Dr. Fate de J.M. DeMatteis

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Edición original:Doctor Fate 1-4, Doctor Fate vol. 2, 1-24 y Doctor Fate Annual 1 USAEdición nacional/España: PaniniGuion:J.M. DeMatteisDibujo: Keith Giffen, Shawn McManus, Val Semeiks, Jim Fern, Joe StatonEntintado:Mark McKenna, Dave Hunt, Mark Buckingham, Jeff AlbrechtColor: Lovern Kindzierski, Anthony TollinTraducción:Bárbara AzagraFormato: 776 páginas. A color. Cartoné con solapas.Precio:75 €Todo sobre mi padre«Llámame Kent»Nuestros progenitores son, aparte del motivo de nuestra existencia, una larga y presente influencia en nuestras vidas. Que se lo digan a John Mark DeMatteis (1953, Nueva York), reputado escritor de cómics que ha sabido mudar su pasión por las historias a otros medios. Lo menciono porque la paternidad, principalmente fallida o absorbente, está casi siempre reflejada en sus obras… de las que Dr Fate no es una excepción.El creador de retorcidas obras infantiles bajo la sombra de figuras paternas inquietantes, o de La Última Cacería de Kraven, con aquel tridimensional villano marcado por un padre imposiblemente exigente, fue fruto de un ítalo-cristiano y una ruso-judía en pleno Brooklyn. No puedo, ni quiero imaginarme sin datos, el conflicto que pudiera haber existido en su casa.Algo sabemos, sin embargo, ya que su nombre compuesto era el resultado de uno de esos desacuerdos (y por ello decidió dejarlo en J.M.). También es vox populi que se considera judío (no creo que fuera con el beneplácito de su padre) pero ha aceptado la religión hinduista como guía espiritual (probablemente sin el consentimiento de su madre, fallecida en el 2001, de la que hablaba con gran cariño).Todo esto ha de influir de alguna manera en la obra que nos ocupa, este mastodóntico recopilatorio que incluye la miniserie que realizó sobre Fate en 1987, inédita en España, y la posterior serie de la que se ocupó durante sus primeros 24 números más especial. De ésta última habíamos tenido el intento en 1990 de Zinco entre DC Premiere Núm. 4-6 y Dr. Fate Núm. 1-9, que cubrió los primeros 16 números USA (saltándose el 7).Pero no sólo le influye, si no que, como él mismo admite; “Doctor Fate realmente me dio la oportunidad de expresar mi completa manera de ver el mundo (o al menos la que tenía entre los 80 y los 90) en una sola tremenda historia.” Porque no sólo de paternidad va la cosa, si no que nos cuela religión, reencarnación, extremismo, dualidad, humor, y amor por encima de todas las cosas.Volvamos pues a los orígenes más mundanos de la primera miniserie, antes de perdernos en la grandiosidad (y algo de pomposidad) de la historia. DeMatteis vuelve a DC precisamente después de aquella influyente obra que abarcó los títulos arácnidos de Marvel. Es 1987, tiempos de cambios y relanzamientos en la editorial, y Dick Giordano le ofrece hacer lo propio con el Dr. Fate.Giffen algo morbosoEl buen Doctor es uno de los personajes más antiguos de DC (1940 en More Fun Comics #55) y podríamos decir que el representante místico más importante de su elenco superheroico. Su origen no se había toqueteado mucho salvo una visita de Roy Thomas (1985) que, a su estilo, era absolutamente respetuosa con el canon. Esto es, un joven Kent Nelson visita una antigua tumba egipcia con su padre, que muere para descubrir a un exiliado representante de los Señores del Orden, Nabu, que educa al muchacho en las artes místicas.Sin embargo, nuestro autor no da con la tecla para cambiar dicha historia y repite intentos de reinvención con el director editorial, hasta que éste le pone en manos de Denny O’Neil, que será el editor de la miniserie. Y atentos, que conoce al futuro dibujante de la serie (y compañero guionista de la LJI), Keith Giffen, por primera vez (!) en la reunión con O’Neil y éste y para hablar de Fate.Lo dice él mismo en la interesantísima introducción del tomo (en la que por cierto nombra a Ostrander por error), y aunque las fechas bailan entre cuándo se hacen, cuándo salen y cuándo dicen las portadas de los cómics, podría ser cierto. Porque tiene sentido para el personaje (sale en Legends y al comienzo de la Liga como su primigenia versión y posteriormente desaparece para volver transformado tal como veremos) y para su propia carrera (sucedió a Jerry Conway en la Liga pre-Crisis y se incorporó en la post-Legends con Giffen).El caso es que, en esa comida, además de hacer un amigo para toda la vida, vuelan las ideas que terminan de ser plasmadas por el guionista en cuatro números, que verán la luz entre julio y octubre de 1987 con el nombre de Doctor Fate. Una mini que parece una presentación de personajes para la serie, si no fuera porque entre ambas pasó un año enterito en el que DeMatteis pasó a otros proyectos.Giffen impresionanteBueno, miento, la mini se sostiene por sí sola y es un auténtico revulsivo para el personaje, pero con la perspectiva que da el tiempo si se ven las muchas semillas que el autor deja plantadas para el futuro. En todo caso, lo dicho, un buen zarandeo a uno de los personajes más antiguos y vetustos de la editorial.Empezando por trastocar el maniqueísmo decimonónico entre Orden y Caos, siendo el primero el “bueno” y el segundo el “malo”. Y para muestra, un botón; los Señores del Orden informan a Fate que ha llegado el Kali-Yuga, la cuarta edad del hombre, y, como está predeterminada al triunfo del caos, mejor dejarles a los Señores del Caos acabar rápido y que llegue la siguiente época, de perfecto orden.Por cierto, que ese Kali-Yuga traído por DeMatteis al Universo DC, que tanto juego daría en otras series (especialmente las que tenían que ver con estos Señoros tan extremos o en las que aparecía como villano Kobra, el agente del Caos en la tierra), existe como tal en el hinduismo (tal como recientemente ha aprovechado nuestro querido Ram V) y con el mismo significado, aunque durará unos cuantos cientos de miles de años más.Siguiendo por degradar al portador del molonísimo casco de Fate y su fuente de poder, es decir, cargarse a Kent Nelson y a Nabu. Al primero lo convierte en mera marioneta (y vieja, que de hecho muere de desgaste durante la serie) del segundo, al que nos presenta como un vulgar manipulador. Todo con sus matices, pero había que renovar al personaje y era necesario cortar por lo sano.Giffen portadistaY finalizando por aportar un nuevo elenco (además de eliminar de un plumazo y fuera de viñeta a la mujer de Kent, Inza Cramer); Eric y Linda Strauss como nuevos humanos a cargo, ambos, del manto de Fate, y el Dr. (aquí el doctorado no parece muy complicado de conseguir) Stoner como nuevo enemigo en forma de Fate diabólico gracias al Typhon, Señor del Caos.Cómo no, DeMatteis además aprovecha el origen conocido de Fate para explorar los sentimientos de Kent hacia su padre y explotar la culpa de Nabu en la muerte de éste. La figura de Nabu como mentor queda como decíamos por los suelos, pasando casi de asesino del padre a manipulador y, para colmo, machista, pues nunca dejó a Inza el papel que merecía.Tenemos por tanto la deseada renovación del personaje, tenemos drama y tenemos acción superheroica… sin embargo, la serie deja excesivo trabajo al lector y parece avanzar a trompicones. Los innumerables cuadros de texto de DeMatteis son complicados de seguir, con innecesarios cambios de narrador, y los epatantes giros de guion no son suficientemente explicados.Para colmo Giffen está que se sale… con todo lo que conlleva. El autor está en la apoteosis de su etapa “Muñoz” para lo bueno y para lo malo. En la parte positiva su estilo es minimalista y de narrativa cortante, lo cual pega mucho con la innovación, pero también casa con ese avance tajante y árido que de DeMatteis da a la trama, contribuyendo a la desorientación del lector. En la parte negativa, yo no sé si en homenaje o ya de puro cachondeo, Kent Nelson es la viva imagen de Alack Sinner.Giffen copiónEso no quita su maestría a la hora de presentarnos conceptos abstractos como los Señores del Orden/Caos, la mística inherente o la oscuridad de algunos pasajes. Mención aparte merecen el entintado de Dave Hunt, que entiende perfectamente el estilo del dibujante y potencia el contraste aparentemente simplista de las abundantes masas de negro, y el color de Anthony Tollin, que se marca un back to basics de cuatricromía perfecto para el carácter retro del personaje.Y qué decir de esa nueva “pareja” de protagonistas que comparte apellido, él hijo de un rico pero despreocupado (ya tardaba) padre y ella… ¡su madrastra! La cual admite haberse casado por puro interés y estar secretamente enamorada de su pequeño hijastro. Suma y sigue, Nabu rapta y convierte en adulto de golpe al muchacho, cumpliendo esa fantasía (erótica, no me…) del hijo y la madre putativa (se dice así, no pretendía insultar a nadie).Bromas aparte, el bagaje y calidad de ambos autores y la importancia para el personaje es más que suficiente para elevar la miniserie. Pese a las carencias destacadas, es por otra parte una excelente e innovadora historia de presentación para Fate en el nuevo Universo DC de entonces y, como mencionábamos, contenía semillas que se desarrollarían apropiadamente en la serie regular (incluso la extraña relación de los protagonistas cobrará sentido).Al final de la misma, nos quedamos con un nuevo y original Dr. Fate que surge de la unión de dos personas, Eric y Linda (según parece, siempre debería haber sido así, entre Kent e Inza, pero Nabu no lo permitió), y con un Nabu, rechazado por los Señores del Orden por empeñarse en combatir al Caos, reencarnado en el antiguo cuerpo (muerto) de Kent Nelson y listo para servir de mentor de la pareja.Tras el parón y una vez libre de compromisos, DeMatteis presenta pues el proyecto de la serie mensual, bastante transgresor, a la editorial. La suerte le sonríe y le toca de editora nada menos que Karen Berger, que como todos los admiradores de Vertigo sabemos, es proclive a la experimentación. Con el tiempo sería substituida por Art Young, pero según cuenta el guionista, era igual de abierto.La libertad es tal que de hecho el propio autor comenta; “Aún más increíble, cuando miro atrás, es el hecho de que Doctor Fate no era una serie propiedad del creador, era una propiedad de DC; y sin embargo se me dio la libertad de escribir exactamente lo que quería en el modo que exactamente quería.”Y vaya si lo aprovechó. Entre diciembre de 1988 y enero de 1991 tenemos una larga y generosa etapa que abarca temas grandiosos en todo su esplendor. DeMatteis se mete sin miedos en su propio concepto de gran aventura; “una que encapsula la búsqueda de uno mismo, tanto a nivel personal como cósmico, sin importar si la búsqueda es psicológica o espiritual.” Ahí queda eso.Pero no os asustéis que, si bien el escritor peca de multitemática y grandiosidad excesiva, no lo hace de prepotencia. Esa búsqueda comienza de la manera más humilde, con los personajes preparados de aquella miniserie y algunos más, formando una entrañable familia distópica.McManus a topePor un lado, Eric y Linda Strauss tratando de comprender su nuevo rol como Fate en una unión que está por encima del amor y, sin embargo, por debajo de las expectativas románticas de ambos. Por otro Nabu, que prueba la humanidad de una manera un tanto chabacana (comida rápida y televisión a mansalva).A ellos se une un pequeño y simpático demonio atrapado en nuestra dimensión, Petey, que se convierte en la mascota del grupo. Y un amigo/vecino/paga-fantas de Linda, Jack C. Small, un abogado que servirá de desahogo cómico (especialmente al ser poseído por variadas entidades mágicas), pero que irá cobrando protagonismo e importancia en la trama.También ya en el primer número se suma un secundario recurrente, Joachim Hesse, un torpe practicante de la magia que pondrá en apuros al grupo en más de una ocasión. Y entre la primera y última página del tebeo se nos presenta al que será el adversario de la primera saga, Andrew Bennett, también conocido como Yo… Vampiro.Precisamente fue DeMatteis su creador, allá por 1981, cuando empezó su andadura en los comics y en concreto con DC, donde contribuyó a las series de cómics de horror entre Weird War Tales (donde por cierto también creó a los ahora revividos en la tele Creature Commandos) o House of Mistery.SurrealismooooPero el que realmente debuta, y con nota, en este primer número es Shawn McManus (1958, Brookline), el coprotagonista, prácticamente, de este volumen que reseñamos. El dibujante de Massachusetts, que había comenzado en la revista Heavy Metal, llevaba un tiempo en DC donde había tenido la suerte de trabajar nada menos que con Alan Moore en un par de episodios de La Cosa del Pantano y se había labrado un puesto relativamente estable en los Omega Men.Pero es con el Dr. Fate con el que explota verdaderamente, una serie que sabe aprovechar su abigarramiento, cierta tendencia a la caricatura, la expresividad de rostros y su capacidad de representar figuras y paisajes fantásticos. Cierto que falla en las escenas de acción, pero precisamente no sería una etapa famosa por sus grandes enfrentamientos superheroicos.En poco tiempo se hace con el coral reparto de la serie, haciéndonos olvidar rápidamente las escuetas bases de Giffen en ese sentido. Ahora, al que hace verdaderamente suyo es a Fate, ya sea como hombre, como mujer, como ambos, como entidad, como haga falta. La emotividad que consigue en su casco (uno, recordemos, sin nariz ni boca) es simplemente espectacular y ya, para siempre, propia.Pero volvamos a la saga inicial, donde ya se van a ver ciertos patrones comunes del resto de la etapa. Mezclar un peligro latente del mundo mágico/místico del universo DC con el aprendizaje y desarrollo de los personajes, que dada la tendencia de DeMatteis a la comedia, parece en muchas ocasiones una sitcom (no al nivel de la LJI, por si os lo preguntáis).Y también acaba con otro lugar recurrente, un templo en la India donde reside un poder inconmensurable (capaz de reiniciar el universo) o el dios que está por encima de todas las cosas (según avanza la serie). Este misterio de la creación siempre es representado por una gran sonrisa, en ocasiones se intuye en una simple línea curvada, en otras queda claramente reflejada en rasgos benévolos.De hecho, ni éste ni ninguno de los conflictos que irán surgiendo terminan nunca de resolverse de manera activa, sino que fuerzas sobrenaturales parecen llevar la voz cantante, dejando el poder de Fate como mera trama secundaria. No hay problema en tanto que la intención del guionista es otra, mucho más relacionada con esa búsqueda personal, a través de múltiples vidas, de los protagonistas. Sin embargo, se pierde cierta épica de la que si presumía en un principio.En la serie pasamos por una historia unitaria, que da protagonismo al pequeño demonio con tintes de tragedia Shakesperiana (aquel número 7 que se dejó Zinco por el camino), y entramos en otra saga más ligera y corta. En esta parece de nuevo Joachim Hesse, enfrentado a una deidad bastante simplona, y tenemos de invitado a Deadman.También por la época sale el anual de la colección (septiembre de 1989) que cubre un par de aspectos olvidados que dan empaque a la serie principal. Uno es, cómo no, solucionar la relación materna y paternofilial de Eric, que se ve impelido a perdonar a su malvado y desagradable padre. El otro, mucho más simpático, el camino que tuvo que recorrer Nabu para adaptarse a la vida terrenal.Tras estas interrupciones comienza una de las sagas más importantes de la etapa, la cual enfrenta a Fate con Darkseid. Aunque luego se desmontaría mucho de la épica de ésta por culpa de New Gods Vol 3 #15, que afirmaba que el villano de aquellos números era en realidad DeSaad disfrazado de su amo. Y ya que estamos con detalles, es durante la misma (en el número 10, que Eric está en cama y Linda le substituye) que la nueva Dra. Fate aparece en la LJA y LJE durante el experimento Teasdale.Bromas made in JLIAl final de dicha saga ocurren un par de detalles muy importantes. Uno es la manera en la que Fate vence a Darkseid, por medio de la fuerza absoluta del amor (especialmente doloroso para el nuevo dios). La otra es que Eric muere. Sí, como suena. DeMatteis se atreve a eliminar a uno de sus personajes principales.Ante la falta del muchacho y de Linda, que se ha quedado descompuesta y sin novio, Nabu es el que se transformará en Fate para enfrentarse a un villano clásico, Wotan. Del cual se inventa el guionista el origen, nunca mencionado, haciéndonos ver que al principio de todo era ¡una mujer! (pues un nuevo personaje queer que tendríamos que haber añadido a la lista).El combate acaba en el número siguiente adivinad como, en un templo en la India donde Wotan descubre la sonrisa y se pasa al lado de los ángeles (los poderes de Fate y de toda la Liga de la Justicia, que pasaban por allí invitados, no sirven absolutamente para nada). En ese mismo número, el 15, se dan las gracias a Merwan S. Irani, la figura religiosa hinduista a la que DeMatteis profesa admiración y respeto.Desde aquí, los nueve números que nos quedan estarán dedicados a una enrevesada trama altamente espiritual, en la que se sucederán muertes y reencarnaciones hasta completar el plan maestro del autor. Una vez completada todo encaja y queda cierta satisfacción de ver lo que pretendía el guionista, que consigue recoger toda la maneja desbaratada de tramas en un perfecto ovillo.Sin embargo, durante la misma la confusión es considerable. Se nos presentan nuevos personajes, una familia de clase media sin aparente conexión con nuestros protagonistas, sin más explicación. Linda en carne y Eric en espíritu juegan al desencuentro. Nabu, que se ha pasado media etapa pidiendo que le llamen Kent, a veces parece entenderlo todo y a veces no se entera de nada.El colmo es la vuelta del Dr Stoner, el Fate malvado. No por la idea de traerlo, es un personaje ciertamente tentador y McManus lo retrata aún más terrorífico que Giffen, si es que eso era posible. Lo malo es que DeMatteis nos lo mete en un conflicto, atentos, materno/paterno-filial (que además mezcla con los Señores de Orden y Caos) que alarga hasta lo insufrible volviéndose repetitivo y cansino.Y aún tiene sitio para una trama más, aunque esta mejor llevada y mucho más trascendental para el personaje. Atentos a los que aún no hayan leído el tomo y pretendan hacerlo que viene un spoiler de los gordos. Resulta que Kent Nelson e Inza Crammer no estaban muertos, estaban (tomando cañas) viviendo una vida de sueño en el medallón de Fate.Petey y Jack serán los encargados de ir en su búsqueda, lo que resultará mucho más emotivo que peligroso o difícil, puesto que el matrimonio se habían construido una fantasía que les tienta muchísimo más que la cruda realidad. Al final volverán, como hacen todos los héroes que se precien, y de paso dejarán los juguetes recogidos para el próximo guionista que toque (que sería William Messner-Loebs, todo sea dicho).La saga acabará en nuestro querido templo de la India y con una maravillosa sonrisa, que es la que le dejará a muchos lectores si saben obviar los pecados habituales de DeMatteis.El cual, en el fondo, nos deja mucho potencial para el personaje que futuros autores utilizarían, como el cambio de portador del casco de Fate o el recurso del medallón como refugio fantástico.El cual, en el fondo, nos dice que hay que dejarse llevar por la vida, encontrar nuestro destino… y saber querer y perdonar a nuestros padres y madres.Algunas referencias:Como siempre útil.Repaso sobre otras versiones y el origen de Fate, aunque algo subjetivo.Una buena entrevista a DeMatteis (especialmente jugosa para los amantes de la LJI).Una muy buena crítica de la primera mini.Si quieres un buen análisis de la historia (con spoilers).Lo mejor• La originalidad de la propuesta• Shawn McManusLo peor• Los cuadros de texto• Demasiada mezcla de todo