Durante décadas, la escalada ocupó un espacio periférico dentro del panorama deportivo. Asociada a la montaña, comunidades relativamente pequeñas y a una práctica mucho más recreativa y aspiracional que deportiva, la escalada parecía reservada a quienes estaban dispuestos a recorrer kilómetros para encontrar una pared de roca o escenarios paradisíacos en medio de la montaña. En la práctica inicial primaban más los valores montañistas y la voluntad de abrir vías nuevas en espacios naturales únicos. Sin embargo, en unas pocas décadas, este deporte ha protagonizado una transformación sorprendente: ha salido de los entornos naturales para instalarse en el corazón de las ciudades y convertirse en uno de los fenómenos deportivos urbanos de mayor crecimiento en Europa.Seguir leyendo....