No recibía un presidente estadounidense a otro en la Base Conjunta Andrews desde 1962. Las imágenes de los uniformados alisando las últimas arrugas rebeldes de la alfombra roja mientras Xi Jinping contempla la escena desde lo alto de la escalinata de su avión han circulado sin mesura en las redes sociales chinas. También aquellas de Xi impertérrito mientras Trump encadena muecas por el zumbido del avión sobre sus cabezas. A los chinos, la visita de su presidente a Estados Unidos les ha generado un súbito interés. Desatienden asuntos tan áridos como las ventas de soja o las restricciones a las exportaciones de chips, pero la pompa y circunstancia que derrocha la primera potencia mundial con su huésped estimula el orgullo de un pueblo que aún no ha olvidado su siglo y medio de humillaciones.Seguir leyendo....