Uno de los trabajos del futuro en China consiste en ponerse unas gafas y convertirse en robot. Cada movimiento humano sirve para entrenar a los humanoides que llegarán a las fábricas

Wait 5 sec.

En Shenzhen, operadores equipados con gafas de realidad virtual, sensores corporales y guantes hápticos controlan robots humanoides para enseñarles a doblar ropa, reponer estanterías o trabajar en fábricas. La paradoja es evidente: antes de sustituir determinadas tareas humanas, las máquinas necesitan que miles de personas les enseñen cómo hacerlas.