Frente Amplio ya tiene nombre, pero todavía no tiene candidato. Y justo cuando los partidos que conformarán la coalición terminan de perfilar la arquitectura electoral con la que pretenden dejar atrás la marca Sumar, la exalcaldesa de Barcelona y dirigente de los comunes, Ada Colau, ha abierto la puerta a ser la candidata en las próximas generales. La mesa que reúne a Más Madrid, comunes, Izquierda Unida y Movimiento Sumar ha decidido que Frente Amplio sea la nueva marca de la coalición electoral. Una información que adelantó El Salto y confirman fuentes del espacio a infoLibre. El proyecto prevé presentar públicamente en las próximas semanas tanto su funcionamiento como los nombres llamados a desempeñar los principales papeles electorales, aunque las conversaciones sobre el liderazgo siguen abiertas.La elección del nombre resuelve una de las incógnitas que arrastraba el espacio desde hacía meses. Con las próximas generales, la izquierda alternativa continúa discutiendo simultáneamente tres cuestiones: quién debe encabezarla, mediante qué procedimiento debe elegirse y, antes incluso, quiénes deben formar parte finalmente de la candidatura. Es en ese tablero es donde Colau ha aterrizado. La exalcaldesa de Barcelona llevaba meses dejando entreabierta la posibilidad de implicarse de nuevo en la política institucional. Su posición pública, sin embargo, sigue siendo deliberadamente ambigua: ha insistido en que no busca un cargo por el mero hecho de volver y que solo se plantearía hacerlo si considerase que puede resultar “especialmente útil”. Durante las últimas semanas ha recuperado exposición pública, ha regresado a la movilización por la vivienda y ha defendido la necesidad de reconstruir un espacio amplio frente a la extrema derecha. También ha calificado de error la ruptura con Podemos y ha abogado por retomar el diálogo.Una persona muy próxima a Colau sostiene en conversación con este periódico que desde distintos ámbitos llevan tiempo animándola a dar un paso ante la necesidad de construir un frente “valiente e ilusionante”. La misma fuente subraya, no obstante, que la exalcaldesa continúa repitiendo que “no es candidata a nada” y que, antes de hablar de nombres, los partidos deben sentarse, conversar y buscar acuerdos.La posibilidad de que Colau termine desempeñando algún papel dependería, según esa lectura, de que las organizaciones sean capaces de superar los recelos acumulados en los últimos años. Si existe “generosidad y sentido de la urgencia”, explica, podría contribuir a movilizar no sólo al electorado más identificado con la izquierda, sino también a sectores progresistas y votantes actualmente indecisos.Hay entre quienes han trabajado con ella una interpretación más política de sus últimos movimientos. Un antiguo colaborador cree que Colau está reconstruyendo una especie de relato fundacional alrededor de su propia trayectoria. La de una dirigente que consiguió reunir en Barcelona tradiciones políticas y movimientos diferentes, convertir aquel conglomerado en una candidatura competitiva y gobernar la ciudad durante ocho años. Un movimiento que podría volver a repetir ahora.Esas no eran en un primer momento sus intenciones, afirma una fuente que la conoce bien. Pero el vacío de proyecto y liderazgo interno que se abrió después del ciclo encabezado por Yolanda Díaz le habría hecho mover ficha “por responsabilidad”. Según esta interpretación, Colau se encuentra en una posición que le permite intervenir en la recomposición de la izquierda sin necesidad de acabar presentándose como candidata.Es más, según estas voces, la exalcaldesa mantiene la vista puesta en el ciclo político que desembocará en las elecciones autonómicas catalanas de 2028 y cree que, para poder competir con Salvador Illa, será necesario explorar algún tipo de entendimiento entre los comunes, ERC y otros sectores de la izquierda. En ese sentido, considera que los comunes deben participar en esa conversación y evitar encerrarse en sus actuales fronteras partidistas.El mensaje que está lanzando Colau, sostiene otro colaborador, es el de “poner deberes” a los partidos. “La izquierda tiene que volver a entenderse y Podemos debe formar parte de la conversación”, señala. Desde el entorno de la dirigente de los comunes insisten en la misma idea: si el futuro Frente Amplio quiere ser realmente amplio, esa condición no puede limitarse a una denominación electoral, sino que debe traducirse en una apertura hacia sectores políticos, sociales y ciudadanos, como sucedió en 2015.La número dos de Podemos, Irene Montero, ha sido hasta ahora la dirigente que con mayor claridad ha movido ficha. El pasado 12 de septiembre anunció su intención de concurrir a las próximas generales y propuso someter su candidatura a unas primarias abiertas, en las que puedan participar personas más allá de la militancia de Podemos y a las que también puedan presentarse aspirantes ajenos a la formación.La exministra ha seguido defendiendo desde entonces que ese proceso serviría para movilizar a un electorado progresista desanimado y para salir de la dinámica de reproches entre organizaciones. Pero la propuesta no genera precisamente consenso entre los partidos que integran el futuro Frente Amplio. Algunas voces interpretan las primarias no sólo como una propuesta organizativa, sino como una palanca de presión de Podemos. Movimiento Sumar ha evitado cerrar la puerta a cualquier mecanismo democrático, pero insiste en que la discusión sobre el procedimiento no puede adelantarse al acuerdo político. Quien sí lo rechaza de plano es Más Madrid.IU mantiene una posición algo diferente. No rechaza las primarias —de hecho, acaba de poner en marcha su propio proceso interno para elegir cabeza de cartel—, aunque advierte de que un mecanismo conjunto exigiría previamente un acuerdo entre las organizaciones sobre sus reglas. La formación dirigida por Antonio Maíllo proclamará a su aspirante el 9 de noviembre y pretende que después se integre en una candidatura más amplia.La reaparición de Colau añade una variable que hasta ahora no figuraba con tanta claridad en esta discusión. En diferentes sectores del espacio se considera especialmente significativo que su regreso a la conversación coincida con un momento en el que la vivienda ha vuelto a ocupar el centro de la agenda de la izquierda. Ese terreno forma parte inseparable de la biografía política de la exalcaldesa, desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca hasta sus ocho años al frente del Ayuntamiento de Barcelona.Los cuatro partidos que preparan el Frente Amplio también han decidido otorgar a la vivienda un papel central en su futura propuesta electoral. Eso convierte a Colau, para algunos dirigentes, en un perfil especialmente reconocible para este momento político. Pero esas buenas palabras no se extienden automáticamente a una eventual fórmula compartida con Irene Montero, a la que algunas fuentes consultadas consideran más “quemada políticamente” tras su paso por el Ministerio de Igualdad que alumbró leyes como la del ley solo sí es sí.Fuentes del espacio consultadas ven más clara la capacidad de Colau para funcionar como puente entre familias enfrentadas que la articulación de un eventual tándem entre ambas dirigentes. La relación política entre Colau y Podemos puede facilitar conversaciones que otros actores tienen mayores dificultades para mantener, razonan esas fuentes, pero eso no significa que exista consenso alrededor de Montero como cabeza de una lista común. De hecho, ahí reside una de las cuestiones que la propuesta de primarias obligaría a resolver.Mientras tanto, el espacio que hasta ahora conformaba Sumar continúa haciendo sus propias cuentas. El nombre de Ernest Urtasun lleva semanas apareciendo en las conversaciones. El ministro de Cultura dejó de descartarse públicamente hace solo unos días y aseguró que estará donde sus compañeros consideren que debe estar. Desde su entorno, sin embargo, rebajan esa posibilidad y aseguran que no será el candidato, aunque explican, que evita autoexcluirse públicamente para no alimentar “el pesimismo” en la izquierda.El futuro Frente Amplio trabaja, además, con una concepción más coral del liderazgo que la que articuló el proyecto de Yolanda Díaz en 2023. La intención declarada de sus impulsores es dar mayor peso a las organizaciones y a los liderazgos territoriales y evitar que toda la identidad electoral dependa de una única figura. Sin embargo, a día de hoy la única formación al margen de Podemos que sí tiene previsto un proceso de primarias para elegir a su candidato es IU.Eso amplía también las quinielas. Durante los últimos meses han aparecido otros perfiles, algunos de los cuales se han ido descartando. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, ha rechazado encabezar el proyecto. El nombre del secretario general de CCOO, Unai Sordo, también ha circulado sin que haya mostrado disposición. Y la posibilidad de recurrir a una persona sin militancia orgánica llegó a ser defendida públicamente tanto por Maíllo como por Urtasun antes del verano.