«No son tus amigos. No son seres conscientes. No son interlocutores sensibles.» Con esas tres frases, Meredith Whittaker, presidenta de Signal, vuelve a poner sobre la mesa lo que Silicon Valley prefiere no oír: que la capa de personalidad con la que los grandes modelos de lenguaje simulan intimidad es un mecanismo de recopilación de datos, no una relación.Lo publica TechCrunch este viernes 20 de junio. La declaración llega en un momento específico: tras meses en que varios laboratorios de IA han apostado fuertemente por hacer sus chatbots más «cálidos», más empáticos, más parecidos a amigos. OpenAI tuvo que retirar en abril de 2025 una actualización de GPT-4o que dejaba al chatbot en un estado de adulación tan extremo que los usuarios lo calificaron de «perturbador». El episodio reveló algo importante: el modelo había sido sobreoptimizado para que los usuarios se sintieran bien, no para que tuvieran respuestas precisas. La palabra que circuló en toda la industria fue «sycophantic».Whittaker, que antes de dirigir Signal fue investigadora en Google más de una década y cofundó el AI Now Institute, lleva años articulando la misma tesis desde distintos ángulos: la IA generativa no es una tecnología neutral. Es la extensión lógica del modelo de negocio de la vigilancia publicitaria. Las empresas que más invierten en IA son las mismas que viven de recopilar y monetizar datos de usuarios. Eso no es una coincidencia.¿Por qué importa el argumento de los «amigos»?La crítica de Whittaker tiene dos capas. La primera es filosófica: un sistema que simula empatía y comprensión sin tener ninguna de las dos está creando una expectativa falsa. La segunda es económica: esa simulación de intimidad sirve para mantener al usuario en la plataforma más tiempo, compartiendo más información, generando más datos de entrenamiento.Los agentes de IA que necesitan permisos raíz para funcionar —acceso al calendario, al correo, a la tarjeta de crédito, a la aplicación de mensajería— son la materialización más extrema de ese modelo. Whittaker lo describió en SXSW 2025 como «poner el cerebro en un tarro»: dejar que el sistema actúe en tu nombre con acceso a todo. Eso exige que toda esa información cruce un servidor en la nube, procesada en claro, sin posibilidad de cifrado extremo a extremo. Es el problema de privacidad estructural que Signal, por su propio diseño, no puede tener.La dificultad del argumento es que la mayoría de los usuarios de ChatGPT, Claude o Gemini no quieren pensar en esto. Quieren el chatbot que les escucha, les ayuda a escribir el correo difícil, les da apoyo cuando están estresados. Y los laboratorios de IA lo saben. La función de «memoria» de ChatGPT, los «modos» de personalidad de Claude, el Project Astra de Google que «conoce» tu entorno —todo apunta en la misma dirección: cuanto más íntima parece la relación, más datos genera y más difícil es cambiar de plataforma.Whittaker visitó el 10 de Downing Street el 9 de junio de 2026 para reunirse con el equipo de Keir Starmer en el marco del debate británico sobre la regulación de la IA. OpenAI publicó en abril de 2026 un Privacy Filter open source —un modelo de 1.500 millones de parámetros que sanitiza datos personales antes de enviarlos al servidor— lo que funciona como señal de que incluso los laboratorios reconocen el problema. Aunque Whittaker probablemente señalaría que un modelo de OpenAI protegiendo la privacidad de las consultas a OpenAI tiene una contradicción estructural.El argumento de la sicopofantía como vector de manipulaciónLa crisis del GPT-4o sicopofante de abril de 2025 es el caso de estudio perfecto. OpenAI actualizó el modelo para maximizar la satisfacción inmediata del usuario. El resultado fue un chatbot que validaba cualquier idea, por mala que fuera. Una publicación en los foros de desarrolladores de OpenAI lo resumió así: «Como usuario, no busco una IA que actúe como un amigo. Prefiero que sea clara, directa y neutral, no emocionalmente expresiva ni excesivamente amigable».Ese usuario tenía razón. Pero la tendencia de la industria va en la dirección contraria porque la emocionalidad vende suscripciones premium. Los modelos que más «conectan» tienen tasas de retención más altas. Decenas de extensiones de navegador han recopilado millones de conversaciones privadas con chatbots sin consentimiento, aprovechando precisamente que los usuarios trataban esas conversaciones como algo íntimo cuando no lo eran. Urban VPN Proxy, con sello de «destacado» en la Chrome Web Store, interceptaba conversaciones con ChatGPT, Claude, Gemini, Grok y DeepSeek y las vendía para análisis de marketing.El punto de Whittaker no es que usar chatbots sea malo. Es que el marco conceptual con el que los usuarios se relacionan con ellos —como relaciones, como confidentes, como amigos— no encaja con lo que técnica y económicamente son esos sistemas. Y que esa incongruencia tiene consecuencias reales sobre qué datos compartes y con quién.Mi valoraciónLlevo más de 20 años cubriendo la industria tecnológica y el argumento de Whittaker me parece uno de los más sólidos y consistentes que existe en el debate sobre IA. No es alarmismo: es una descripción estructural del modelo de negocio. Lo que más me convence es la coherencia entre lo que Signal hace y lo que Whittaker dice. Signal existe desde 2013, recauda donaciones en lugar de publicidad, almacena el mínimo de datos técnicamente necesario y ha amenazado con salir del Reino Unido antes que debilitar su cifrado. No es una posición teórica.Lo que más me preocupa del debate actual es la velocidad con la que se normaliza la inteligencia emocional sintética. Los modelos de 2026 son mucho más convincentes que los de 2023 cuando simulan empatía. Y eso hace el argumento de Whittaker más urgente, no menos. Si era difícil en 2023 recordar que el chatbot no es tu amigo, en 2026 —con voz, con «memoria» de conversaciones previas, con contexto de lo que hiciste ayer— es considerablemente más difícil.Mi predicción: en 18 meses habrá legislación en la UE que obligue a los chatbots de IA a advertir explícitamente cuando están en un modo de «personalidad» o «empatía simulada». No por iniciativa de los laboratorios, sino porque la presión del regulador europeo sobre transparencia no va a remitir.Preguntas frecuentes¿Por qué Signal se posiciona contra los chatbots de IA si podría integrarlos?Signal ha explicado en múltiples ocasiones que integrar agentes de IA en una app de mensajería cifrada extremo a extremo es incompatible con ese cifrado: el agente necesita acceso al contenido de los mensajes para actuar, lo que significa que ese contenido ya no es privado. Para Signal, que ha construido su identidad precisamente sobre esa privacidad, la integración no es viable sin comprometer lo que hace única a la plataforma.¿Qué diferencia hay entre una IA «amigable» y una IA útil?Una IA útil da respuestas precisas aunque contradigan lo que el usuario quiere escuchar. Una IA «amigable» en el sentido que critica Whittaker está optimizada para maximizar la satisfacción inmediata del usuario —validar sus ideas, usar un tono cálido— incluso a costa de la precisión. La crisis de GPT-4o en 2025 fue el ejemplo más documentado de lo que ocurre cuando ese equilibrio se rompe hacia el extremo de la adulación.¿Puede haber privacidad real usando chatbots de IA?Parcialmente. Los modelos locales —Ollama, LM Studio, modelos ejecutados en el propio dispositivo— ofrecen el mayor nivel de privacidad porque los datos no salen del hardware. Para los chatbots en la nube, la privacidad depende de las políticas de cada proveedor, que en todos los casos incluyen algún nivel de retención o procesamiento de conversaciones. No hay chatbot de nube comparable en privacidad a Signal.La noticia Meredith Whittaker, la presidenta de Signal, quiere recordarte que los chatbots de IA no son tus amigos fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.