Un modelo que analiza el transporte y el sistema energético de 33 países europeos concluye que electrificar rápidamente las carreteras sería la alternativa más barata incluso sin imponer objetivos climáticos. En su escenario óptimo, los coches eléctricos representarían el 94% de la flota en 2040 y sustituirían por completo a los de combustión cinco años después.