Resulta realmente sorprendente la facilidad con la que el ser humano confunde con demasiada frecuencia la realidad con el deseo, un tema este que ha sido reiterado en la historia de la creación literaria con gran éxito artístico pero que a menudo estamos viendo como se convierte en un elemento más de la tan traída y llevada desinformación propia de la guerra sin cuartel que se libra hoy en día en las trincheras de la política.Algunos ejemplos se pueden encontrar en la prensa de los últimos días como la noticia que hace referencia a la previsible demolición de algunos chiringuitos de playa que se han puesto en funcionamiento con graves incumplimientos de la normativa que regula el uso del dominio marítimo terrestre o lo que es lo mismo la playa que debe ser de todos y unos cuantos listos privatizan en beneficio propio. Afirmaba el titular de un medio provincial que el Senado había frenado la demolición de chiringuitos en la costa gaditana. Tengo que reconocer que la noticia me sorprendió profundamente por cuanto mi experiencia como senador durante más de cuatro años me había enseñado que la capacidad derogatoria del Senado era inexistente y que sólo determinadas leyes como la de presupuestos podían ser devueltas al Congreso sin más efectos que la demora en su aprobación definitiva, cuestión esta que no era de aplicación en el tema de los chiringuitos. Una vez más quien había manifestado públicamente tan contundente noticia había confundido la realidad con el deseo porque lo aprobado en el Senado había sido una moción que no es sino un ejercicio de voluntarismo político para satisfacer a los incondicionales de turno que normalmente desconocen la tipología y diferentes efectos de los acuerdos parlamentarios.En un nivel más obligadamente elevado del conocimiento de la realidad parlamentaria y la virtualidad de los acuerdos me sorprendía el titular de la columna de un prestigioso y conservador periodista de la prensa regional andaluza que desde su atalaya sevillana pontificaba sobre el fin de Sánchez a tenor de la moción, otra vez una moción que se ha convertido en una especie de derecho al pataleo de la oposición, que habían aprobado la extrema derecha y la derecha extrema con la complicidad de la derecha independentista catalana que para estas cosas deja de ser una especie de demonio para recubrirse de santidad. Titulaba el conocido periodista con un atractivo “jaque mate parlamentario” lo que no era sino un grave episodio de confusión entre la realidad y el deseo con el que pretendía sentar doctrina sobre legitimidades de los gobernantes. Y es que el que no se consuela es porque no quiere.Pero con todo, esta estrategia de confusión entre realidad y deseo tiene un responsable último que la alimenta cada día a golpe de canutazo pretendidamente improvisado y que no es otro que el propio presidente del Partido Popular que comenzó la legislatura afirmando que no era presidente porque no quería, y de aquellos polvos estos lodos en los que hunde sus raíces la estrategia de las derechas española y los mercenarios mediáticos que la sostienen a diario.