General Motors ha instalado medio centenar de brazos robóticos en su planta de vehículos eléctricos Factory Zero de Detroit mientras 1.300 de sus empleados siguen sin trabajo tras un despido que se vendió como temporal. La maniobra ha encendido al sindicato, que ve en la automatización una amenaza directa a su supervivencia.Los robots, fabricados por la japonesa FANUC, se encargan de acoplar distintos componentes a los coches durante el montaje, según recoge Ars Technica a partir de la información publicada por Crain's Detroit Business. El problema no es la máquina, sino el momento: GM no ha readmitido a ningún operario de los que mandó a casa en marzo, supuestamente de forma transitoria.La automatización avanza mientras la plantilla espera en casa Más de mil afiliados continúan en situación de "despido indefinido", según denunció James Cotton, presidente de la sección local 22 del sindicato United Auto Workers. Su argumento es de una lógica aplastante: la compañía podría haber llamado a parte de esos trabajadores en lugar de enchufar cincuenta robots. Aquellos ceses temporales vinieron precedidos de otros 1.200 despidos permanentes en la misma Factory Zero el pasado octubre.La maniobra de GM no es un experimento aislado, sino una corriente de fondo que arrastra a todo el sector. Stellantis y Ford ya despliegan brazos robóticos en sus cadenas estadounidenses, y Hyundai planea meter robots humanoides Atlas de Boston Dynamics (compró la empresa en 2020) en su planta de Georgia para 2028.Andrew Bergman, organizador sindical y uno de los despedidos, lo plantea como un choque de intereses. "El desarrollo tecnológico tiene la capacidad de hacer el trabajo más seguro para la clase trabajadora y de permitir a los trabajadores una semana laboral más corta sin perder salario", declaró Bergman. "Pero en manos de los jefes y los multimillonarios se usa para inflar beneficios y despedir a la gente."Ese choque se vio en directo en Detroit durante una misma semana de junio. Mientras en la Reindustrialize Summit los fundadores de startups prometían robots capaces de dotar a la industria de "fabricación sobrehumana", el congreso del UAW se abría con su presidente, Shawn Fain, alertando del peligro de la automatización masiva sobre el empleo y los salarios en plena escalada de la desigualdad.China lleva años corriendo esta carrera Xiaomi YU7 en color violetaMientras Estados Unidos debate, el este de Asia ya vive instalado en la "fábrica oscura": plantas con automatización casi total y una dotación humana mínima para supervisar y resolver imprevistos. La propia FANUC fue pionera, con una factoría que funciona a oscuras desde 2001. Dicho de otro modo, los brazos que ahora monta GM los construyeron en buena parte otros robots.Los últimos en sumarse son sobre todo chinos. La marca Jetour fabrica SUV en una planta sin luces en Fuzhou, y la firma de eléctricos de lujo Zeekr tiene en Ningbo una capaz de producir hasta 300.000 coches al año. Xiaomi va más allá y emplea más de 700 robots en su Hyperfactory de Pekín para sacar un eléctrico cada 76 segundos, donde además ya prueba a unos robots humanoides que llama "becarios".La distancia en cifras es difícil de digerir. China desplegó 2 millones de robots industriales hasta 2024, con 295.000 instalados solo ese año. Japón sumó 44.500 y Estados Unidos apenas 34.200 en el mismo periodo. Su último plan quinquenal coloca la inteligencia artificial y la robótica en el centro de la hoja de ruta hasta 2030, un país que ya convierte a los humanoides en mano de obra en sus líneas de montaje.No todo es color de rosa en el paraíso de la automatización total. La Institution of Mechanical Engineers recuerda que prescindir del operario crea vulnerabilidades nuevas: el humano detecta antes los fallos que en un sistema sin nadie al volante se descontrolan en segundos, y la ciberseguridad se vuelve un quebradero mayor cuando la plantilla es robótica. Aun así, muchas empresas hacen sus cuentas y prefieren unos costes laborales más bajos. Y mientras Detroit recorta producción de eléctricos tras la retirada del crédito fiscal de la Administración Trump, los chinos pisan el acelerador.