Los herederos del cassette: nuevos artistas del pop argentino que enamoran al público de 50

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Hubo un tiempo que fue hermoso, en el que el pop fue libre de verdad. En el que la música popular argentina se convirtió en el sonido de una época y una tierra. Para establecer un período, podríamos hablar de aquellos años cuando la censura empezó a quedar atrás, los 80: alfonsinismo, democracia, el camino hacia un nuevo Campeonato del Mundo de la mano de Diego Armando Maradona. Las canciones, las simples canciones, coparon la frecuencia modulada. Charly García y su luz solista con obras como Pubis angelical, Clics modernos, Piano bar y Parte de la religión. La modernidad de Soda Stereo con su pulso rockero, sus rulos y sus aires de chetos. Virus y la sensualidad personificada en Federico Moura. La rebeldía rosarina del pibe Fito Páez. Andrés Calamaro y al abrazo cancionero con Miguel Abuelo. Luis Alberto Spinetta y su madurez como solista. Aquellos héroes de la canción. Una generación con el don o el oficio, o ambos, de hacer piezas pop. Un ejército de almas sensibles que definió el sonido de una generación y la dinámica de una industria. Pero además, configuró una forma argentina de entender el pop, trascendiendo su tiempo. Un poder que no toda obra de arte logra despertar.Hoy, cuarenta y tantos años más tarde, una camada de músicos parece recuperar esa tradición pop. Después de años en los que el rocanrol se volvió masivo —de Los Redondos a Viejas Locas y Callejeros—; el indie asomó la cabeza desde los sótanos —con El Mató a un Policía Motorizado al frente— y los hijos e hijas de internet inventaron su manera de sonar y hacer música —entre el rap, el reggaetón y el trap, de Duki a María Becerra— volvió el pop entendido como la canción popular de autor, que coquetea con melodías y pulsos rockeros, con líricas que construyen discos conceptuales y cuentan historias.Ese pop que hoy desafía la lógica de contar likes, views y followers. Que no aspira a los rankings de las FM porque sabe que la cosa masiva pasa por YouTube, Spotify y TikTok. En ese marco, a una generación ajena a su calendario parece importarle algo más que los números digitales: la canción sobre todo. El Zar, nocturno románticoCuando nació El Zar, alrededor de 2013 o 2014, Facundo Castaño Montoya y Pablo Giménez querían hacer una banda, pero no tenían mucha idea de cómo. Empezaron con una suerte de DJ set electrónico al que después le metieron pistas de canciones propias, en las que cantaba Facundo. El siguiente paso fue sumar unas guitarras. Un par de años más tarde, en 2016, grabaron su primer disco, Círculos, y ahí el sonido se hizo más orgánico, de banda. En ese periodo embrionario, se configuró su identidad. Esa combinación de electrónica y pulsión cancionera, algo narcótica, nocturna y pop. Esa estética los posicionó dentro de un grupo de bandas de la misma estirpe: Bandalos Chinos y Silvestre y la Naranja por citar a dos de las más relevantes. En esos grupos hay una manera, un estilo 2020, de entender y de hacer pop. Una forma que en primera instancia es bailable y electrónica, pero que no suena a pista ni es artificial. Es analógica. Con guitarras al frente. Con colchones de teclados que rebotan. Y con estribillos hiteros. Una forma que los emparenta con el pop ochentero de Virus y los Abuelos de la Nada. El link es tan evidente que Cachorro López los hizo parte de Éxtasis total — Las canciones de los Abuelos de la Nada, el disco que reversiona los hits de la banda y contó con su producción. Para llegar a lograr su personalidad, el dúo —que a esta altura es una banda— tuvo un recorrido de más de una década y cuatro discos. Quizás, A los amigos, el segundo LP, de 2018, fue el primer paso hacía el presente, cuando El Zar empieza a sonar como El Zar y los estribillos ganan fuerza.En esa progresión que tuvieron de un disco a otro, el siguiente paso fue el que los catapultó a su hoy. El álbum que les dio un status más masivo, les abrió puertas a lugares más grandes —Gran Rex, por caso— y lejanos —en 2024 giraron por América Latina y España—, fue Río hotel. La obra cumbre. Un compendio de hits cancioneros donde reviven el swing de los Abuelos en clave de Instagram. “Apasionado”, “Qué pasa?”, “Bandido”, “El momento perfecto”, son el comienzo del disco pero también podrían ser su top radial. Después de eso, no se quedaron. Con su último disco, Paradiso, en 2025 llevaron su búsqueda a un lado más sensual, más orgánico aún. Románticos, pero quizás, no tan nocturnos. Ahora parecen contemplar el amanecer, con la calma que da ver salir el sol. Malena Villa, íntima y espacial“Pienso de más, más de lo que me gustaría”, dice Malena Villa en el video anticipo de su último álbum, Pensamientos, de 2023. Un video casero de un minuto y pocos segundos. Se la ve a ella de niña. Después se la ve ahora: con amigos, sola, en la playa, enamorada y triste. Haciendo canciones. Fumando, pensando. Ese video es un prólogo, una poesía o un ensayo sobre esas cosas en las que piensa. Las emociones, ideas, situaciones de las reales y de las imaginarías, que convertiría en canciones. Podría ser Alicia en la puerta del País de las Maravillas. La chica de espaldas, con el corte estilo carré, la falda blanca y amplia que le cae por debajo de las rodillas. La chica, en el sendero rodeado de flores gigantes, frente al estallido de un cielo azul, una nube blanca, violeta, rojiza, amarilla: explosiones de flores. La portada de Pensamientos, el segundo disco de Malena, es una entrada representativa de lo que guarda. Las canciones del álbum son coloridas, personales y pop. Malena Villa, nacida en diciembre de 1995, es inicialmente actriz —El ángel, El lobista, 100 días para enamorarse, El llanto, entre otras producciones— y se lanzó a la música de forma oficial en 2020 con su primer disco, La negación, aunque antes tuvo colaboraciones con músicos, como Toto Ferro. En su debut solista mostró un sonido más suave que del presente, pero con esa cualidad de moverse en la galaxia pop del beat bailable, la balada y la hibridación con géneros como el funk, el folclore, los boleros, el rap. Malena Villa, la actriz y compositora, en 2023 fue elegida por Alicia Keys para abrir su show en el Movistar Arena. Cuando le avisaron de la fecha, decidió preparar un set a piano solo; ella, las teclas y la fuerza de sus canciones. Empezó a ensayar así, pero una noche no pudo dormir porque la atormentó la idea de que estaba cometiendo un error y terminó agregando un guitarra al set. Esa combinación de teclas y guitarras le sientan bien a la música de Malena, es la base que vuelve dúctiles sus canciones. Las hace bailables y espaciales, pero también intimas. En algún sentido, definen su personalidad. Luca Bocci, indie de alma sensibleDentro de las eras del rock-pop argentino, el indie es un movimiento post Cromañón. Una música de líricas costumbristas, guitarras neoyorkinas y nombres de bandas raros para la época; El Mató a un Policía Motorizado como piedra fundacional. Justamente en La Plata, cuna de esos “motorizados”, se engendró el indie que luego iba a expandirse por otros territorios; tanto, que llegó hasta la Cordillera. Ya en 2015 nacieron bandas que refrescaron esa escena: Mi amigo invencible, Perras on the beach, Mariana Paraway. Y entre ellos, también estaba Luca Bocci, que por esos años tenía apenas 22 y era el más joven entre los mendocinos. Luca apareció con su primer disco, Ahora, en 2017. Se destacaba entre sus coterráneos —y también entre las bandas porteñas y platenses— por tener una sensibilidad para el amor que cruzaba su obra. Un alma sensible, con una tonalidad de voz frágil, entre Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta. Su música tenía un sonido roto, de guitarras que se abrían en rasgueos y distorsión, esos rasgos que lo hacían indie. Es más, la concepción de su disco lo era: un álbum grabado con lo justo y necesario en la casa de Luca con cosas prestadas, una computadora, una placa y un par de micrófonos. Eso lo convertía aún más en un disco de autor. Íntimo e intimista, cancionero y enamorado. El álbum fue una presentación dorada que lo llevó a aparecer en suplementos, a sonar en festivales, a tocar y tocar.Cuando Luca estaba conquistando la escena con su fragilidad compositiva y su sonoridad quebrada, en 2018 su nombre apareció entre algunas denuncias de acoso en el mundo del rock. Entonces, adiós, cancelado. Su respuesta fue un posteo que decía: “En toda esta tormenta, me toca reconocer que sí he hecho cosas mal a lo largo de mi adolescencia: he sido machista, he sido desconsiderado y he tenido actitudes en mis relaciones pasadas de las cuales recapacité mucho”, decía el inicio de su descargo. “Pero si de algo estoy muy seguro, es de que nunca cometí abuso sexual ni fui contra la voluntad de ninguna persona”.Al tiempo, Luca se retiró del circuito musical argentino, se fue a vivir a Barcelona y desde ahí publicó su segundo disco, No pierdas la simpleza. Esas canciones son de la misma época que las de Ahora. Suenan algo más armadas, menos psicodélicas pero más duras desde lo testimonial, pero mantienen el gen de Bocci: el intimismo y la voz al borde de quebrarse. La cuota de autor.En Barcelona, Bocci se reinventó. Los giros en su vida se advierten en Paraiso corazón, su disco de 2023. Un disco más pop y luminoso, con canciones que parecen atravesar el universo indie y abrazar una sintonía de mayor alcance. Un disco igual de hermoso que los anteriores, pero de un nuevo Luca.Los Besos, poesía emocionalLos Besos es un ensamble pop hipnótico. Empezaron en 2011 como un dúo, luego se hicieron trío y hoy son siete integrantes. Siempre, al frente, estuvo Paula Trama, poeta, licenciada en Letras y profesora de talleres de composición de canciones. Paula es, ante todo, escritora. De ella nace la cosmología de la banda. Un universo indie-pop de confesiones costumbristas, simples y poéticas. Las canciones son pequeñas piezas de arte emocional. Cuentan historias de ensueño, confesiones de amor, dolores. También hablan de diversidades y política.Paula las canta con una voz tierna y grave que recuerda a Rosario Bléfari y hace pensar que se puede ser firme y dulce. A esa voz, su voz, la cobija una orquestación cristalina, de delicadeza pop y extravagancia indie. Hay melodías suaves, climas, texturas, silencios.Ese sonido que ya es reconocible se fue construyendo con los años. Pero, a decir verdad, hay una línea de continuidad que se extiende entre los discos Copia viva y Matemática sentimental, tercero y cuarto del grupo, en los que nacen Los Besos de hoy. El primero, de 2018, fue la reconstrucción de los años iniciáticos en búsqueda de la formación más o menos definitiva y de un sonido propio. El segundo, editado al año siguiente, fue un disco de despegue y consolidación, tanto de masividad como de identidad y a la vez es el más ecléctico: una muestra de la amplitud de la banda. Hasta que llegó el siguiente álbum pasaron muchas cosas —la primera oleada del feminismo, la pandemia y un nuevo gobierno, por ejemplo—. Nadie duerme, salió en diciembre de 2023 y es una obra madura, sensible y más pop, como un beso dado en el momento justo.Joaco Burgos, hijo del rock nacionalA comienzos de este mes, horas después de la muerte del Indio Solari, Joaco Burgos interpretó en la TV abierta argentina “Tarea fina”. Solo con su teclado, vestido de negro y con la imagen del homenajeado de fondo. La versión fue limpia y humana, tan respetuosa que conmovía. Ese puede ser uno de los rasgos de la música de Burgos —porteño, 21 años, tres discos en su haber—: ser respetuosa y conmovedora. Este artista es un hijo del rock nacional. Un niño que toca el piano desde los cinco porque su madre estudiaba el instrumento, que a los 12 recibió de regalo Filosofía barata y zapatos de goma, de Charly García y le tomó la cabeza. Mientras sus amigos de la secundaria se subían a la ola del trap, él aprendía del rock nacional: Charly, Fito, Spinetta, Abuelos de la Nada. Dice que es un nerd, que sabe todo de sus ídolos. A los 15, en plena pandemia, compuso sus primeras canciones y las subió a Instagram. En 2022 las convirtió en un disco, Mi lugar. Siguió componiendo y empezó a conocer de cerca a personajes clave del rock de la Generación X: Fernando Samalea, el Zorrito Von Quintiero, Fito y otros. Hizo su segundo disco, Frenesí, en 2024, y lo presentó en el Teatro Astros. Ese mismo año se sumó a Beats Modernos, la banda que formaron los músicos de Charly García —además de Samalea y el Zorro, la voz está a cargo de Rosario Ortega— para celebrar sus canciones. Este año editó su nuevo disco, Desde lo profundo, que va a presentar en el teatro Coliseo. ¿Pero cómo suena Joaco? A todo eso. Suena a rock nacional. A canción argentina. Es un flashback que pasa por el García de Serú Giran, por el Fito de El amor después del amor, por la lírica de historia de Spinetta. Y todo con el aire fresco de los tempranos veinte.