Drones, defensas y refugios: Europa acelera su preparación ante una posible escalada rusa

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Europa lleva meses acumulando ataques de origen ruso que van más allá de las fronteras de Ucrania. Drones sobre instalaciones militares y aeropuertos, sabotajes, ciberataques o incursiones en el espacio aéreo de países de la OTAN han elevado progresivamente la preocupación. El ataque frustrado del pasado agosto contra el aeropuerto alemán de Leipzig/Halle, donde fueron localizados drones con explosivos y que Berlín atribuyó posteriormente a Rusia, marcó un punto de inflexión a partir del cual los socios europeos han dejado de hablar de hechos aislados y están señalando cada vez más una campaña de guerra híbrida promovida desde Moscú.Los incidentes, además, no han cesado. La pasada semana un caza italiano desplegado en la misión de defensa aérea de la OTAN derribó en Lituania un dron de fabricación rusa que había entrado desde Bielorrusia. El aparato llevaba un artefacto explosivo, aunque el presidente lituano, Gitanas Nauseda, explicó después que probablemente se dirigía hacia Ucrania y se había desviado de su ruta. Casi simultáneamente, un buque de guerra ruso lanzó dos bengalas hacia un helicóptero militar danés que realizaba una misión rutinaria de vigilancia en aguas internacionales del Báltico. Moscú negó haber actuado de forma temeraria y responsabilizó a Dinamarca del incidente.La novedad está ahora en la respuesta. La preocupación empieza a traducirse en decisiones que van más allá de aumentar la vigilancia o aumentar el gasto militar. Francia prepara un plan específico para proteger sus infraestructuras críticas frente a drones y ciberataques; Alemania refuerza sus mecanismos contra el espionaje y el sabotaje; Polonia fortifica pasos fronterizos, activa regularmente sus defensas aéreas y se suma a nuevos proyectos antimisiles; y Lituania diseña instalaciones eléctricas capaces de seguir operativas después de un ataque con drones. Al mismo tiempo, Bruselas busca fórmulas para coordinar la reacción de los Veintisiete ante sabotajes y otras acciones híbridas que amenacen la seguridad nacional.Todo ello ocurre pese a que la OTAN mantiene que no existen indicios de un ataque directo inminente contra uno de sus miembros. La prioridad, por ahora, es estar preparados para una escalada y reducir las vulnerabilidades que Moscú podría tratar de explotar. La Comisión Europea quiere abordar precisamente ese problema:  cómo reaccionar cuando una agresión resulta suficientemente grave para amenazar la seguridad de un Estado pero no alcanza claramente el umbral de un ataque militar que active la defensa colectiva de la OTAN.Ursula von der Leyen propuso la semana pasada desarrollar un counter-hybrid playbook, un protocolo común que permitiría coordinar la respuesta europea frente a sabotajes, incendios provocados, ciberataques o incursiones con drones. La presidenta de la Comisión planteó además poner en marcha un Consejo Europeo de Seguridad en el que, junto a miembros de la UE, podrían participar Reino Unido, Noruega, Ucrania y Canadá.Las amenazas híbridas se han convertido mientras tanto en una cuestión casi semanal en Bruselas. El grupo de trabajo del Consejo dedicado a reforzar la resiliencia y combatir estas amenazas se reúne este martes, después de haberlo hecho también el 8 y el 15 de septiembre, y tiene otro encuentro el próximo día 29. Su misión es precisamente coordinar las políticas de los Veintisiete frente a este tipo de acciones.La OTAN ha dado otro paso en paralelo. El pasado 15 de septiembre publicó por primera vez sus requisitos básicos de resiliencia, que piden a los aliados disponer de planes para mantener funcionando el Gobierno, la energía, las comunicaciones, los transportes, el abastecimiento de agua y alimentos o los servicios sanitarios durante una crisis o un conflicto. El documento contempla también planes para evacuar a la población, gestionar grandes movimientos de personas y hacer frente a situaciones con un elevado número de víctimas. Los movimientos más concretos se están produciendo, sin embargo, a nivel nacional. Emmanuel Macron reunió el viernes en el Elíseo a los líderes de los partidos parlamentarios junto a los responsables de la inteligencia exterior, interior y militar, además de los encargados de la seguridad nacional. El presidente ordenó elaborar un plan específico para proteger infraestructuras críticas y centros sensibles de la industria de defensa frente a ataques con drones y ciberataques. El Ministerio del Interior había reunido un día antes a los prefectos regionales para reforzar la vigilancia.Alemania, por su parte, reunió el 14 de septiembre su Consejo Nacional de Seguridad para revisar la respuesta al ataque de Leipzig. Berlín considera que seguirá siendo objetivo de operaciones híbridas rusas y acordó nuevas medidas contra el espionaje y el sabotaje, además de reforzar la protección de infraestructuras críticas y revisar conjuntamente sus capacidades de defensa militar y civil.Más al este, donde la percepción del riesgo es mayor, las medidas son aún más visibles. Polonia está reforzando físicamente sus pasos fronterizos con Ucrania mediante barreras de protección y puestos de vigilancia después de varios ataques rusos a pocos kilómetros de su territorio. Varsovia se incorporó además el viernes a una coalición junto con Ucrania y otros aliados para desarrollar nuevas defensas contra misiles balísticos. Lituania ha ido un paso más allá. El país proyecta construir junto a la frontera con Kaliningrado (Rusia) una nueva subestación eléctrica diseñada específicamente para seguir funcionando después de un ataque con drones explosivos. La infraestructura tendrá equipos duplicados, sensores subterráneos, vallas reforzadas y estructuras de hormigón que protegerán los componentes esenciales. La preparación europea no significa que exista consenso sobre la posibilidad de un ataque ruso directo. Las evaluaciones de los distintos servicios de inteligencia difieren sobre la urgencia de la amenaza.El jefe del servicio de inteligencia checo, Michal Koudelka, ha advertido de que Moscú podría aumentar sus provocaciones contra la OTAN en cuestión de “meses, no años”. Entre los escenarios planteados figuran nuevas incursiones con drones, operaciones de falsa bandera o incluso una penetración limitada en territorio aliado destinada a comprobar la respuesta de la organización. El jefe de la inteligencia letona, Normunds Mežviets, coincide en que Rusia puede intensificar sus operaciones, pero recalca que sus servicios no han detectado indicios de un ataque militar inminente.El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha ido todavía más lejos. Tras recibir información de servicios aliados, advirtió la pasada semana ante el Parlamento de que Moscú podría intentar ataques híbridos con drones o misiles contra países que apoyan a Ucrania, incluida Polonia. Varsovia teme especialmente operaciones deliberadamente ambiguas que Rusia pudiera presentar posteriormente como accidentes para poner a prueba la respuesta aliada.Los expertos señalan precisamente esa zona gris como uno de los principales riesgos. Rachel Ellehuus, directora general del Royal United Services Institute, considera que Rusia trata de actuar deliberadamente por debajo del nivel que cree que activaría el artículo 5 de la OTAN, aunque advierte de que esa estrategia abre también la puerta a errores de cálculo y una escalada no buscada. Emily Ferris, investigadora del mismo centro, apunta que Moscú está identificando debilidades en las infraestructuras aliadas y explorando hasta dónde puede llegar en ausencia de líneas rojas claramente establecidas.Rusia rechaza estas acusaciones. El Kremlin volvió a asegurar este lunes que Rusia no representa una amenaza para Francia ni para ningún otro país europeo y niega estar detrás de operaciones de sabotaje en territorio occidental.