El panorama actual de las Fuerzas Armadas españolas atraviesa un momento de extrema delicadeza tras encadenar años de severos recortes presupuestarios. Fernando Alejandre, general retirado y antiguo Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), alzó la voz para alertar sobre la grave merma de capacidades que sufren los ejércitos. La falta de una inyección económica sostenida amenaza con paralizar proyectos tecnológicos e infraestructuras vitales para la defensa nacional.La escasez de fondos no resulta un problema nuevo en los cuarteles, pero sus consecuencias son cada vez más visibles en el día a día de las diferentes unidades militares. El desgaste acelerado del material y la imposibilidad de renovar los sistemas de armas han empujado a los mandos a un escenario de máxima tensión, donde la eficiencia logística se encuentra al límite. En este sentido, según adelantó El Confidencial Digital, el diagnóstico del alto mando resulta contundente frente al impacto directo de la infrafinanciación.Alejandre aseguró sin ambages que "la operatividad está por debajo de lo que nos exigen los aliados". Con ello evidenció una brecha muy preocupante entre los compromisos internacionales asumidos por España y la realidad material que afrontan las tropas sobre el terreno.Un escenario crítico para el material militarLa sequía de liquidez forzó a las Fuerzas Armadas a recurrir a medidas de emergencia extrema para mantener sus equipos básicos en funcionamiento. La escasez crónica de repuestos provocó la canibalización de diversos sistemas de armas, una práctica de supervivencia que consiste en desguazar vehículos o aeronaves averiados para extraer piezas. Una década de parálisis inversora arrastró a la institución a una situación crítica, lo que dificulta enormemente la recuperación de las capacidades militares perdidas a corto y medio plazo.El general retirado subrayó que los ejércitos necesitan adquirir materiales de nueva generación y modernizar de urgencia los equipos ya existentes. Sin embargo, la drástica reducción de las existencias disponibles choca frontalmente con las exigencias del actual entorno de seguridad global. A su juicio, España no invierte en la seguridad global la parte proporcional que le corresponde, una carencia que debilita su posición estratégica frente a sus socios europeos y norteamericanos.La ley de financiación como única salidaPara frenar este deterioro operativo progresivo, Alejandre puso sobre la mesa una solución estructural ineludible. El ex JEMAD reclamó la aprobación urgente de una ley de financiación específica para las Fuerzas Armadas. Este marco normativo garantizaría un flujo de recursos económicos estable e independiente de los vaivenes políticos, lo que permitiría al Estado Mayor planificar las compras y el sostenimiento a largo plazo.Los datos macroeconómicos respaldan esta exigencia militar. España adquirió en la cumbre de Gales de 2014 el firme compromiso con la OTAN de destinar el 2% de su Producto Interior Bruto a la defensa. No obstante, durante la etapa de Alejandre en la cúpula militar, la inversión real apenas rozaba el 0,91% del PIB, sumando el presupuesto del ministerio, el coste de las misiones de paz y las pensiones correspondientes.El general insistió en que un país debe invertir tanto en políticas sociales como en defensa, ya que sin esta última resulta imposible garantizar la seguridad necesaria para sostener el propio Estado del bienestar. A todas luces, la ausencia de un modelo de financiación estable condena al Ejército a la inoperatividad, lo que limita de forma drástica su capacidad de respuesta ante cualquier amenaza exterior y relega a España a un papel secundario dentro de la Alianza Atlántica.