Quizá es la marea roja de noruegos que se despliega a las afueras del estadio Nueva York/New Jersey este lunes por la noche, madrugada del martes en España, en el Noruega-Senegal. Quizá el impresionante muro colorado detrás de la portería de Senegal. Quizá la espectacular trainera nórdica que deja en poca cosa las de la Real Sociedad y el Athletic. O quizá que asoma por el túnel la coleta insaciable de Erling Haaland, el vikingo del fútbol que más goles y miedo mete. Pero la verdad es que Senegal, en su segundo partido del Grupo I, sale acomplejada. Y acaba por perder el partido (3-2) y sus opciones en este Mundial, ante una Noruega ilusionante. Una de las torres noruegas, el atlético Alexander Sorloth, gana la primera pelota de cabeza y provoca un córner. No han pasado cinco minutos de partido y Noruega, con un arsenal ilimitado por arriba, ha lanzado cuatro córners. En el tercero, el central Kristoffer Ajer, está a punto de abrir el marcador de cabezazo. Senegal, contra la esquina, desde la esquina. No pasa mucho tiempo hasta que Noruega vuelve a rozar el gol. La zurda exquisita de Martin Odegaard, donde los vikingos siempre encuentran claridad, no acierta en un remate franco. Todavía es más grosero el error del exmadridista poco después, que estrella un remate abierto contra el cuerpo de Édouard Mendy. Senegal no tiene temperatura ni en el campo ni en la grada. Sus jugadores no van a ver a la famosa 12éme Gainde, la barra de animadores que no han podido viajar desde su país por las restricciones migratorias de la Administración Trump. «El Mundial no es lo mismo sin ellos, y nosotros estamos sin nuestro jugador número doce», protesta Mohammed, un senegalés, desde la tribuna lateral baja. Solo Pape Gueye, el mediocampista del Villarreal, pone algo de juego en los Leones de la Teranga. Noruega percute, siempre lanzado por Odegaard. Tanto va el canto a la fuente que el balón acaba en la malla senegalesa. Lo logra quien no debía: Marcus Holmgren, que ha salido desde el banquillo por lesión de un compañero. Haaland hace de Holanda. Intimidaba sin tocar la pelota. En el recuerdo, el doblete contra Irak, donde apenas tuvo contacto con el esférico. En una misma jugada, lo toca dos veces y está cerca de marcar en ambas situaciones: un disparo angulado, sin portero, tras fallo de Mendy, y un remate de cabeza picado en el que ahora sí acierta el portero senegalés. Al descanso, los noruegos se van encantados a por otra cerveza en las tripas del estadio. La única preocupación está en el cielo. Durante el día ha habido tormenta en Nueva York y llueve con insistencia. Poco antes del comienzo del partido se ha suspendido el Francia-Irak en Filadelfia por la presencia de aparato eléctrico. El protocolo estadounidense, al que se adhiere la FIFA, impone suspensión de 30 minutos si hay rayos en un radio de 13 kilómetros. Si en ese periodo de tiempo hay más rayos, se pone el contador de 30 minutos a cero. Para fortuna del espectáculo, no aparece la temida tormenta. Y hasta deja de llover. Lo que no para es la tromba de goles que ha prometido Haaland para este Mundial. Entre retrasos, Kylian Mbappé ha firmado un doblete para Francia . Quizá le llegan las noticias en el vestuario al gigantón noruego. En el primer balón que toca en la segunda parte, se la cruza a Mendy para el segundo de Noruega. Poco después recorta para Senegal Ismaila Sarr, en un aviso del principal problema que va a tener Noruega para lograr algo grande en el Mundial: la debilidad de su defensa . Una sinfonía de tropiezos y falta de contundencia permite que el balón acabara en la portería. Pero Haaland va a lo suyo y vuelve a marcar cinco minutos después. Es su cuarto gol en dos partidos de Mundial, uno por detrás de Lionel Messi . Pero no va a ser menos que Mbappé. Imposible saber cuántos más anotará. Noruega ya está clasificada y tiene una capacidad ofensiva, entre la calidad de Odegaard y la voracidad de Haaland, para soñar. Desde el fondo dominado por el rojo noruego, el partido se vive con júbilo. Se grita, se baila, se bebe. Es quizá la mejor afición del Mundial y se lo están pasando de lo lindo. Sus jugadores responden con un acoso a Senegal. Los africanos se libran de milagro de una goleada de escándalo, entre trallazos de Haaland y balones salvados en la línea. En la prórroga, la defensa noruega vuelve a blandear. Permite el segundo de Senegal y que la pequeña parroquia africana, que ya se veía fuera del Mundial, vuelve a soñar. A Noruega le tiemblan las piernas y Moussa Niakhaté la tiene en un córner. Pero el balón se marcha fuera, lo mismo que Senegal. Odegaard cogió la batuta hasta en la celebración. Le sacaron un tambor, desde el que marcó el ritmo del 'remo vikingo' para sus compañeros y para las decenas de miles de seguidores noruegos en las gradas. Un final espectacular. «Qué alegría, nada como vivir esto», dice exultante Bjarne, que ha venido con su familia desde Noruega. «Ahora nos vamos a Boston». Allí encontrarán este viernes el mejor duelo posible entre goleadores: Haaland contra Mbappé . Un festival de la pólvora que decidirá quién se queda con el primer puesto del grupo.