Ante las amenazas mafiosas que nacen en las cloacas, un miedo de caverna antañona atraviesa nuestra osamenta. Tememos por nuestra integridad física porque el tigre dientes de sable nos quiere devorar, o nos asusta que los nuestros sufran daños irreparables porque los de otro clan pretenden exterminarnos. Cuando aplican violencia contra nuestros cuerpos, el escalofrío recorre nuestro espinazo. Ahí hay dolor, sangre, lágrimas, sufrimiento. Este miedo segrega tono primitivo. Pero ante esas posibles agresiones, como el bellaco atropello contra la juez Biedma , cabe cierta reacción y podemos defendernos. Es decir, si tú vienes con un cuchillo, yo pillo un revólver; y si tú sujetas un revólver, yo agarro la metralleta Thompson; y si coges una metralleta, yo trinco una... Ver Más