La paz auténtica y la profunda alegría, según León XIV: el mensaje del Papa que todo joven debería leer

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(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 21.06.2026).- En ocasión de la 50 edición de las Conferencias Juveniles de Verano de Steubenville (una serie de dinámicas y conferencias para escuelas secundarias católicas organizadas en toda Norteamérica por la Universidad Franciscana de Steubenville y socios como Life Teen) el Papa León XIV envío un mensaje sobre la paz auténtica y la profunda alegría. Se trata de un video mensaje corto pero muy profundo. Ofrecemos a continuación la traducción al castellano de las palabras del Papa:***Queridos amigos,me alegra saludar a todos ustedes mientras se reúnen en diversos lugares para las «Steubenville Summer Youth Conferences», en el año en que se cumple el cincuenta aniversario de estos encuentros. Como quizás saben, este año celebramos también el octavo centenario de la muerte de san Francisco. Dado que este evento está organizado por la Universidad Franciscana de Steubenville, he pensado que sería oportuno reflexionar sobre el mensaje que san Francisco podría dar a los jóvenes hoy. Creo que podría hablarnos de muchas cosas, pero especialmente de la paz auténtica y de la perfecta alegría, pues estos temas fueron una parte importante de su vida.Si en el siglo XIII hubierais encontrado a san Francisco por las calles de Asís, probablemente os habría mirado con una sonrisa serena y amorosa y habría dicho «Paz y bien». Así es como san Francisco solía saludar a las personas, y expresa uno de los deseos que llevaba en el corazón. También nosotros podemos preguntarnos: ¿deseo la verdadera paz para quienes entran en contacto conmigo? ¿Trato a los demás de un modo que les lleve paz? Ahora bien, podrían decir que esto no siempre es fácil. A veces nuestro comportamiento, incluso hacia quienes queremos mucho, puede traer frustración y conflicto en lugar de paz. Debemos tener presente que san Francisco logró sembrar paz no por sus propios esfuerzos, sino porque poseía dentro de sí la fuente de la verdadera paz. He repetido con frecuencia que la paz es un don de Dios, un don que recibimos cuando invitamos al Señor a entrar en nuestro corazón. Entonces somos llamados a convertirnos en instrumentos de su paz, llevándola a nuestras familias, a nuestras comunidades, a nuestros países y al mundo entero. Quisiera por tanto invitarlos a aprovechar los momentos de silencio durante esta conferencia para descubrir la paz de Cristo, que él prometió dar a sus discípulos (cfr. Jn 14, 27).San Francisco era también conocido como una persona particularmente alegre. Se alegraba de la belleza de la creación, de la bondad y la misericordia infinitas de Dios, de la conversión de los pecadores. Y sin embargo podría sorprenderles la manera en que una vez explicó qué era la perfecta alegría. Una tarde de invierno, mientras regresaba a pie a Asís con fray León, uno de los primeros miembros de la Orden franciscana, san Francisco comenzó a hacer una lista de las cosas en apariencia «buenas» que no conducen a la alegría perfecta. En un momento dado, fray León exclamó: «Padre Francisco, dime dónde se puede encontrar la perfecta alegría». Respondiendo, el santo describió una situación trágica que implicaba sufrir el frío, el hambre y el rechazo —lo contrario de lo que cabría esperar—, añadiendo luego que si esas dificultades eran acogidas con paciencia, sin quejarse y con amor hacia Dios, «esta es la perfecta alegría».Podríamos preguntarnos: ¿es realmente posible experimentar alegría en circunstancias tan difíciles? Es posible solo si nuestra vida está fundada en nuestra relación con Dios como Padre amoroso. De hecho, la alegría de san Francisco, la alegría de la que hablaba san Francisco, no puede encontrarse a través de dispositivos electrónicos, pasando horas delante de una pantalla o haciendo scroll sin fin cada día en las redes sociales. Estas actividades a menudo hacen malgastar tiempo precioso que podría emplearse en momentos de oración silenciosa, en cultivar amistades auténticas, en pasar tiempo de calidad con la familia, en aprender más sobre la fe, en estudiar o practicar deporte. La alegría nunca debe buscarse a través del consumo de drogas, el abuso de alcohol, la promiscuidad, las relaciones superficiales, la obsesión por nuestra imagen o cualquier otro tipo de comportamiento dañino. Sorprendentemente, tampoco puede encontrarse en bienes como la riqueza, la belleza, la fama o incluso la salud, porque un día dejaremos todo eso atrás.Solo el amor de Dios puede darnos una alegría verdadera y perfecta. Si estamos profundamente convencidos de que Dios se ocupa de nosotros como sus amados hijos, no estaremos confundidos ni desalentados, ni siquiera en las situaciones difíciles. Muchos de ustedes han escuchado desde pequeños que Dios los ama. Pero ¿lo creen de verdad? ¡Ustedes son preciosos a los ojos de Dios! (cfr. Is 43, 4). ¡Él los ama incondicionalmente! ¿Están seguros de esto? Si cultivan con él una relación de confianza, a través de la oración regular, a través de la recepción de los sacramentos, si se abandonan en sus manos, entonces la ansiedad, la tristeza y la soledad se desvanecerán mientras su gracia los colma y su amor inflama sus corazones. Este es el secreto para poder afrontar las circunstancias difíciles con una sonrisa. Abran sus corazones para descubrir esta realidad.El mensaje de san Francisco —y el mío— es, pues, sencillo: la verdadera paz y la perfecta alegría son dones de Dios que llegan cuando nos abrimos a Él y confiamos en su poder de transformarnos. ¿Qué podemos darle a cambio de un amor tan grande, de estos dones tan generosos? ¡Nada, salvo nosotros mismos! Hoy el Señor necesita misioneros que lleven la Palabra a quienes no lo conocen, hombres y mujeres santos que den vida a familias católicas amorosas, sacerdotes que sean padres espirituales y ministros de los sacramentos, así como religiosos y religiosas que den testimonio de la verdadera alegría de su Reino. Si tienen la sensación de que quizás el Señor los está llamando a una de estas vocaciones, no se encierren en sí mismos ni se alejen por miedo, sino den un paso adelante y digan al Señor: «Aquí estoy, envíame a mí» (Is 6, 8). Al mismo tiempo, no tengan miedo de hablarlo con alguien, un amigo de confianza, un sacerdote o una religiosa.Les deseo a todos una conferencia fecunda, orando para que en estos días sean colmados del amor de Cristo y conozcan a otros jóvenes que deseen entregar su vida totalmente a él y, al hacerlo, encontrar la verdadera felicidad. Encomendando a todos ustedes a la intercesión materna de Nuestra Señora, Causa de nuestra Alegría, invoco de buen grado sobre cada uno de ustedes las bendiciones divinas de paz y fortaleza.Y los bendiga Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén. Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.The post La paz auténtica y la profunda alegría, según León XIV: el mensaje del Papa que todo joven debería leer appeared first on ZENIT - Espanol.