Joaquín Peña Blanco, analista naval, sobre reforzar la Armada con el F-35: «Si le metemos el refuerzo del F-35, prácticamente nos pondríamos a la vanguardia en cuanto a capacidades y disuasión frente a un potencial enemigo»

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El F-35B como único relevo posible del Harrier es la idea que defiende Joaquín Peña Blanco para la Armada española. Y no habla simplemente de cambiar un caza viejo por otro más moderno: según el analista, el salto añadiría sigilo, sensores, guerra electrónica y una capacidad mucho mayor para compartir información con el resto de la flota.¿El problema? Que no hay otro reactor STOVL en el mercado, es decir, capaz de despegar en poco espacio y aterrizar verticalmente. En declaraciones al canal de YouTube Bellum Artis, Peña Blanco recuerda que el Rafale M necesita catapulta y cables de frenado, que el Juan Carlos I no tiene. F-35B o pérdida de la aviación embarcada resume su postura.El F-35B no trabajaría solo ¿Qué cambia entonces con respecto al Harrier? Bastante más que las prestaciones de vuelo. El F-35B también detecta amenazas, recopila información y puede compartirla con otros aviones, drones o buques mientras está en misión. En la práctica, supone la concentración de varias funciones en un solo aparato, en lugar de tener que repartirlas entre distintos medios.Y esto importa especialmente en el caso español porque las fragatas de la Armada ya utilizan AEGIS. Peña Blanco sostiene que el F-35 puede intercambiar datos con esos barcos y actuar como otro nodo dentro de la misma red de combate. Ahí aparece el efecto multiplicador sobre el resto de la flota del que habla el analista.El propio Peña Blanco lo explica así: «Si le metemos el refuerzo del F-35, prácticamente nos pondríamos a la vanguardia en cuanto a capacidades y disuasión frente a un potencial enemigo». Buena parte de esas capacidades de quinta generación del F-35 pasan por el sigilo con armamento interno, una condición que cambia cuando lleva armas colgadas por fuera.No todo gira alrededor del sigilo. Peña Blanco sitúa también su punto fuerte en el ataque aire-suelo y suma guerra electrónica, vigilancia y mando y control integrados, de forma que el mismo caza puede localizar objetivos, protegerse y compartir datos mientras ataca. Ahí es donde la comparación con el Harrier deja de ser sólo una cuestión de prestaciones.Más capacidades, pero también más dependencia de Estados Unidos La analogía no es perfecta, pero ayuda: pasar del Harrier al F-35B sería parecido a cambiar un teléfono fijo por un smartphone que depende de su fabricante para seguir funcionando como debe. En este caso, la dependencia tecnológica desde el primer día incluye software, actualizaciones, archivos de misión y una parte del soporte logístico estadounidense.Y el avión tampoco llegaría a unas instalaciones preparadas para recibirlo sin más. Peña Blanco explica que Rota necesitaría espacios específicos para proteger sus sistemas, mientras el Juan Carlos I tendría que modificar la cubierta por el calor de las operaciones verticales. Los ascensores y el hangar sí servirían, pero las adaptaciones en el Juan Carlos I seguirían siendo necesarias.Tampoco bastaría con comprar doce aviones y empezar a volarlos. Según mandos de la Armada citados por Peña Blanco, harían falta entre cuatro y seis años de preparación para formar pilotos y personal de mantenimiento. El núcleo inicial sería de cuatro a seis pilotos y entre 20 y 30 operarios antes de alcanzar una capacidad plenamente operativa.Peña Blanco propone una flota de 12 F-35B, con seis embarcados y otros seis en Rota para mantenimiento y rotación, replicando el esquema actual de los Harrier. El programa exige una logística propia, aunque también dispone de una red global de mantenimiento del F-35 que cubre el soporte de los aparatos durante su vida operativa.Todo esto lleva de nuevo al mismo punto: para el Juan Carlos I no existe hoy otro reactor equivalente. España puede discutir el coste del F-35B, la dependencia de Estados Unidos o las modificaciones necesarias para operarlo, pero según Peña Blanco la continuidad de la aviación de combate embarcada pasa por incorporar el caza estadounidense.