Los vecinos que dicen basta al Sevilla y al Betis: la guerra vecinal contra los nuevos estadios de la capital andaluza

Wait 5 sec.

Las grúas ya se han instalado sobre Heliópolis como quien planta bandera. Desde hace meses forman parte del paisaje de la Avenida de la Palmera, del ruido de fondo, de esa banda sonora metálica que acompaña el café de la mañana y la siesta de la tarde. Para muchos aficionados, esas grúas son la promesa de un estadio Benito Villamarín modernizado, de un Betis más grande. Para los vecinos que las ven cada día desde su ventana, son otra cosa: el principio de algo que no han pedido y que no pueden detener.A varios kilómetros, en Nervión, todavía no hay grúas. Por haber, no hay ni venta del club y mucho ruido. Pero hay planos. Y los planos, cuando llegan a las comunidades de propietarios y a los bares de toda la vida, generan el mismo nerviosismo que las máquinas.Dos barrios que jamás habían compartido nada más allá del fútbol —y a veces ni eso— han terminado uniéndose bajo una misma causa. Así nació Barrios Ahogados, la plataforma que agrupa a asociaciones vecinales de Heliópolis, Los Bermejales, Pedro Salvador, Sector Sur, Ciudad Jardín, Nervión, Gran Plaza, Reina Mercedes y Huerta de Santa Teresa. El nombre no es casual. Resume exactamente lo que sienten: que el aire se les está acabando.El origen de ambos proyectos es el mismo papel: una modificación del PGOU aprobada en el pleno municipal en septiembre de 2024, con el respaldo de PP, PSOE y Vox, que multiplica los usos permitidos en las llamadas "instalaciones deportivas singulares" de la ciudad —el Villamarín, el Sánchez-Pizjuán, La Cartuja y el pabellón de San Pablo—. Lo que para el Ayuntamiento es un "proyecto de ciudad" capaz de convertir esos recintos en "iconos urbanos", para los vecinos es la puerta de entrada a un modelo que temen desde hace meses.Antonio Fajardo, presidente de la asociación de vecinos Parque Vivo del Guadaíra.-FERNANDO VÁZQUEZEl barrio que teme dejar de ser barrioAntonio Fajardo lleva dos años metido hasta el cuello en expedientes urbanísticos que la mayoría de sevillanos no leerá jamás. Como presidente de la asociación de vecinos Parque Vivo del Guadaíra, se ha convertido en la voz que mejor explica, número en mano, por qué Heliópolis está en pie de guerra justo cuando las obras del Villamarín ya son una realidad física, visible, imparable: "Nadie está en contra del Betis ni de que reforme su estadio", aclara antes de entrar en materia, como quien necesita despejar el malentendido antes de que se instale. Lo que cuestiona es la operación urbanística que acompaña a esa reforma y la explica con el detalle de quien se ha pasado meses leyendo cada página del expediente.La parcela en disputa, recuerda, no nació para esto. Era un espacio libre, clasificado originalmente como parque, hasta que en 2006 se recalificó como equipamiento deportivo. Sobre esos 10.000 metros cuadrados —el único suelo libre que queda ya en todo el entorno del estadio— el Ayuntamiento cede al Betis una edificabilidad de 32.000 metros cuadrados, más cuatro plantas de aparcamiento subterráneo.Fajardo observa las obras del nuevo Benito Villamarín.-FERNANDO VÁZQUEZLo que más indigna a Fajardo no es únicamente el tamaño de la cesión, sino su precio: "El cálculo de la compensación se ha hecho con unos módulos del catastro del año 2001", denuncia, "y es de risa". Según los peritajes que la plataforma ha encargado a especialistas externos, el valor de mercado real de esa parcela sería nueve veces superior a lo que el club terminará compensando al consistorio. A cambio, el Betis cede mil metros cuadrados de suelo edificado dentro del propio mamotreto —el edificio anexo al estadio— y una planta de aparcamiento para el Ayuntamiento."¿Por qué estamos en contra los vecinos?", se pregunta él mismo, retóricamente, antes de responder. Porque se trata ya de un espacio saturado, congestionado, justo al lado de un barrio protegido por su valor como ciudad jardín, representativa de la arquitectura de la Exposición Iberoamericana de 1929. Y porque nadie, ni siquiera el propio club, parece tener claro qué va a ocupar finalmente ese suelo."Ahora el Betis dice uso hotelero, ahora dice que a lo mejor uso deportivo", apunta Fajardo, "pero lo cierto es que la figura urbanística que ha aprobado el Ayuntamiento —un estudio de ordenación y mejora urbana— le permite hacer lo que quiera. Aunque diga que va a hacer esto, si el negocio no va bien puede hacer otra cosa totalmente distinta: un centro comercial, ocio, restauración". Esa incertidumbre, sostiene, es precisamente "uno de los trucos de esta historia".Lo que vendrá detrás, advierte, es una lista ya conocida por cualquiera que viva cerca de un gran equipamiento de uso terciario permanente: problemas de inseguridad, de accesibilidad, congestión de tráfico, contaminación acústica y, probablemente, lumínica. Un agravante más en un barrio que, por su cercanía al puerto, ya arrastra una calidad del aire que deja que desear. "No entendemos que sea una mejora urbana", resume. "Al contrario: nos va a cambiar la calidad de nuestras vidas".Dos años de alegaciones y un salto a la vía penalLo que arrancó como una protesta vecinal se ha convertido, con el tiempo, en una batalla jurídica de largo recorrido. Cuatro asociaciones del entorno del estadio se unieron para presentar alegaciones contra la modificación del planeamiento y la nueva figura urbanística, en un proceso que se ha alargado más de dos años. "No han servido de nada", reconoce Fajardo sin rodeos.Agotada esa vía, la plataforma ha entrado en los tribunales de la mano de Ecologistas en Acción, cuyo respaldo les permite litigar sin afrontar las fianzas elevadas que normalmente exige un proceso de este tipo. Han recurrido tanto la modificación del planeamiento como el estudio de ordenación, apoyándose en informes de peritaje encargados a especialistas independientes. Hay además, según ha podido confirmarse, recursos presentados contra la licencia de obra y contra la licencia de parcelación del proyecto, al considerar que se ocupan parcelas de dominio público que nunca llegaron a desafectarse administrativamente de su uso colectivo.Y ahora llega el siguiente paso, el que todavía no se había contado: según anuncia Fajardo, la plataforma presentará en los próximos días una denuncia por la vía penal, centrada en el lucro derivado de la operación y en el daño que, a su juicio, se inflige al patrimonio municipal.El impacto sobre las viviendas situadas junto al gol norte o las casas del 29 podría incumplir convenios internacionales.-FERNANDO VÁZQUEZHay además un argumento que Fajardo maneja con especial firmeza y que pocas veces aparece en el debate público sobre estadios: la seguridad. España firmó el Convenio de Saint-Denis, del Consejo de Europa, sobre seguridad en grandes eventos deportivos. Ese convenio, recuerda, establece que la seguridad de un partido "no empieza en la puerta de los estadios": exige un entorno con espacios libres suficientes para garantizar una evacuación y un acceso seguros. Al ocupar la última parcela libre que queda junto al Villamarín, sostiene Fajardo, "se deteriora gravemente la seguridad de los asistentes a los eventos deportivos".Una alianza que cruza la ciudadLa unión con Nervión no ha sido casualidad ni gesto simbólico. Fajardo explica que varias asociaciones vecinales de ese distrito viven, con dos años de retraso respecto a Heliópolis, exactamente el mismo proceso: la ocupación de un parque de 10.000 metros cuadrados situado en el gol sur del Sánchez-Pizjuán.La compensación que ofrece el Sevilla FC a la ciudad, según relata, consiste en ceder una parte de su ciudad deportiva, ubicada en la carretera de Utrera, lejos de cualquier vecino que pueda disfrutarla. "Es de risa la contrapartida que ofrece el club", resume.Si bien las obras aún no han comenzado, la reforma del Pizjuán ha levantado ampollas en el barrio de Nervión.-FERNANDO VÁZQUEZCompartir esa información entre barrios tan distintos ha tenido, además, un efecto colateral: la acusación de ser "antibéticos" o "antisevillistas" que algunos les lanzan en redes sociales. Fajardo la rechaza de plano: "Queremos que el Betis tenga un estadio mejor. No nos oponemos a eso en absoluto". Lo que denuncia es otra cosa, más incómoda de contar: "Hay mucha demagogia en torno a estas historias ligadas al fútbol, y en Sevilla la prensa no se ha hecho eco de nuestros argumentos, porque una actitud servil frente a los equipos de fútbol moviliza a mucha gente y muchos votos. Los medios y el Ayuntamiento le han puesto la alfombra roja a proyectos que son exclusivamente lucrativos para sociedades privadas".Nervión y el miedo a perder el último pulmónYa el pasado mes de abril, Águeda Lara, presidenta de la Asociación de Vecinos Gran Plaza, advertía de que el proyecto de ampliación del estadio Sánchez-Pizjuán podía alterar de forma significativa el equilibrio urbano de Nervión. Entonces alertaba de la posible pérdida de más de 10.000 metros cuadrados de espacio libre junto al estadio y recordaba que el distrito se encuentra entre las zonas de Sevilla con menor disponibilidad de zonas verdes por habitante.Lara considera que la discusión ya no se limita únicamente a cifras o planeamientos urbanísticos, sino que afecta directamente a la forma de vivir el barrio y al modelo de ciudad que se quiere construir en el entorno del estadio. La dirigente vecinal teme que la remodelación del estadio termine alterando la fisonomía de una zona históricamente residencial y afecte también al comercio tradicional que durante décadas ha dado personalidad propia a Nervión.El conflicto ha terminado incluso por instalarse entre numerosos aficionados sevillistas que residen en la zona. Algunos reconocen sentirse divididos entre el vínculo emocional con el Sevilla FC y la preocupación por las consecuencias que la ampliación pueda tener sobre el entorno en el que viven.Fachada del estadio Ramón Sánchez Pizjuán.-FERNANDO VÁZQUEZLo que dice el AyuntamientoFrente a las críticas de vecinos y ecologistas, el Consistorio mantiene una posición muy diferente. Fuentes municipales confirman que la Gerencia de Urbanismo está elaborando un informe en respuesta al recurso presentado por Ecologistas en Acción, aunque recuerdan que será la administración la que comunique oficialmente sus conclusiones cuando el procedimiento concluya. El mensaje de fondo, mientras tanto, es claro: a día de hoy, tanto el Real Betis como el Sevilla FC disponen de las licencias necesarias para ejecutar las obras planteadas. El gobierno local, con su alcalde José Luis Sanz a la cabeza, ha defendido en diversos foros, además, que los nuevos espacios incluirán una gran plaza pública revitalizada y un aumento de las plazas de aparcamiento, lo que a su juicio "mejorará también la seguridad del entorno".Esa respuesta no ha servido para rebajar la tensión. Los vecinos insisten en que el problema no es la validez de una licencia, sino el resultado final de una operación que consideran incompatible con la vida cotidiana de quienes ya están allí.Mucho más que fútbolLo que ocurre en Heliópolis y Nervión ha dejado de ser, hace tiempo, una discusión sobre césped o gradas. Es la historia de un puñado de vecinos que se han convertido en peritos, abogados y portavoces sin haberlo pedido, solo porque nadie más parecía dispuesto a leer la letra pequeña de un expediente.Entrada al actual estadio Ramón Sánchez-Pizjuán.-FERNANDO VÁZQUEZLas grúas siguen levantando el nuevo Villamarín, a pesar de los retrasos acumulados, mientras los tribunales estudian los recursos. La próxima semana, si Fajardo cumple lo anunciado, el caso dará un salto que pocos esperaban: de las alegaciones administrativas a los juzgados de lo penal. Sea cual sea el resultado, algo ya ha cambiado para siempre: dos barrios que nunca se habían mirado de frente, más allá de los derbis, han aprendido a hablar el mismo idioma. Y ese idioma, guste o no a quienes diseñan el futuro de la ciudad desde una mesa de despacho, también merece ser escuchado.La próxima vez que pasen por delante del Villamarín o del Sánchez-Pizjuán, miren un poco más allá de las gradas, detrás del gol norte bético o del fono sevillista. Ahí, entre los bloques de toda la vida, se está decidiendo qué ciudad quiere ser Sevilla dentro de veinte años.