Hallan en el asteroide Ryugu las cinco letras genéticas del ADN y el ARN por primera vez

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Las muestras de Ryugu vuelven a tocar una de las preguntas más antiguas de la ciencia: de dónde salieron los ingredientes que hicieron posible la vida en la Tierra. El asteroide no trae una respuesta completa, pero sí una pieza muy potente. En sus granos aparecen las cinco letras genéticas que forman parte del ADN y el ARN.El valor del hallazgo no está solo en la lista de moléculas, sino en el origen de la muestra. Ryugu fue visitado por la sonda japonesa Hayabusa2, que recogió material directamente del asteroide y lo devolvió a la Tierra protegido de la contaminación terrestre. Esa limpieza cambia la lectura científica, porque reduce una duda clásica de los meteoritos que caen por sí solos en nuestro planeta.El resultado no demuestra que hubiera vida en Ryugu. La diferencia es importante. Lo que indica es que los bloques químicos necesarios para construir material genético pueden aparecer en cuerpos pequeños, fríos y primitivos del Sistema Solar. La vida no viaja necesariamente en la roca, pero parte de su vocabulario molecular sí pudo hacerlo.Una muestra casi intacta La pieza publicada por SciTechDaily recoge que el estudio, aparecido en Nature Astronomy el 16 de marzo de 2026, confirma la presencia de adenina, guanina, citosina, timina y uracilo en material de Ryugu. En 2023 ya se había detectado uracilo; ahora el conjunto queda completo. Ese salto conecta con análisis de asteroides que los sitúan como cápsulas químicas del Sistema Solar temprano, con una memoria material muy antigua.Las nucleobases son moléculas nitrogenadas que actúan como letras de la información genética. Adenina, guanina, citosina y timina forman parte del ADN; el ARN sustituye la timina por uracilo. Junto a azúcares y fosfatos, estas piezas dan lugar a nucleótidos. En una investigación de este tipo, cada compuesto se mide con cuidado extremo, porque cantidades minúsculas pueden cambiar la interpretación.Hayabusa2 entregó 5,4 gramos de material prístino en 2020. Parece poco, pero basta para trabajar con técnicas de alta sensibilidad en laboratorios limpios. El caso recuerda a la misión OSIRIS-REx de la NASA, que también encontró un inventario químico muy rico en una roca primitiva. La diferencia está en comparar varias muestras para saber qué compuestos son comunes y cuáles dependen de la historia química de cada cuerpo, una tarea de paciencia extrema.Origen de la química viva La superficie del asteroide según la sonda de la JAXARyugu, Bennu y meteoritos como Murchison u Orgueil proceden de materiales muy antiguos, formados hace unos 4.500 millones de años. Son restos de una época anterior a los planetas tal y como los vemos hoy. Si en ellos aparecen compuestos relacionados con el ADN y el ARN, la hipótesis de una química prebiótica extendida gana terreno, igual que ocurrió con Bennu y con los estudios sobre vida compleja.La comparación entre muestras también muestra diferencias. Algunos meteoritos están más cargados de purinas, mientras otros tienen más pirimidinas. La presencia de amoníaco y las condiciones de agua y temperatura pudieron inclinar la balanza. Ese detalle ayuda a entender por qué los asteroides no son copias entre sí y por qué Ryugu sigue dando pistas cuando cada roca conserva una historia propia sobre la química del origen.La próxima pregunta será cómo pasaron esas moléculas de simples ingredientes a sistemas capaces de copiar información y evolucionar. Para responder hará falta unir astroquímica, geología y biología molecular, desde asteroides hasta herramientas capaces de rastrear información genética a escala masiva. Ryugu no cuenta el final de la historia; ofrece una prueba sólida de origen remoto antes de que la Tierra fuera habitable.