El cometa 3I/ATLAS que llegó de otra estrella es tan antiguo que casi nació con el universo

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Una pequeña masa de hielo que atraviesa el Sistema Solar puede conservar recuerdos de una época anterior al nacimiento del Sol. Eso es lo que parece contener 3I/ATLAS, el tercer visitante interestelar identificado por la humanidad y un objeto cuya composición acaba de obligar a los astrónomos a mirar hacia la juventud de la Vía Láctea.Las mediciones del telescopio espacial James Webb muestran proporciones de hidrógeno y carbono distintas a las de los cometas conocidos. El dato más llamativo apunta a una edad de entre 11.000 y 12.000 millones de años. La Tierra tiene unos 4.540 millones de años, de modo que el viajero podría superar con holgura al Sistema Solar.3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 y pasó por el perihelio a finales de octubre de ese año. Su trayectoria hiperbólica demuestra que no está ligado al Sol y que seguirá de largo. Durante esa visita fugaz, los telescopios capturaron una muestra química irrepetible de un sistema planetario que quizá ya ni siquiera exista.Agua fabricada a 243 grados bajo ceroEl equipo dirigido por Martin Cordiner, astrofísico molecular del centro Goddard de la NASA, estudió los isótopos presentes en la envoltura gaseosa del cometa. ScienceAlert recoge una proporción de deuterio frente a hidrógeno del 0,98% en su agua. La cifra multiplica por más de diez los valores medidos en cometas del Sistema Solar.Una abundancia tan alta aparece en modelos donde el hielo se forma por debajo de 30 kelvin, unos 243 grados bajo cero. Eso coloca el nacimiento del objeto muy lejos del calor de su estrella original. El hallazgo llega gracias al mismo observatorio que acaba de revelar otro planeta extraño. Su agua funciona como un termómetro del pasado y conserva las condiciones de aquella región helada.El carbono cuenta otra parte de la historia. La elevada relación entre carbono-12 y carbono-13 sugiere que el material se formó antes de que varias generaciones de estrellas enriquecieran la galaxia con isótopos pesados. Otros cuerpos también guardan agua inesperada, como muestra el hallazgo en un asteroide, pero su interior seguía guardando una firma antiquísima que solo instrumentos como el Webb podían separar.Una cápsula que nunca podremos seguir hasta casaLos cálculos orbitales permiten reconstruir hacia atrás unos diez millones de años, una fracción mínima de la posible edad de 3I/ATLAS. Las perturbaciones gravitatorias acumuladas impiden localizar su estrella de origen. Incluso misiones longevas como la sonda MAVEN muestran lo difícil que es conservar un rastro. La ciencia puede deducir cómo era el lugar donde nació, aunque probablemente nunca sabrá su dirección exacta en la galaxia.El objeto también ha alimentado especulaciones sobre tecnología extraterrestre. Las observaciones respaldan una explicación natural: libera gases, forma coma y desarrolla cola como un cometa, aunque sus proporciones químicas sean extremas. Su despedida ya quedó registrada durante los últimos momentos visibles. Lo extraordinario está en su naturaleza real, no en una nave escondida.3I/ATLAS se aleja a gran velocidad y terminará fuera de la heliosfera alrededor de 2035. Ya quedó atrás la etapa en la que podía observarse con instrumentos de aficionados. Ahora queda el archivo de datos. En esos espectros viaja una historia más antigua que el Sol, capturada durante unos pocos meses antes de volver a perderse entre las estrellas.