Los expertos instan a no usar luz fuerte por la noche: glaucoma, cataratas y degeneración ocular

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Las ciudades han transformado de forma significativa la forma en que nos exponemos a la luz, especialmente mediante la proliferación de la iluminación artificial nocturna. Aunque ya se conocía la relación entre esta exposición y trastornos como la diabetes de tipo II y los problemas cardiovasculares, un estudio publicado en la revista científica GeoScience apunta a que la luz artificial durante la noche también podría influir en el desarrollo de enfermedades oculares relacionadas con la edad. Los investigadores señalan que el ojo, además de procesar la visión, es el órgano clave para regular nuestros ritmos circadianos, un sistema que parece verse afectado por el exceso de luz en horas tardías.Para llegar a esta conclusión, un equipo de científicos del Hospital General de Shanghái y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Jiao Tong de Shanghái analizó los datos de más de 80.000 adultos registrados en el Biobanco del Reino Unido. Además, los participantes, con edades comprendidas entre los 40 y los 69 años, llevaron durante una semana dispositivos en la muñeca equipados con sensores capaces de registrar la intensidad de la luz en tiempo real. Con esta información, los investigadores dividieron a los participantes en varios grupos según su exposición lumínica promedio entre las 20:00 y las 23:30 de la noche, realizando un seguimiento posterior que se prolongó durante casi 8 años.Los resultados de la investigación y su relación con el riesgo de patologías oculares La fatiga ocular suele ser una molestia temporal que se puede mitigarTras ajustar los resultados por variables como la edad, el sexo, si eran fumadores y el índice de masa corporal, los científicos observaron que las personas expuestas a la luz artificial más intensa durante ese intervalo nocturno presentaban un riesgo mayor de desarrollar patologías oculares en comparación con el grupo de menor exposición. En concreto, el 10 % de los participantes con mayor exposición mostró un incremento del 31 % en el riesgo de degeneración macular asociada a la edad, un aumento del 18 % en la probabilidad de cataratas y un incremento del 47 % en el riesgo de glaucoma primario de ángulo abierto.El estudio define esta iluminación nocturna de alta intensidad a partir de los 1.000 lux, una unidad que mide la cantidad de luz que llega a una superficie. A modo de comparación, la iluminación habitual en los hogares suele oscilar entre los 100 y los 500 lux, mientras que en un supermercado se sitúa entre los 500 y los 650 lux. Los niveles que superan los 1.000 lux suelen encontrarse principalmente en entornos laborales muy específicos, como quirófanos, laboratorios u oficinas donde se llevan a cabo minuciosos análisis de color, aunque también pueden alcanzarse mediante el uso de pantallas con un nivel alto de brillo.Los investigadores asocian el impacto a largo plazo de esta exposición lumínica con la alteración de los ritmos circadianos y no tanto con el daño fotoquímico directo o inmediato en el ojo. El umbral de los 1.000 lux parece ser el punto crítico en el cual la luz nocturna es capaz de retrasar de forma notable el reloj biológico interno, interfiriendo en la producción de melatonina y en otras vías sensibles a la luz. A nivel molecular, la alteración crónica de estos ciclos circadianos puede desencadenar procesos inflamatorios, estrés oxidativo y la disfunción mitocondrial, factores que contribuyen de manera progresiva al envejecimiento celular de los tejidos oculares. ¿Para qué sirve el modo noche en las pantallas? Poca gente sabe que protege algo más que tus ojosAunque el estudio presenta ciertas limitaciones y requiere una mayor investigación para profundizar en estos mecanismos, el descubrimiento de este límite de vulnerabilidad de 1.000 lux ofrece una referencia útil tanto para el diseño de dispositivos tecnológicos y de iluminación como para las recomendaciones de salud. Los expertos indican que, mientras la iluminación en nuestros hogares parece estar en rangos seguros, es aconsejable que las personas expuestas a una iluminación de mayor intensidad durante la noche adopten periodos de recuperación que respeten el ciclo circadiano, reduciendo así los efectos del envejecimiento ocular derivado de las exigencias del entorno.