A Manuel Soto Monje 'Sordera de Jerez', in memoriam: 25 años sin uno de los grandes custodios del cante flamenco de Jerez

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Si como bien dicen "Jerez es una ciudad más madrastra que madre con sus hijos", esa afirmación cobra hoy más sentido que nunca en una fecha en la que se conmemora una efeméride que no debía pasar desapercibida por quienes están al frente de la cultura en la ciudad: el 25 aniversario de la muerte de Manuel Soto Monje Sordera de Jerez.Un artista, flamenco y cabal, que fue nombrado hijo predilecto de la ciudad que lo vio nacer a título póstumo —un año después de su muerte— y cuya trascendencia, tanto en la ciudad como en el Madrid que le abrió sus puertas y el corazón para consagrarlo como uno de los grandes del flamenco, no debería pasar desapercibida.Porque Manuel Soto ‘Sordera de Jerez’ no fue solo un gran cantaor, patriarca de una de las dinastías flamencas más importantes del barrio de Santiago o el primer gitano de Jerez en ser hijo predilecto de la ciudad que lo vio nacer. Fue mucho más. Y siempre será recordado tanto por su cante como por su buen talante, el respeto y el cariño con el que trataba a toda aquella persona que se le acercaba y, sobre todo, por ser la ejemplificación más fidedigna de lo que se podría considerar un jerezano en la diáspora, que tenía abiertas las puertas de su casa —y corazón— a todo aquel que llegara.Portada del disco 'La casa de los Sordera: A un patriarca' editado en 1997 por el sello Flamenco D'Arte.-RedacciónQuien tuvo la suerte de conocerlo y de tratarle, más tarde o más temprano, podrá dar fe de su bonhomía y de su savoir faire, además de su predisposición para dar un consejo, explicar un cante o, incluso, buscar un rincón donde poder dormir mientras "salía algo". De hecho, su hijo Manuel ‘El Bo’ (q.e.p.d.) sonreía cada vez que mencionaba que "lo mismo amanecía durmiendo con Camarón de chico en la misma cama que con mi primo José (Mercé)" o el sonido de "la válvula de la olla exprés en la cocina dando vueltas todo el día porque en mi casa siempre olía a puchero".Y es que hace un cuarto de siglo — que se dice pronto— que se fue para siempre Manuel Soto Monje ‘Sordera de Jerez’. Un flamenco cabal que nació en 27 de octubre de 1927 en la misma ciudad que lo vio partir para la casa del Padre el 24 de junio de 2001. De hecho, para dar patente de corso de su dimensión artística y humana basta con darse una vuelta y dedicar un rato de lectura al libro biográfico cuya autoría firma José María Castaño bajo el titulo Manuel Soto 'Sordera': la elegancia del duende (Signatura ediciones, 2005) y cuyo prólogo realiza José Manuel Caballero Bonald. Busto de Manuel Soto 'Sordera de Jerez' en el barrio de Santiago-Manu GarcíaUn artista considerado como una de las figuras fundamentales del cante flamenco jerezano del siglo XX y cuya trayectoria estuvo estrechamente ligada a la defensa de los estilos más genuinos del cante jerezano y a la construcción de un legado familiar que continúa ocupando un lugar destacado en la historia del arte jondo, hoy en día, con sus hijos Vicente y Enrique y sus nietos Lela y Maloko.Un artista cuyo nombre está asociado para siempre a una de las grandes sagas flamencas del Barrio de Santiago y que se convirtió en el gran patriarca de una familia cuya influencia ha trascendido décadas y fronteras dentro del universo flamenco.Y es que de casta le viene al galgo. Porque 'Sordera de Jerez' procede de una estirpe vinculada a nombres históricos como Paco la Luz, Niño Gloria, La Pompi o La Serrana, quien terminó de consolidar el sobrenombre artístico de "Sordera", una denominación que acabaría identificando a toda una familia y que hoy forma parte inseparable de la memoria flamenca de Jerez.Un referente del cante más auténtico de JerezLa carrera artística de Manuel Soto estuvo marcada por su profundo compromiso con los estilos tradicionales de la escuela jerezana. Los especialistas coinciden en señalarlo como "uno de los máximos exponentes del cante de raíz gitano-andaluza, especialmente en modalidades como la soleá por bulerías, las bulerías y las seguiriyas".Su manera de interpretar se caracterizaba por la naturalidad, el sentido del compás y una gran capacidad expresiva. Estas cualidades le permitieron convertirse en una referencia para generaciones posteriores de artistas, que encontraron en su forma de cantar un modelo de autenticidad y respeto a la tradición.Entre sus mayores aportaciones destaca precisamente su interpretación de la bulería por soleá, considerada por estudiosos y aficionados como "una de las expresiones más representativas de su legado artístico".A lo largo de su trayectoria recibió algunos de los reconocimientos más importantes del flamenco. Además de Hijo Adoptivo a título póstumo de Jerez, figuran la Copa Jerez y el Premio Nacional de Flamenco de la Cátedra de Flamencología de Jerez, distinciones reservadas a artistas que han realizado aportaciones significativas al desarrollo y conservación del arte jondo.La transmisión de un legado artísticoMás allá de los escenarios, Manuel Soto desempeñó una importante labor en la conservación y difusión del cante tradicional. Participó activamente en iniciativas formativas destinadas a transmitir los conocimientos adquiridos a lo largo de toda una vida dedicada al flamenco.En este ámbito destacó especialmente su colaboración con la Peña Flamenca Tío José de Paula, donde impartió cursos y actividades formativas acompañado a la guitarra por Antonio Higuero, acercando a nuevas generaciones los estilos y matices más representativos del cante jerezano.Su papel como transmisor del conocimiento flamenco resultó fundamental para preservar una tradición que históricamente había pasado de generación en generación a través de la transmisión oral y familiar. Tan es así, que llegó a apadrinar de forma totalmente altruista la inauguración del Aula de Flamenco de la Universidad de Cádiz a finales del siglo pasado en las antiguas instalaciones de la Facultad de Derecho en la Avenida Ingeniero Ángel Mayo, acompañado por su inseparable Moraíto Chico.El patriarca de una dinastía irrepetibleSin embargo, uno de los aspectos más sobresalientes de su trayectoria fue el legado artístico que dejó en el seno de su propia familia. Entre sus hijos figuran artistas de la relevancia de Enrique Soto o Vicente Soto Sordera, dos de los cantaores más internacionales del flamenco contemporáneo; José Soto Sorderita, pionero en procesos de renovación y fusión del género; Manuel Soto El Bo, referencia del compás jerezano (q.e.p.d.).La influencia de Manuel Soto también alcanza a generaciones posteriores, entre ellas la cantaora Lela Soto, consolidando una continuidad artística poco frecuente incluso dentro del flamenco, al igual que su otro nieto Maloko Soto en una vertiente más moderna, al igual que su hijo José 'Sorderita'. A ello se suma su estrecha vinculación familiar con José Mercé, sobrino suyo y una de las voces más universales que ha dado el flamenco en las últimas décadas.Dos décadas y media después de su fallecimiento, la figura de Manuel Soto Monje continúa ocupando un lugar esencial en la historia del arte jondo. Su nombre permanece asociado a una forma de entender el flamenco basada en la autenticidad, la tradición y el respeto a los cantes heredados de generaciones anteriores.Y si Jerez mantuviera viva esa memoria más allá de un busto situado en la Plaza de Santiago, hoy no sería un día más en el calendario de la ciudad y se recordaría como se merece a quien no solo destacó por su cante, sino también por haber consolidado una de las dinastías más influyentes del flamenco contemporáneo y por haber contribuido decisivamente a la conservación de una parte fundamental del patrimonio cultural andaluz.Por cierto, hoy se ha presentado la Fiesta de la Bulería en el hall del Teatro Villamarta. No hubiera sido mal detalle dedicársela a Manuel Soto Monje Sordera de Jerez por esta efeméride, al igual que se han recordado aniversarios similares con Lola Flores o La Paquera. Pero ya será tarde.