La poesía rural gana fuerza en un certamen internacional que ha recibido más de 300 obras de 19 países

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El III Concurso Internacional de Poesía Rural ya tiene ganadores. El certamen, que en esta edición ha reunido más de trescientas obras llegadas desde diecinueve países, ha distinguido a Daniel García Florindo en la categoría de adultos por su obra Música de invierno, y a Diego Olano Hevia en la modalidad juvenil por el poemario Donde la tierra aprende a callar.La convocatoria, organizada por Fundación Savia, presidida por Francisco Casero, y Finca Bonilla, consolida así su proyección internacional y su apuesta por una literatura que mira directamente al campo, a sus desafíos y a su memoria. En total, han sido admitidas a concurso 302 obras, de las que 280 han concurrido en la categoría de adultos y 22 en la juvenil.El jurado también ha concedido el Accésit de adultos a Manuel Alejandro del Rosario Urbín por Cuaderno del agua y sus faltas, mientras que el Accésit juvenil ha recaído en Maroua Bensfia Khiyat por Donde el viento dice mi nombre.El fallo destaca la calidad literaria de los trabajos presentados y la variedad de miradas con las que los autores han abordado algunas de las grandes cuestiones del medio rural actual: la despoblación, la memoria colectiva, los oficios tradicionales, la biodiversidad, los ciclos naturales, la sostenibilidad y la relación entre las personas y el territorio.El Premio Felipa Marín de la categoría de adultos ha sido para Música de invierno, una obra que el jurado ha valorado por su solidez literaria y por su mirada sobre el regreso voluntario al mundo rural desde una sensibilidad contemporánea.El poemario no plantea el campo como un refugio idílico ni como una postal amable. Al contrario. Se adentra en las contradicciones de quien decide abandonar la ciudad para buscar una vida más auténtica y se encuentra con una realidad compleja, atravesada por el trabajo, la incertidumbre y el desgaste diario.La voz poética combina cultura, conciencia e ironía ante sus propias expectativas. Desde ahí, el libro construye una reflexión sobre la identidad, el amor, el paso del tiempo y el sentimiento de pertenencia. Entre los versos destacados por el jurado figura este fragmento:"Somos apenas dos damnificadosque retornan al finbajo el vientre clemente y basto de la aldea."El Accésit de adultos, Cuaderno del agua y sus faltas, coloca el agua en el centro de una reflexión sobre la crisis hídrica, la despoblación y la fragilidad de los territorios rurales. Manuel Alejandro del Rosario Urbín convierte el agua en memoria, herencia y advertencia ante una realidad amenazada. Uno de los versos señalados por el jurado dice:"Bajo al pozo como quien baja a un apellido.El brocal tiene la cal mordidapor los años."La mirada joven sobre la tierra, la memoria y el futuroEn la categoría juvenil, Donde la tierra aprende a callar, de Diego Olano Hevia, ha sido reconocida por la madurez de su escritura y por su manera de abordar el arraigo, la identidad y la memoria de los pueblos.La obra se aleja de la inmediatez y apuesta por una poesía de observación, reflexión y diálogo con la herencia recibida. Su voz, serena y contenida, se pregunta qué permanece cuando los pueblos se vacían y el tiempo amenaza con borrar nombres, oficios y formas de vida. Entre los versos destacados aparecen:"Mi abuelo decíaque la tierra no respondea quien no sabe oír."y"Marcharse no es solo irse.Es dejar de nombrar."Por su parte, el Accésit juvenil a Donde el viento dice mi nombre, de Maroua Bensfia Khiyat, reconoce una obra esperanzadora que reivindica el vínculo de las nuevas generaciones con la tierra y con el porvenir de los pueblos. El jurado ha subrayado la delicadeza de sus imágenes y su capacidad para convertir el paisaje rural en un espacio de búsqueda personal e identitaria."Aquí donde la tierra, aunque cansada, aún cree en míy yo empiezo a creer en ella."Con esta tercera edición, el Concurso Internacional de Poesía Rural reafirma su compromiso con una cultura rural contemporánea, capaz de dialogar con los grandes retos del presente sin renunciar a la belleza, la profundidad humana y la exigencia literaria.Los premios se entregarán el 21 de noviembre de 2026 en Torres de Albanchez, en Jaén, durante un fin de semana dedicado a la literatura y la convivencia rural. En esa jornada se presentará además el volumen editado por BichoMalo Libros con las obras galardonadas y se descubrirán nuevas placas en el Bosque de los Poetas de Finca Bonilla.