Esta fase inicial del Mundial está combinando lo mejor y lo peor del futbol en un solo escenario y a veces tiene algo inquietantemente familiar. No me pregunten el motivo, pero uno empieza viendo según qué partido, y acaba buscando en el banquillo a José Mourinho. En muchos encuentros, demasiados: estadios gigantescos, pantallas descomunales, millones de frigorías en aires acondicionados indecentes, himnos eternos, pausas comerciales infinitas... y pasas los noventa minutos rogando que, por favor, ocurra algo ni que sea por accidente. Seguir leyendo....