Pasaporte a la fama

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La primera vez que fuimos a la comisaría para conseguir el DNI, a los catorce años, creo, acudimos como quien visita al médico por una tecla engorrosa o como quien mira una obra de arte sin entender nada. A los catorce años no eres ni carne ni pescado, ni animal ni mineral, y el universo, en general, te importa un soberano bledo. Lo de aquel primer DNI suponía un trámite aburrido de cola interminable y tú, con o sin DNI, seguías siendo un simplón muñeco de pasmo y atolondramiento. Sin embargo, agenciarte un pasaporte equivalía a imaginar lugares exóticos, islas misteriosas , cordilleras nevadas e incluso montañas de locura con perfume a Lovecraft. El pasaporte representaba el billete hacia la... Ver Más