La herencia simbólica de Macron culmina con la panteonización del historiador y resistente Marc Bloch

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La última palabra, como ocurre siempre en Francia, pertenece al presidente de la República. Pero también la melodía que acompaña a este tipo de nombramientos durante todo el mandato. La entrada en el Panteón de los grandes personajes que han marcado la historia del país es también una suerte de herencia con la que el jefe del Estado escribe su propia historia. Cada uno tiene su inventario y, el día que sale del Palacio del Elíseo, basta unir esa línea de puntos trazada por los hombres y mujeres a quienes decidió dar cabida en el gran templo laico de las glorias francesas para entender lo que quiso mostrar en cada momento. Seguir leyendo