La importancia del libro y del escribir: una reflexión de León XIV ante autores bestseller de todo el mundo reunidos en el Vaticano

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(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 24.06.2026).- Antes de la audiencia general de los miércoles, el Papa León XIV recibió en audiencia privada a un grupo de escritores en ocasión de los 100 años de la Librería Editorial Vaticana. La audiencia tuvo lugar en una de las salas adyacentes del Aula Pablo VI. Entre los autores de reconocido renombre internacional estaba Jon Fosse, Marilynne Robinson, Elizabeth Strout, Eric-Emmanuel Schmitt, Vittorio Lingiardi, Julia Navarra, Jonathan Safran Foer, Enrico Brizzi, Sorj Chalandon, Colum McCann, Daniele Mencarelli, Susanna Tamaro y Mircea Cãrtãrescu. Ofrecemos a continuación la traducción que ZENIT ha hecho al castellano del discurso del Santo Padre:***¡Buenos días a todos y bienvenidos!Me alegra dar la bienvenida a ustedes, escritores y escritoras venidos de tantas partes del mundo, reunidos en Roma con ocasión del centenario del nacimiento de la Librería Editrice Vaticana, la casa editorial de la Santa Sede, fundada en 1926.Esta circunstancia es propicia para reflexionar sobre la importancia del libro y del escribir, una forma de expresión humana de la que ustedes son, con variedad de estilos y de lenguajes, maestros y modelos.Escribir —del modo en que ustedes lo hacen— es un acto de verdad, de desvelamiento. Escribir dice quiénes somos, aquello en lo que creemos y esperamos, el mundo al que tendemos, el futuro que soñamos. En esta tensión hacia lo verdadero sentimos cómo la verdad es discreta, se nos ofrece en el diálogo interior con Dios y en el diálogo abierto y respetuoso con el prójimo. «La verdad no es un territorio que defender, sino un bien que compartir» (Magnifica humanitas, 25). Nunca somos dueños de la verdad; es ella, más bien, quien nos «conquista». Por eso les deseo que sean capaces de suscitar atracción hacia la verdad, porque ustedes mismos se sienten atraídos por ella.Escribir es, además, un gesto de humanidad. «Soy un ser humano y nada de lo que es humano lo considero ajeno a mí», argumentaba Terencio (El atormentador de sí mismo, I, 1, 25). En la literatura se despliega todo el arco de las experiencias humanas, tanto que el Papa Francisco ha recomendado su valor formativo: «Leyendo un texto literario, nos encontramos en condición de «ver a través de los ojos de los demás» (C. S. Lewis), adquiriendo una amplitud de perspectiva que ensancha nuestra humanidad. Se activa así en nosotros el poder empático de la imaginación, que es vehículo fundamental para esa capacidad de identificación con el punto de vista, la condición, el sentir ajeno, sin la cual no se da solidaridad, participación, compasión, misericordia» (Carta sobre el papel de la literatura en la formación, 34).Al escribir historias y al trazar sus personajes, ustedes se identifican con ellos, captan sus puntos de vista, sus emociones, sus sentimientos, sus actitudes… En esto reside el gran gimnasio de humanidad que ustedes hacen experimentar a los lectores, porque quien lee, en cierto sentido, vive muchas vidas además de la propia. Y esto nos ayuda a descubrir la diversidad de visiones, a no absolutizar la propia y a componer, como en un mosaico, el perfil de esa verdad que siempre nos supera.Por último, escribir tiene que ver con Dios. Puede parecer arriesgado decir esto, pero diversos teólogos han reflexionado y escrito sobre la consonancia entre la forma del escribir y la revelación del Dios bíblico. Es la propia estructura de la Revelación la que nos autoriza a ello: «Para los cristianos —ha escrito el Cardenal Radcliffe— nada de lo que es humano es ajeno a Cristo. Todo intento de abordar las preguntas fundamentales de nuestra vida —cómo amar, ser justos, ser libres, afrontar el sufrimiento y la muerte— nos ayuda a comprender a Cristo, aquel que es el más humano de todos» (T. Radcliffe, Encender la imaginación, Verona, 2021, p. 29).Cuando vamos al fondo de nuestra humanidad, no estamos lejos de Dios: es allí, en medio de historias muy humanas, donde Dios se revela. El Dios de la Biblia se manifiesta en la liberación de la esclavitud, en el nacimiento ya insospechado de un hijo, en el amor misericordioso y fiel. Habla a través de hechos y encuentros, de rostros e historias. «Dios actúa en nuestra vida a través de lo que hacemos y de lo que somos, y a través de las muchas personas que encontramos» (Libres bajo la gracia, Ciudad del Vaticano, 2026, 83).Por eso les repito a ustedes, escritores y escritoras, lo que San Pablo VI dijo a todos los artistas: Los necesitamos, necesitamos su imaginación, su fantasía narrativa, su vivacidad de pensamiento. Los necesitamos para crear espacios de libertad y de autenticidad, dentro de los cuales la gracia divina pueda hacer resonar una promesa de consuelo y de paz. Les agradezco cada vez que han sembrado semillas de reconciliación, de encuentro, de amistad.Por eso los animo en su trabajo e invoco con gusto para ustedes y para sus seres queridos la bendición del Señor. ¡Gracias!Gracias por leer nuestros contenidos. 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