Bielsa se despide fiel a sí mismo: sentado sobre su nevera y con un polémico cambio de Valverde

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Marcelo Bielsa tenía claro que en caso de no clasificarse era su último partido con Uruguay. Su contrato concluye tras el Mundial y él mismo anunció hace tiempo que no continuará. Y su despedida fue una declaración de principios. Hasta el final el rosarino fue fiel a sí mismo. Se pasó el partido sentado sobre su nevera y no le tembló el pulso para hacer un cambio polémico con Valverde porque entendía que era lo que necesitaba el equipo. Se fue en el descanso Muslera, el portero que con sus errores ha eliminado a la celeste. Bielsa reveló que el guardameta se lo pidió. El que no reclamó irse fue el capitán Fede Valverde, relevado en el 56 en lo que hay que los periodistas uruguayos presentes en el Akron interpretaron como un ajuste de cuentas con el líder de la rebelión del vestuario contra él. Dos horas y media antes del partido, cuando el estadio todavía estaba vacío, los primeros uruguayos que pisaron el césped fueron los utilleros. Lo primero que colocaron en el área técnica fue la pequeña nevera sobre la que Bielsa se sienta durante los partidos. Es su particular banquillo, alejado de todos. Poco después apareció Luis de la Fuente. El seleccionador español se agachó nada más entrar al campo, tocó el césped con una mano y se santiguó. Es profundamente religioso. Bielsa, en cambio, llegó al área técnica sin ceremonias, como siempre. Levantó la vista hacia las gradas, comprobó el ambiente y comenzó a caminar en silencio hacia la nevera. Antes del encuentro ambos técnicos se fundieron en un abrazo y conversaron durante unos instantes. Les une una vieja relación. Cuando De la Fuente atravesaba una etapa sin equipo en 2011 acudió con frecuencia a Lezama para asistir a los entrenamientos del rosarino. «Tengo cinco meses grabados», confesó la víspera el riojano sobre aquellas lecciones de fútbol. Luego empezó el partido y apareció el Bielsa de siempre. Preparó una presión feroz para asfixiar la salida de balón de España. Rodri y Pedri apenas encontraban un segundo para pensar porque siempre tenían una camiseta celeste encima. El grave problema de Bielsa es que se han deteriorado sus relaciones con buena parte de su vestuario después de 39 intensos meses. Las noticias de los medios uruguayos hablaban la víspera de reuniones tensas, de reproches de algunos jugadores por la intensidad de los entrenamientos, por las interminables sesiones de vídeo y por unas normas de convivencia que muchos jugadores consideraban excesivas, como impedir la presencia de familiares en el hotel desde 24 horas antes de cada partido. Bielsa respondió como acostumbra. Reunió a toda la plantilla antes del encuentro y habló durante 48 minutos. Les recordó que ya habían intentado apartarlo en otras dos ocasiones, tras los conflictos con Luis Suárez y con Nahitan Nández. También reivindicó su trabajo con varios internacionales. Según trascendió, algunos futbolistas se levantaron y abandonaron la reunión antes de que terminara. José María Giménez trató de detenerlos sin éxito. Durante el partido Bielsa permaneció casi siempre sentado sobre su inseparable nevera. Solo se levantaba cuando Uruguay encontraba espacios para correr. Entonces reclamaba a los suyos que siguieran insistiendo. Detrás de él, los suplentes abandonaban una y otra vez el banquillo para animar a sus compañeros, mientras el cuarto árbitro los obligaba constantemente a regresar a su sitio. La noche uruguaya se rompió con otro grave error de Muslera. Un disparo sin demasiada potencia de Álex Baena acabó dentro de la portería y Bielsa explotó de desesperación. En el descanso el portero pidió irse. El argentino explicó que «cuando tomé la decisión de convocar a Muslera, fue una opción muy pensada. No puedo eludir la valoración de la participación de Muslera, pero venía de un año magnífico y es un jugador de mucho carácter. Le mantuve en el once porque no quería retirarle confianza, sino mantenérsela». Y en el minuto 56 tomó su decisión todavía más explosiva. Sustituyó a Federico Valverde, capitán de Uruguay y uno de los futbolistas señalados por la prensa del país como líder de la oposición interna al seleccionador. El madridista abandonó el campo abatido y necesitó el consuelo de sus compañeros en el banquillo. En la tribuna de prensa, varios periodistas uruguayos compartían la misma sensación: «Va a haber lío en el vestuario». «Lo relevé por Viñas para dar potencia al ataque», dijo escueto. Mientras en las gradas cantaban «Cabo Verde, Cabo Verde» en el tramo final, el ambiente se encrespó. Los hinchas uruguayos se lo reprocharon a los locales. La tensión se trasladó al campo. El argentino permaneció al margen de la tangana entre los suplentes tras la roja a Canobbio por la durísima entrada a Cubarsí. Cuando todo terminó, se fue al túnel de vestuarios sin esperar a sus jugadores. De la Fuente le buscó para saludarle. Un apretón de manos y el adiós de El Loco a Uruguay. En el césped quedaron los orgullosos jugadores charrúas llorando su eliminación.