Richard Knighton, jefe de la Defensa británica, ante la amenaza rusa: «Ganará quien difunda y adopte la tecnología más rápido que su rival»

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Un ejército puede comprar un sistema avanzado y descubrir que el adversario ya ha cambiado su forma de combatir cuando llega a las unidades. La guerra en Ucrania ha acortado los ciclos de adaptación de drones, defensas y guerra electrónica. La rapidez con la que una idea pasa a estar en servicio empieza a pesar tanto como la calidad del equipo.El Reino Unido quiere acelerar el uso de inteligencia artificial para examinar grandes cantidades de datos y ayudar a sus mandos. En una operación, las señales pueden llegar de satélites, radares, unidades terrestres y fuentes abiertas. Separar la información útil del ruido lleva tiempo, y una pista pierde valor si el objetivo cambia de posición.El mariscal del aire Richard Knighton, jefe del Estado Mayor de la Defensa británico, expresó en junio de 2026 una regla para ese pulso tecnológico: ganará quien adopte antes las herramientas eficaces. Su afirmación describe una condición para competir, no una victoria tecnológica que el Reino Unido pueda dar ya por conseguida frente a Rusia.De la prueba al despliegue«Ganará quien difunda y adopte la tecnología más rápido que su rival», sostuvo Knighton en un discurso durante la London Tech Week publicado por el Ministerio de Defensa británico. El militar defendió que la inteligencia artificial puede ayudar a reconocer patrones en imágenes, informes y señales. El responsable humano seguiría tomando la decisión, pero dispondría de datos ordenados con mayor rapidez.Como ejemplo de lo que está en juego, Knighton recordó que Ucrania conservó parte de sus defensas aéreas al moverlas y ocultarlas antes de la invasión rusa de 2022. En su hipótesis, una identificación más rápida de objetivos habría podido cambiar los primeros combates. La comparación de fuerzas muestra que el control del aire sigue siendo uno de los puntos decisivos. Se trata de una hipótesis del general, no de un resultado que pueda comprobarse retrospectivamente.El mensaje tiene una dificultad práctica: probar sistemas fiables, distribuirlos y enseñar a usarlos. Knighton admitió que Reino Unido todavía no ha alcanzado el ritmo de adaptación que necesita. La defensa contra drones muestra por qué no basta con disponer de un algoritmo: sensores, centros de mando y armas deben compartir los mismos datos. Una mejora aislada puede quedarse fuera del combate real.El rival también cambia de tácticaRusia ha ampliado sus medios para lanzar drones Geran, con nuevas bases y plataformas descritas en este análisis. La amenaza no se limita a un modelo de dron: los ataques pueden variar en número, velocidad y ruta. Cada cambio obliga a revisar las defensas y a comprobar si las herramientas de análisis siguen reconociendo los objetivos.Los aliados ya estudian cómo acortar el tiempo entre detección y respuesta, como expuso el jefe militar de la OTAN en su entrevista sobre IA y drones. Knighton añade otro elemento: actualizar el equipo después de cada lección de combate. Eso afecta al software, a las pruebas y a las compras. Las fuerzas que tardan años en incorporar una mejora dan tiempo al rival para encontrar una respuesta.La inteligencia artificial también puede cometer errores, y una decisión militar exige verificar objetivos y responsabilidades. Knighton reconoce que existen cuestiones éticas, aunque su discurso se concentra en la velocidad de adopción. Para las fuerzas europeas, la prueba será incorporar herramientas útiles sin perder el control de su empleo. La ventaja tendrá que medirse en decisiones acertadas y sostenibles, no en la cantidad de programas anunciados.