En 1966 se editó en la ciudad de Buenos Aires Todos los fuegos el fuego. El libro de cuentos de Julio Cortázar aprovechó la ola de popularidad de Rayuela. Leer a Cortázar era un blasón que querían exhibir hasta las modelos que Gente, una revista de noticias sobre la farándula, elegía entre los personajes del año. Y leer, en tiempos analógicos, solo era posible a través del préstamo y la compra. Sesenta años más tarde, las bibliotecas públicas de la capital argentina reciben cada vez menos presupuesto, y las librerías atraviesan su peor momento en décadas. Hubo un tiempo, el de Todos los fuegos el fuego, en que la avenida Corrientes fue el símbolo de una vida cultural nocturna que no conocía el sueño. Ciertos bares y librerías, como la Hernández, cerraban a las cuatro de la madrugada. El verbo "cerrar" tiene ahora otra acepción para una ciudad que hasta diciembre de 2023 contaba con unas 380 librerías a la calle. Esto equivalía a un promedio de 25 por cada 100.000 habitantes, superior al de Madrid. Pero desde que gobierna la ultraderecha han tenido que bajar sus persianas decenas de ellas, algunas emblemáticas de la avenida de Mayo y la mencionada Corrientes. Y todo puede empeorar porque las ventas han caído un 42% en los últimos tres años, mientras los costes operativos se han incrementado un 31%. Seguir leyendo....