La Maestranza se convirtió en un horno

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Un mar de sombreros y de abanicos cubría el círculo imperfecto de la Maestranza a través de los tendidos. El revoloteo en las manos de hombres y mujeres era un consuelo poco efectivo. Todo lo que se movía era caliente. Como si el Sahara se hubiera trasladado, durante cuatro horas, al palacio del toreo sevillano. Aquello de «toros, sol y moscas» tiene la antigüedad que pueden tener las piedras que conforman las localidades de la plaza pero hoy, aquello también quedaba fuera de lugar. El calor que hundió a la plaza de toros de Sevilla a las 18:00 de la tarde de la segunda de feria sólo podrá olvidarse si el termómetro hace de las suyas en las dos próximas... Ver Más