La IA parece vivir en la nube, pero su huella ya se mide como la de un país: energía, agua y tierra para sostener cada respuesta

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Cada consulta a un chatbot parece instantánea e invisible, pero detrás hay una infraestructura física gigantesca. Un informe de la Universidad de las Naciones Unidas advierte que los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial ya consumen energía, agua y suelo a escala nacional, y que el problema podría duplicarse antes de 2030.