuperaron la Cámara de Representantes y sumaron además seis escaños en el Senado, suficientes para hacerse también con su control. En el caso de Trump, la guerra con Irán es mayoritariamente impopular y su impacto sobre los precios ha alimentado el malestar económico de los estadounidenses. “Tenemos que ganar las de mitad de mandato porque, si no ganamos... Encontrarán una excusa para destituirme. Me van a destituir”, admitió el presidente estadounidense en enero de este año.Eso es lo que observa Moncloa. No tanto una derrota personal de Trump —que seguirá como presidente del país— sino la posibilidad de que pierda fuelle. Un Congreso dividido o controlado parcialmente por los demócratas condicionaría el margen de actuación de la Casa Blanca. La pérdida del Senado, además, afectaría directamente a la capacidad de la Administración para sacar adelante nombramientos y otras decisiones que necesitan la aprobación de la Cámara alta.Dentro del Gobierno español hay fuentes que conceden al resultado un valor que trasciende las fronteras estadounidenses. Su lectura es que un retroceso electoral del trumpismo podría tener un efecto político en Europa y en otros países, en un momento de fortaleza de distintas derechas nacionalistas y populistas. En Moncloa confían en un revés de Trump que dé “esperanza” al progresismo internacional y fuerce un debate en términos de democracia y autoritarismo. Hay otro elemento que explica la atención con la que algunas fuentes gubernamentales españolas siguen las elecciones de noviembre: qué ocurriría después de las urnas si los resultados fueran muy negativos para los republicanos. En el caso de Trump, existen antecedentes y actuaciones recientes que permiten entender por qué esa posibilidad genera preocupación.Trump continúa sosteniendo que las elecciones presidenciales de 2020 le fueron arrebatadas mediante un fraude generalizado, una afirmación que nunca ha probado. Este mismo año ha vuelto a convertir la supuesta falta de seguridad electoral en uno de sus argumentos políticos y ha prometido entregar 5.000 dólares a todos los adultos estadounidenses si los republicanos conservan el control de las dos cámaras del Congreso.Su Administración también ha intentado imponer antes de noviembre nuevas restricciones al voto por correo y ha pedido aumentar la intervención federal sobre procedimientos electorales tradicionalmente gestionados por los estados. El Tribunal Supremo frenó la semana pasada una de esas medidas y permitió que el sistema de voto postal continuase funcionando con las reglas previstas. Trump reaccionó insistiendo en sus acusaciones contra el voto por correo.Sánchez ha encontrado en la política internacional uno de los espacios en los que puede construir con mayor libertad un perfil propio. No es algo completamente nuevo, pero el regreso de Trump a la Casa Blanca ha facilitado el contraste. Frente al “America First”, Sánchez ha hecho de la inmigración y de la regularización una de las diferencias más explícitas con la derecha internacional.También en lo que respecta a las exigencias de Trump sobre gasto militar y la desregulación tecnológica, el presidente del Gobierno español ha vinculado su posición a la preservación del Estado del bienestar y ha elevado la regulación de las redes sociales y la inteligencia artificial a asunto político internacional. Una posición exterior que permite a Sánchez proyectar iniciativa política en un momento de dificultades internas, con las encuestas en contra.Nadie en el Gobierno español puede saber hoy qué ocurrirá en unas elecciones estadounidenses que se deciden en decenas de contiendas diferentes. Pero en La Moncloa hay quienes observan las midterms pensando no sólo en cuánto poder conservará Trump durante los dos últimos años de su mandato, sino en el efecto que pueda tener el resultado sobre un tablero internacional en el que Sánchez ha decidido hacer de la confrontación entre dos modelos políticos una parte de su identidad.