'Bilbao Square', de niña a mujer

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Hay espectáculos que resultan difíciles de juzgar exclusivamente por lo que sucede sobre el escenario, porque las circunstancias que los rodean y, sobre todo, la historia que hay detrás de ellos les otorgan una dimensión distinta. ' Bilbao Square ', el nuevo espectáculo de María Pagés , es un claro ejemplo de ello. Una imagen de la bailaora sevillana en la madrileña glorieta de Bilbao, junto a su madre y a su abuela -doña Masu y doña Maruja Mestres Pinto respectivamente-, recién llegadas las tres a Madrid para que la entonces adolescente probara suerte en el mundo del baile, fue la chispa que encendió este trabajo, que podría calificarse como melancólicamente otoñal y que se suma a la fecunda e innovadora trayectoria de María Pagés. Y ha querido el destino o la casualidad que este espectáculo que es, en palabras de sus creadores, «una creación que explora la identidad y el paso de la infancia a la madurez a través de la experiencia vital de Pagés», se haya estrenado apenas unos días después del fallecimiento de doña Masu, una figura capital para la bailaora; un «bastión incombustible», en palabras de la crítica Marta Carrasco . Y este hecho le confiere un grado más de emotividad a este trabajo, ya de por sí profundamente enraizado en la memoria, probablemente uno de los elementos más personales e inescrutables del ser humano. María Pagés comienza 'Bilbao Square' sentada en el patio de butacas (el día del estreno junto a Pedro Almodóvar) ante el asombro del público, que se pregunta qué hace la bailaora ahí cuando quedan segundos para que empiece la función. Suena una voz femenina que dice: «Nena, nena, despierta, que ya hemos llegado», y se produce la magia. La artista desciende las escaleras hacia el escenario mientras aclara que esas palabras son las de su madre cuando, tras muchas horas al volante de un Citroën Tiburón negro, llegaron al Madrid de finales de los años setenta. En palabras de sus creadores, «'Bilbao Square' es un espectáculo que narra en clave coreográfica flamenca el legado sentimental de María Pagés, centrándose en su migración ritual desde su Sevilla natal a Madrid, su puerta al mundo». Pero no solo se evocan aquellos días a través del baile. Dos monólogos, uno de apertura y otro de cierre, le sirven a la bailaora para contar la historia de sus inicios; sus sensaciones, sus anhelos, sus temores, las personas que guiaron sus primeros pasos -sus maestros: Matilde Coral, Ciro, Adelita Domingo, Pedro Azorín, José Granero...-, su primera gira profesional, en el Ballet de María Rosa… El paso de María Jesús -o de Sevilla, como la llamaba la maestra María Magdalena en los viejos estudios madrileños de Amor de Dios- a María Pagés es un relato sugestivo y evocador, con el que algunos descubrirán en ella una formidable narradora . La creadora sevillana es desde hace mucho tiempo historia de la danza española, más incluso por sus coreografías, valientes y arrojadas -no olvidemos que ya en 1998 se 'atrevió' a ponerle pasos flamencos a, por ejemplo, la canción 'Cantando bajo la lluvia'- que por su baile espigado y majestuoso. Ahora, a sus 63 años, María Pagés posee un dominio de la escena que oculta el inevitable desgaste de sus facultades físicas; el baile que exhibe en 'Bilbao Square' -es de suponer que, emocionalmente, ha sido uno de los estrenos más difíciles de su carrera- es un baile augusto, reposado, gustoso, comunicativo, profundo, inteligente… Un baile apoyado en la experiencia, la sabiduría y esa figura juncal que ella ha sabido moldear a lo largo de los años; sus brazos cobran vida propia cuando baila y sigue llenando la retina de los espectadores. 'Bilbao Square' es, por otra parte, un espectáculo desnudo, esencial, en el que seis magníficos músicos acompañan a María Pagés -la arropan, más bien-; lo que logran Graci del Saz con el violín y Alicia Avilés con el violonchelo resulta especialmente conmovedor. La función se presenta además con el espacio de la Nave 11 de Matadero abierto, con toda su grandiosidad y su imponente desnudez como escenografía, a la que se suman elementos significativos como el abanico, el bastón, la bata de cola, los libros o los zapatos.