Con apenas 20 años, Iker decidió dejar atrás la vida en la ciudad y buscar una alternativa lejos del ritmo convencional. Desde entonces vive en una finca en plena naturaleza donde ha ido construyendo, poco a poco, un modelo de vida basado en producir buena parte de lo que necesita. Tiene gallinas, patos y cabras, cuenta con placas solares y un pozo de agua y ha aprendido a ordeñar, hacer queso y aprovechar los recursos de su entorno.Seguir leyendo....