Así funciona el Skyfall, el misil de crucero de propulsión nuclear con el que Rusia amenaza a Occidente

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El Burevestnik, conocido por la OTAN como SSC-X-9 Skyfall, es una de las armas más extrañas y polémicas del arsenal ruso. No es solo un misil de crucero capaz de llevar una cabeza nuclear, sino un sistema que Moscú presenta como propulsado por energía nuclear y con alcance prácticamente ilimitado.La idea en sí suena tan poderosa como inquietante, pues estamos ante un misil que podría volar durante horas, rodear defensas y llegar desde direcciones inesperadas. Pero un nuevo análisis del MIT apunta a que esa promesa tendría un precio muy peligroso, ¿cuál? Pues nada más ni nada menos que dejar material radiactivo a su paso.Un misil pensado para volar muchísimo más que uno convencional La mayoría de los misiles crucero funcionan con combustible convencional (como el Flamingo de Ucrania); eso limita su alcance, aunque también hace que su tecnología sea mucho más conocida y controlable. El Skyfall busca romper esa barrera usando un pequeño reactor nuclear como fuente de energía para mantenerse en vuelo durante mucho más tiempo.Rusia presentó este programa en 2018, dentro de una familia de “superarmas” con las que Vladimir Putin quería demostrar que el país podía esquivar los sistemas antimisiles occidentales. Desde entonces, el Burevestnik ha estado rodeado de secretismo, propaganda y accidentes.El momento clave llegó en octubre de 2025, cuando Moscú aseguró haber realizado una prueba de larga duración sobre el Ártico. Según la versión rusa, el misil voló unas 15 horas y recorrió alrededor de 14.000 kilómetros. Si esa prueba fue realmente exitosa, estaríamos ante uno de los primeros vuelos sostenidos de un aparato propulsado por energía nuclear.¿Cómo funciona su propulsión nuclear?El análisis llevado a cabo por Jake Hecla y Scott Kemp, investigadores del MIT, intenta responder a la gran pregunta: cómo puede volar realmente este misil. Su conclusión es que el Burevestnik sería un misil subsónico, no extremadamente rápido, de unos 9,5 metros de largo y con una envergadura aproximada de 5,6 metros.Según su modelo, lo más probable es que use un sistema de ciclo directo. Dicho de forma sencilla, el aire entra en el misil, pasa por una zona calentada por el reactor nuclear y sale expulsado por detrás para generar empuje. No sería muy distinto en concepto a calentar aire para mover un motor, pero con una diferencia significativa, ¿cuál? Que la fuente de calor es nuclear.Ese diseño tiene una ventaja bien marcada para un misil, pues permite reducir tamaño, peso y complejidad frente a otros sistemas más seguros, pero también mucho más grandes. El problema es que, al pasar el aire cerca del núcleo del reactor, ese flujo puede contaminarse y salir al exterior cargado con partículas radiactivas.Y la realidad es que ahí está la parte más preocupante. El Skyfall no solo sería peligroso por la cabeza nuclear que podría transportar, sino por el propio funcionamiento de su motor. Cuanto más tiempo vuele, más material radiactivo podría liberar en la atmósfera.Un arma que preocupa, pero que no sería invencibleEn teoría, el gran valor militar del Skyfall está en su alcance. Podría despegar desde territorio ruso, permanecer muchas horas en el aire y buscar rutas poco previsibles para intentar rodear defensas aéreas. Eso complica la vigilancia, sobre todo si vuela bajo y cambia de dirección durante el trayecto.Pero eso no lo convierte en un arma perfecta, y es que los expertos indican que no parece especialmente rápido ni invisible. Si se detecta, podría ser interceptado como otros misiles de crucero. Además, su propia estela radiactiva podría hacerlo más fácil de rastrear.Asimismo, hay muchísimas dudas sobre su fiabilidad, ¿por qué? Porque el programa se ha relacionado con varios incidentes, incluido el accidente de 2019 en el mar Blanco, donde murieron científicos rusos y se registró un aumento de radiación. Aunque Moscú no ha explicado todos los detalles, muchos analistas creen que estaba vinculado a pruebas o recuperación de tecnología del Burevestnik.La gran pregunta, entonces, es por qué insistir en un arma tan problemática. Puede que Rusia busque un sistema de disuasión difícil de predecir, pero también podría estar usando el Skyfall como banco de pruebas para futuras tecnologías nucleares en drones, vigilancia o sistemas espaciales.Sea como sea, el misil resume muy pero muy bien la paradoja de ciertas armas modernas: promete alcance casi ilimitado, pero a costa de riesgos enormes. Si funciona como sugiere el MIT, el Skyfall no solo amenaza por dónde puede impactar, sino por todo lo que podría ir dejando en el camino.